lunes, 3 de abril de 2017

SANTA MARIA SOPRA MINERVA, OBVIAMENTE


Lazarillo

El templo romano de Minerva, en la Piazza del Comune de Asís, es uno de los que mejor se conservan de Italia. Impresiona admirarlo por primera vez y a luz cenital plena de un día radiante. Construido en el siglo I antes de Cristo, el maestro Giotto dejó constancia de esa fachada en uno de los frescos que se contemplan en la bellísima basílica de la ciudad, objetivo primordial del viaje. Goethe, en su viaje a Italia, elogió la perfección y armonía de ese pórtico, tan firme, tan elevado. Se levantó durante la época de Augusto y quedó a expensas de la lluvia y los vientos de muchos inviernos tras la caída de Roma, hasta que lo restauraron y ocuparon monjes benedictinos en el siglo VI. Siete centurias más tarde pasó a depender del ayuntamiento de la localidad, que lo utilizó como sede administrativa primero y luego como prisión. Al estilo del Panteón de Agripa en Roma, tan deslumbrante por su monumentalidad, la fachada del templo de Minerva en Asís se mantiene en tan buen estado gracias a su transformación en iglesia durante el periodo medieval. El interior fue restaurado y dedicado a la Virgen María por disposición del papa en 1539, antes de su transformación al estilo barroco durante el siglo XVII. Tan airosa fachada la conforman seis columnas estriadas con sus seis magníficos capiteles corintios. El interior del edificio, de un barroco recargado, no llama la atención, más bien decepciona. Que el conjunto se llame Santa Maria sopra Minerva parece obvio. Como también lo es evaluar lo que representa el abrazo a una cualquiera de esa columnas: tenemos entre las manos nada menos que 21 siglos de nuestra civilización a pie de calle, por donde sigue discurriendo la vida. Al hacerlo se siente la necesidad de reconsiderar ese abrazo a una obra humana y sentarse al sol en las escalinatas para recapacitar sobre el valor de esa permanencia, por los siglos de los siglos.

DdA, XIV/3503