martes, 5 de julio de 2016

GASPAR LLAMAZARES Y "EL COLETAS"

Foto de Naty Pcu.


Félix Población

Siempre he tenido por Gaspar Llamazares un cierto respeto y simpatía. Me ha parecido, a lo largo de su dilatada carrera como parlamentario de Izquierda Unida, un diputado brillante, que trabajaba y documentaba concienzudamente sus discursos y que en la mayoría de las ocasiones atinaba con lo que el electorado de la testimonial y minoritaria izquierda real pensaba. 

Don Gaspar, sin embargo, desde que afloró Podemos, mostró una clara antipatía por el partido morado, al que consideraba desideologizado y oportunista, además de con manifiestas intenciones de devorar a IU. Opiniones como la suya en el seno de la coalición, como la del coordinador Cayo Lara, fueron las que pesaron de manera decisiva para que Izquierda Unida/Unidad Popular desistiera de vincularse con Podemos en las elecciones del 20D, si bien en la formación morada se dieron similares y reprochables resistencias. 

Cuando esa unidad se dio, con vistas a los comicios del 26J, don Gaspar fue de los que manifestó su disconformidad. Ahora ha hecho unas declaraciones al diario El Mundo, a las que no puedo ser ajeno como votante que fui de IU y como votante de Unidos Podemos (UP) en los últimos comicios. La mayor caída de UP el 26J se dio en Asturias, le hace notar el periodista, como responsabilizando a Llamazares de su influencia como diputado regional por IU y del eco que pueden haber tenido sus declaraciones, tanto en aquella región como en el resto del país: "Me sobrevaloran. Yo no tengo poder para movilizar un millón de votantes. Lo que tienen que entender es que hay una parte de nuestro electorado que no traga al Coletas ni son partidarios de su frivolización de la política. Luego se refiere a un estudio de Sánchez Cuenca según el cual en los sitios donde IU tiene más respaldo electoral es donde se han registrado los peores resultados de Unidos Podemos". 

Según don Gaspar, "los votantes han castigado que la izquierda no nos pusiésemos de acuerdo en diciembre y la campaña ha sido un desastre, ha confundido a nuestro electorado. Iglesias empieza siendo el 15M y acaba abrazando a Zapatero. Empieza siendo pacifista y acaba con un candidato de la OTAN. Empieza siendo rojo, rojo y acaba siendo socialdemócrata. La unión ha sido de laboratorio y en química cuando fuerzas una disolución acaba en precipitación. Podríamos haber empezado la confluencia en las europeas para que madurase con el tiempo". Finalmente, concluye Llamazares este párrafo con una frase propia de Pedro Sánchez, que también culpabilizó a Podemos del fracaso de un pacto imposible con el PSOE y Ciudadanos: "Hemos perdido una oportunidad histórica de batir a la derecha y hemos acercado al poder al PP sin que haya hecho su regeneración".

Comparto algunos puntos de vista de don Gaspar y disiento totalmente de otros, pero me disgusta sobremanera el calificativo con el que se refiere al candidato número uno de Unidos Podemos, coalición por la que Llamazares hizo campaña desde Izquierda Unida, pues tal calificativo ("El Coletas") lo comparte con destacados dirigentes del Partido Popular y el periodismo pantuflo de la derecha más ultra. Si a don Gaspar le une con ese tipo de personal la falta de respeto por quien encabezó la coalición por la que participó en sus mítines, algo que me resisto mencionar hace dudar la consistencia y objetivo criterio de algunas al menos de sus razones. 

Antes, cuando la izquierda en España se dividía entre quienes participaban en las urnas y los que se abstenían por su ideología libertaria, los anarquistas cargaban con lo que ahora Llamazares reprocha a Podemos y sin embargo se debe en buena medida a la abstención (en este caso no explícita) de muchos votantes de su Izquierda Unida, aunque la más de don Gaspar sea Izquierda Abierta. Nos han derrotado por dentro, dijo Julio Anguita al conocer los resultados del 26J, y mientras -tal como don Julio apunta en cita que ilustra este artículo-, avanzamos hacia atrás con la derecha al mando, tal como ocurrió en todos los comicios de nuestra historia en los que la izquierda ofició de sectaria. Esta es su más reconocida virtud histórica a ojos de cualquier partido conservador que se precie.

DdA, XIII/3313