miércoles, 26 de abril de 2017

LUIS IRIONDO VIVIÓ Y ESCRIBIÓ LA MASACRE DE GUERNICA

Este hombre, tan lúcido, con el que he compartido el relato del horror que padeció su pueblo se llama Luis Iriondo, tiene 94 años y es el superviviente de más edad del bombardeo de Guernica. Tenía entonces catorce años.
Luis Irirondo: El chico de Guernica
Luis Irirondo: El chico de Guernica
Maite Arnaiz
Periodistas en Español

A veces, la memoria es selectiva y nos ayuda a borrar lo peor de lo vivido; pero no es el caso de Luis: “Eso no se olvida”. Era la mañana del lunes, 26 de abril de 1937, día de mercado, cuando a los guerniqueses les sacudió el toque a rebato de las campanas de la iglesia de Santa María: “Nos pareció raro porque, desde que empezó la guerra, el aviso para ir al refugio era el de las sirenas y los signos de banderas que nos hacían los gudaris desde el monte Kosnoaga”.
Luis estaba en tercero de bachiller cuando estalló la guerra. Era el segundo de los cuatro hijos de un padre socialista, Juan Iriondo y una madre monárquica, Elvira Aurtenetxea. El mayor de los hijos era Rafael, excelente deportista, que pasaría a la historia del fútbol como Rafa Iriondo, componente de la llamada “gloriosa delantera” del Athletic de Bilbao junto a Venancio, Zarra, Panizo y Gainza. Al recordarlo, Luis hace un guiño de picardía aprovechando el parecido físico con su hermano Rafa: “Los chavales me confundían con él y me pedían autógrafos; yo firmaba solamente Iriondo y así no mentía”. Rafa estudiaba Comercio en Bilbao; Patxi tenía nueve años y la pequeña Mari Cruz, de seis.
La guerra civil española privó a muchos niños de la enseñanza primaria; Guernica no fue una excepción. Cerraron el instituto para convertirlo en cuartel y los críos andaban desorientados, sin ninguna ocupación. Elvira, la madre de Luis, no quería que su hijo estuviera ocioso y le buscó una ocupación: “Me metió a trabajar en el Banco de Bilbao, para hacer recados”.
Portada de "El chico de Guernica"
“Ese día iba yo al Banco cuando sonaron las campanas de Santa María y cayeron las primeras bombas; fuimos corriendo al refugio de Pasileku”, (refugio del Paseo). Me cuenta Luis que en el refugio al haber tanta gente se estaban quedando sin oxígeno y les dijeron que se tirasen al suelo para poder respirar mejor. Pero la preocupación de Luis, en su inconsciencia, se centraba en su puesta de largo: “El domingo, víspera del bombardeo, había estrenado mis primeros pantalones largos y el lunes le pedí a mi madre que me los dejase poner, porque era día de mercado. No quería echarme al suelo, porque si se me ensuciaban los pantalones mi madre me iba a castigar: yo no quería volver a ponerme pantalón corto”.
Aquel día, una legión de aviones italianos y alemanes soltaron miles de bombas que pusieron a Guernica, muy a su pesar, en el mapa del mundo por la magnitud del cuadro pintado por Picasso. Según cuenta la historia, inicialmente el objetivo era destruir el puente de Rentería, un punto estratégico, decían los rebeldes, para la marcha de la guerra en el frente norte. Pero no le dieron al puente. En el refugio de Pasileku, el ruido atronador de las bombas les cortaba la oración: “Fueron más más de tres horas; iban, cargaban y volvían. Empezamos a rezar el Señor Mío Jesucristo, pero era tan largo que no podía terminar porque las bombas no me dejaban. Le pregunté al gudari de la puerta que cuando iban a terminar y me dijo: ‘Las cosas empiezan y terminan’.
El gudari no encontró mejor respuesta al horror que sucedía a los ojos de aquel niño de catorce años: “Cuando salí del refugio el pueblo ardía; me fui corriendo y cuando llegué al refugio de Santa María, a la entrada había una hondonada llena de muertos y el gudari no me dejó mirar”. Luis no precisa cuántos muertos había en la hondonada, pero el dato me lo facilita José Ángel Etxaniz, miembro del Grupo de Historia Local Gernikazarra: “El refugio de Santa María se había hecho con tablas sin ninguna consistencia; fallecieron las 45 personas que estaban dentro”.
Encuentro con la madre bajo el resplandor de las bombas, Luis Iriondo, Museo de la Paz
Encuentro con la madre bajo el resplandor de las bombas, Luis Iriondo, Museo de la Paz
Al hablar con Luis Iriondo, advierto en su tono la presencia viva de aquel niño que, como cosas de niños, almacenó en su cabeza el equívoco físico de encontrar atractivas las bombas dañinas que arrasaron Guernica: “Echaron más de cinco mil bombas. Las incendiarias eran pequeñas, y bonitas…, brillantes”. Luis deambulaba por el pueblo mientras su madre le buscaba por todos los rincones: “Me encontró mi madre en un caserío y nos abrazamos”. Ese momento lo ha plasmado Luis en un cuadro que está en el Museo de la Paz de Guernica. Porque Luis Iriondo es un artista, con mucha sensibilidad que, después de 55 años, todavía dirige la escuela de pintura y dibujo Kultur Etxea (Casa de la Cultura) de Guernica: “Ya me voy retirando; tengo muy buenos alumnos y quiero que tomen el relevo”.
Luis Iriondo es un hombre muy activo; ha escrito cuentos, teatro, la zarzuela Amatxu y el guión de la ópera vasca Gernika del maestro Francisco Escudero. Y ha escrito un libro con el título más apropiado: El chico de Guernica, escrito en base a lo vivido. Tiene pasajes entrañables, como el recuerdo a Perico, el burro que tiraba del carro del carbón que repartía Juan, el padre de familia. Está muy bien construido y sirve de referencia a todos los que intentamos saber algo más, sobre el bombardeo de Guernica, que se nos pueda escapar en el contenido de un reportaje, porque a Luis le llaman “de todo el mundo” cuando se va acercando la fecha del 26 de abril: “Sí, ayer vino la televisión italiana; hoy, unos alemanes y mañana vienen unos franceses…”.
No para el hombre. Muy a su pesar se ha convertido en el portavoz de una tragedia que va a ser recordada de por vida, aunque en casa de los Iriondo, apenas se hablaba del bombardeo; había que procurar cerrar la herida: “Nosotros teníamos un negocio de carbón y muebles y lo perdimos todo. Durante años, nunca le había preguntado a mi hermano Rafa, dónde estaba él ese día, hasta que me dijo que se había refugiado en la fábrica de Astra, y se salvó, porque los alemanes no bombardeaban las fábricas para quedarse con ellas”.
Aquí, de nuevo, Etxaniz, como estudioso de lo concerniente a Guernica, ratifica las palabras de Luis Iriondo: “Las dos fábricas más importantes de España, en armamento militar, estaban en Guernica y después de la guerra civil seguían funcionando, a pleno rendimiento, para dispensar material militar a Italia y Alemania; una era Talleres de Guernica que fabricaba, para la aviación, bombas de mano y lanzagranadas y la otra era Astra, que fabricaba pistolas para el ejército”.
La industria de armas siempre ha sido una gran fuente de ingresos para Gernika que crea su controversia entre los vecinos, tal y como lo cuenta Etxaniz que lo vive de cerca al ser vecino de Guernica: “En el año 92, en Guernica se celebró por primera vez una manifestación pacifista y se produjo el enfrentamiento porque la mitad del pueblo vivía de las armas. Lo de que Guernica es la ciudad de la paz, es solamente un eslogan. En el pueblo ha costado mucho incorporar el tema de la paz, sobre todo, porque la gente trabajaba en las fábricas de armas. Hoy en día sigue siendo un eslogan que se activa el día 26 de abril, coincidiendo con el aniversario del bombardeo”.

