viernes, 18 de marzo de 2016

ANNA FUSEK: "EL MERCADO DE LA MÚSICA CLÁSICA ES A MENUDO TAN COMERCIAL Y SUPERFICIAL COMO TANTOS OTROS"*



Félix Población

Su último concierto en España tuvo lugar en Madrid el pasado mes de diciembre, con la Akademie für Alte Musik Berlin, y fue transmitido por TVE desde el Palacio Real. También visitó ese mismo año las ciudades de Vic y Burgos. La violinista y flautista Anna Fusek (Praga, 1981) no tiene previsto ningún concierto en España durante 2016. Sí guarda muy buena memoria de su primera actuación en nuestro país, con uno y otro instrumento, en el Teatro del Liceo de Barcelona en noviembre 2009."El Liceu vibra con la magia de la flautista Anna Fusek", tituló el crítico del diario El Periódico de Catalunya, refiriéndose a su intepretación como solista en el Concierto RV 443 en Do mayor para flautín de Vivaldi. Subraya el cronista que dejó boquiabierto al público, tras indicar que Fusek tambien había tocado antes el violín con la orquesta. 
Anna Fusek, que durante el mes de abril hará una gira por Estados Unidos con la Orquesta Barroca de Venecia y obras de Telemann y Vivaldi, ha trabajado con Andrea Marcon, René Jacobs, Christian Curnyn, Michael Sanderling, Richard Dindo, Andreas Dresen, Magdalena Kožená, Sara Mingardo y Reinhold Friedrich. Aparte de intervenir con las orequestas mencionadas, lo ha hecho con la Berliner Philharmoniker, la Rundfunk Sinfonieorchester Berlin, Bremer Philharmoniker, la orquesta barroca Collegium 1704 de Praga, Il Pomo d'Oro, orquesta barroca La Cetra Basilea, la orquesta barroca Elbipolis  de Hamburgo, la Cappella Mediterranea y la Kammerakademie  de Potsdam. 

Anna Fusek no tiene antecedentes musicales en su familia, al menos comprobables: "Las profesiones de mis antepasados son diversas: herreros, doctores, propietarios de bares, modistas. Mis padres son matemáticos, pero hasta donde recuerdo no hay músicos. En mi familia paterna siempre ha existido una leyenda que dice que la cantante Emmy Destinn, quien junto a Enrico Caruso formó pareja de cantantes de ensueño en el Metropolitan Opera a comienzos del siglo XX, podría haber sido mi bisabuela, y que podría ser cierta...".

