martes, 28 de marzo de 2017

SUSANA DÍAZ Y LA PANTOJA

Fulgencio Argüelles

Parece que una lideresa viene a salvar al socialismo (sic) nacional. La mediocridad es la peste de este país. Nos encharca. Se apodera de nosotros. Ella podría ser un ejemplo más de la mediocridad, no sólo en cuanto a currículo se refiere, sino en lo que toca a su actitud, intrigante y mitinera, y a su discurso, carente de ingenio y conformado por frases previsibles hasta la más infecta mediocridad. Pobreza imaginativa es aprenderse frases de memoria (lo decía Unamuno) y repetirlas con tonillo de catequista (eso lo digo yo). Nunca la derecha mediocre (sus voceros están incluso nerviosos, entusiasmados) ansió tanto la llegada de un/una líder/lideresa de la izquierda. No sé por qué extravagante asociación mental que ciertamente me cascabelea en exceso, tiendo a extraer similitudes entre estos dos personajes públicos. Tal vez el timbre afectado de la voz, las entonaciones rumberas y presuntuosas, el discurso vacío repleto de contenidos tópicos, las frases gastadas, los gestos ensayados, la mirada gomosa. Tal vez la mediocridad. No lo sé, pero me ocurre. Y que conste que salvo las distancias. Sé que no tienen nada que ver, salvo que nacieron en Triana. Que me disculpen seguidores y admiradores. Son figuraciones mías, a buen seguro que sin ningún fundamento. En todo caso, “Viva la Esperanza de Triana”, la Virgen, quiero decir, ya sabéis, la de la Dulce Espera. Y viva también el Betis, aunque pierda.

DdA, XIV/3499