jueves, 6 de octubre de 2016

LOS 9 DEL JOVELLANOS: GENTE DE BIEN, SOCIALMENTE INOCENTE

Fernando de Silva

No estoy en condiciones de expresar mi versión de los hechos sobre lo realmente ocurrido frente al Teatro Jovellanos el 24 de julio de 2014, cuando se llevaba a cabo una protesta pidiendo el boicot a un grupo musical israelí, en protesta por lo que estaba sucediendo en la Franja de Gaza con el pueblo Palestino. Pero sí puedo afirmar, porque conozco a muchos de ellos, que quienes estaban concentrados en el lugar son gente de bien, que de forma desinteresada viene condenando en la calle las injusticias y las desigualdades sociales, por lo que me merecen el máximo respeto.
Por eso verles sentados en el banquillo como si fuesen vulgares delincuentes, al mismo nivel que los corruptos, y sometidos a un juicio que les puede llevar a prisión, me parece injusto socialmente, al margen de que sea formalmente legal, mientras los máximos responsables del genocidio que sufre el pueblo palestino campan por sus foros en plena libertad, e incluso ocupando cargos de relevancia en la política mundial.
Sí recuerdo haber asistido días antes a otra concentración, por los mismos motivos, en los que se manifestaban las mismas personas, los de siempre, los que de verdad creen que el mundo puede cambiar. Estaba en primera fila, y pude observar cómo algunas personas que accedían al Teatro Jovellanos, al sentirse protegidos por un cordón policial que "controlaba" a los manifestantes, con una actitud provocativa proferían insultos y lanzaban cortes de manga contra los allí concentrados. Ante  tal situación me dirigí a un policía y le recordé que ellos también estaban allí para defender mi libertad de expresión; parecía no inmutarse, pero observé en su mirada un gesto de querer entenderme, pero no poder hacer nada; solo obedezco órdenes, pensaría.
Los culpables del enjuiciamiento de "los  9 de Jovellanos", no estaban allí, ni como manifestantes ni como fuerzas de seguridad, y eran los que daban las órdenes desde sus confortables despachos, pagados con dinero público, y su única intención era intimidar a los allí concentrados, en un intento más de poner en práctica la Ley Mordaza. Que cada uno saque sus propias conclusiones, en la confianza de pensar que la justicia esté a la altura de las circunstancias, y dejará indemnes de toda responsabilidad a quienes ahora se sientan en el banquillo de los acusados. Socialmente son inocentes.


 SinLaVenia DdA, XIII/3354