La herida no termina de cerrarse

Va a ser difícil cerrar la herida, aunque a decir verdad los que más interés tienen en que se cierre son los supervivientes y ya quedan pocos. Cuando se va acercando la fecha del 26 de abril, cualquier pretexto es bueno para que el Gobierno Vasco, PNV, eche dardos envenenados con el fondo del bombardeo de Guernica: a veces la excusa es el Guernica de Picasso y su traslado a Guernica y otras, la más reciente, es que “pidan perdón los españoles”, cómo si ellos, PNV, fuesen mongoles de la mismísima región autónoma de Mongolia. Y claro, ello provoca reacciones, cargadas de razón, como la de Etxaniz, que a vasco no le gana nadie: “¿Que pidan perdón los españoles?, pero, ¿qué perdón tiene que pedir un gobierno democrático”. Pues eso.
Coincidiendo, casi, con la fecha del bombardeo, casualmente, el día 28 de abril de cada año, éste año se cumplen 651, el pueblo conmemora la fundación de la Villa de Guernica por don Tello de Trastámara, un señor feudal que ni era de Guernica ni siquiera vasco. La ceremonia saca a los guerniqueses a la calle para acompañar a la comitiva en la que está presente el Grupo de Historia Local Gernikazarra y su abanderado es, siempre, José Ángel Etxaniz. El árbol de Guernica, en la Casa de Juntas, será testigo del acto protocolario, pero no será el viejo roble, porque los años pasan hasta para los árboles y el actual árbol de Guernica, es un niño de tan sólo dos años.
Pero no me olvido de Luis Iriondo, este hombre entrañable y culto, de asombrosa rapidez mental, que ha dado pie a este reportaje. Luis, que ha sido muy generoso, convirtiéndose, muy a su pesar, en portavoz de lo sucedido aquel 26 de abril de 1937, también está por la labor de que el Guernica de Picasso esté en el pueblo de Guernica: “Porque son nuestros muertos. La excusa es que tiene riesgo de estropearse, pero Picasso dijo que, cuando volviera la república, el cuadro fuese al Prado. Ni la república ha vuelto, ni el cuadro está en el Prado”. En eso, Luis tiene razón.

DdA, XIV/3520