domingo, 26 de junio de 2016

URNAS

Antonio Aramayona

Dentro de un rato, voto. Toda una apuesta, un compromiso por que otro mundo es posible, por que la utopía (lo óptimo) es posible y necesario. El Cañaveral viene a grabar el último croar de una rana. Me dice esa rana que se lo toma como un acto de amistoso acompañamiento del concierto monotonal de ese batracio. Nuestros hijos, nuestros nietos quizá no sepan nunca de esas apuestas y esos compromisos de este viejo, pero ante la urna estaré pensando en ellos, principalmente en ellos.
No sé si será mucho pedirles desde su pasado, hoy, que hagan lo mismo con las generaciones que les seguirán. Esa urna adquiere pleno sentido solo en ellos y con ellos y para ellos. Su futuro vive hoy en mí como viven en mí la pasión y la noche cerrada. En sus miradas encuentro la calma tranquila del grito dormido, al igual que reposan mis sueños inquietos en sus vidas por hacer. Ese voto para el Congreso y ese otro para el Senado juegan en la cálida nieve de sus almas en flor y truncan en mi boca toda vana palabra. Sueño hoy que les llega un rescoldo rebelde que pronto quizá se apague, el murmullo de un viento que quiere besar siempre sus caras. Dos papeles en dos sobres. Mi apuesta por ellos, mi aire dispuesto a limpiar sus casas, transmitiendo risas, pintando de sol y de sangre cada mañana que amanezca ante ellos. Ellos rozan ahora los labios del viejo sediento, la furia de cientos de miles de gotas de lluvia mojando mi cara. Por eso y para eso voto hoy.
Por vosotros sigo estando dispuesto a convertirme en piedra, romperme en pedazos, hundirme sin miedo en el barro, seguir la vereda hasta el último paso, hasta donde fuere preciso. A través de esa urna nada ni nadie podrá separarnos, aunque poco o nada sepáis de mí ya. Allí estaré yo, cuidando esa hoguera encendida que ampare del frío la noche que aguarda. Os pido, no sé si es mucho pediros, que sigáis queriéndome, aunque no tenga para vosotros rostro o nombre.

DdA, XIII/3306

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