-¿Fue la suya una vocación precoz? ¿En qué momento o en qué circunstancia intuyó o supo que la música iba a formar parte de su vida profesional y qué sensación recuerda haber vivido al tener consciencia de eso?
Comencé a una edad temprana. Tenía alrededor a mis dos hermanos mayores, que comenzaron a tocar instrumentos; había un pequeño piano en casa y cualquier instrumento musical me fascinaba. Creo que sacaba bastante de quicio a mi familia porque en casa solía hacer mucho ruido con todos los instrumentos musicales sobre los que podía poner las manos. Siempre supe que me encantaba hacer música, sola o con más gente. Siempre fue, y es, una satisfacción hacerlo. Pero también era genial jugar al tenis y pintar. Aún en mis veintitantos, no me veía a mí misma como músico profesional. Sé que la música será en cualquier caso una parte importante de mi vida, pero no estoy segura si siempre será el único campo de mi vida profesional.
¿Cómo discurrieron los primeros años de su aprendizaje y con qué instrumento se iniciaron esos estudios? ¿Qué le hizo estudiar también violín y piano?
Tuve mis primeras lecciones con el violín, a las que siguieron pronto las clases de flauta de pico y piano.
Dicen que en toda carrera musical son importantes los primeros maestros. ¿Qué le aportaron en este sentido Corinna Guzinski en Dortmund y Michael Wessel-Therhorn en Münster y con qué lecciones se quedaría de uno y otro profesor?
Corinna Guzinski fue, con seguridad, una profesora crucial en mi desarrollo. Es una profesora sólida y entregada, que me tomó bajo sus alas, como dice la expresión. Le estoy muy agradecida por introducirme al lenguaje musical, primero con la flauta de pico y más tarde también con el piano. Me llevó con Michael Wessel-Therhorn cuando creyó que ya era momento de avanzar con el piano. Me siento muy afortunada por haber estudiado dos o tres años con él. Aprendí métodos para estudiar y mejoró mi técnica. Pero por encima de todo es un profesor que no me guió por su interpretación favorita de una pieza, sino que fue capaz de inspirarme para desarrollar mi propia interpretación. Aunque, por supuesto, había una gran diferencia de edad y él era un pianista muy experimentado y yo una pequeña niña, nos respetamos mutuamente como personalidades musicales. Creo que es ideal para una relación profesor-estudiante.
¿Qué la impulsó a estudiar también Filosofía y Musicología en la Universidad Humboldt de Berlín y hacer asimismo un curso como actriz en 2009 en la American Academy of Dramatic Arts en Nueva York?
El arte es una parte sustancial de mi vida. Disfruto de la literatura, el cine y las artes visuales, todas contribuyen y son una importante fuente de inspiración. Y para mí la filosofía es de alguna manera otra forma de arte. Desde mi infancia tuve una inclinación fuerte por Nueva York, principalmente debido a las películas de Woody Allen. Y siempre que a lo largo de mi vida he podido actuar, me ha encantado, así que fui muy afortunada al poder combinar estos dos sueños en el verano de 2009.
-¿Por qué se da con bastante frecuencia un cierto divismo o endiosamiento en los virtuosos de la música, un arte tan llamado a mover sentimientos y hondas emociones?
¿Sugieres que una persona que tiene el privilegio de ganar dinero haciendo algo enriquecedor, excitante, desafiante y socialmente interesante (si tocas con más personas) se supone que es [una persona] difícil y odiosa? Sí, a veces al interpretar en un escenario estás bajo presión y cansado de las condiciones de una dura gira, pero el estrés y el agotamiento físico son sin duda parte de otras muchas profesiones también.
En su opinión, ¿qué aspectos de la sensibilidad y cultura humanística aporta la música que no aportan otras artes y cuál es el papel de música culta en una sociedad cada vez más mediatizada por el consumo y el poder del dinero?
La música puede “abrir el corazón”. Creo que de la música podemos obtener fortaleza, paz, inspiración, profundidad emocional e intelectual y placer, y por encima de todo una noción de gracia, en un sentido ajeno a la significación religiosa. Recuerdo haber tenido una fantasía siendo niña en la que los parlamentos, cortes judiciales, etcétera, estaban bañadas en una música de belleza eterna, como la mayor parte de las obras de Bach. Pensaba que todas decisiones allí tomadas y las soluciones encontradas serían más humanas y justas. Hablo, por supuestos,  de la música considerada como tal en sí misma. Desafortunadamente, el mercado de la música clásica es muy a menudo tan comercial y superficial como tantos otros negocios.
¿Me podría decir qué conciertos han sido los más significativos a lo largo de su carrera, con qué compositores y por qué? ¿Cuáles son sus músicos y obras preferidos?
Una experiencia muy particular y especial fue la parte de Amor en una coproducción del Thater Basel y la Frankfurter Oper de la ópera La Calisto, de Cavalli. Ser capaz de combinar la interpretación musical con la actuación fue enormemente divertido. ¡En los últimos meses he pensado que necesito buscar más ocasiones de hacerlo de nuevo! Me atrae particularmente la música del barroco temprano y tardío italiano (¡y Bach, por supuesto!). No podría decir si la gran admiración que tengo hacia Mozart, Beethoven, Schumann, Schubert o Mendelssohn-Bartholdy se debe a mi socialización en Alemania. Llevo el corazón especialmente el período transicional entre los estilos clásico y romántico.
¿Cuál es su calendario de conciertos para este año? ¿Tiene previsto visitar España de nuevo como en 2015? ¿Qué le parece el público español?
En diciembre de 2015 toqué en Madrid, Vic y Burgos. En Madrid tuvimos la ocasión de hacerlo en el Palacio Real. La vista desde la terraza es impresionante. Por desgracia, en los próximos meses no tengo previsto ningún concierto en España. En mi primera ocasión de gira con un concierto para flauta de pico sola (creo que fue en 2009), el segundo concierto fue en el Teatre del Liceu en Barcelona. Recuerdo estar nerviosa y un poco ansiosa, y tras haber tocado estuve realmente agradecida por la cálida y generosa reacción del público.
A nivel práctico, y como consejo a estudiantes con diversas inquietudes e intereses, ¿cómo ha logrado compaginar y encontrar tiempo para profundizar en tantas disciplinas y estudios como ha hecho?
La historia de mi vida no es el típico ejemplo de carrera musical. En ocasiones siento como si eso fuera un defecto por mi parte. Pero a veces estoy simplemente contenta de poder experimentar y hacer tantas cosas. Creo que al fin y al cabo deberíamos intentar hacer lo correcto y satisfactorio para nosotros. No doy clase, pero si tuviera que dar un consejo a estudiantes les diría lo mismo que me digo a mi misma: sé honesta contigo misma y con tus ideas y sueños, y ten el coraje de perseguirlos. Creo que si comenzamos  a satisfacer principalmente reglas creadas por el mercado, y a acatar plantillas estandarizadas de qué se supone que es un músico, la maravillosa naturaleza del arte se pierde.

*Entrevista publicada también en Doce Notas, revista de música clásica y danza.

AUDICIÓN
Concert live recording, 17.10.2011, Zlín, Congress Centre
with the baroque orchestra Collegium 1704 under the direction of Andrea Marcon
Concert live recording, 31.10.2012, Berlin, Philharmonie
with the Berliner Philharmoniker.

http://www.annafusek.com/samples_e.html



Música y espiritualidad
Oriol Pi de Cabanyes, La Vanguardia, 14 Mar 2016

Prolífico compositor de gran dominio técnico, Josep Soler es también un ensayista notable, que ha especulado mucho sobre el hecho creativo y el arte musical. Ahora sus artículos de reflexión en Serra d’Or de hace cincuenta años, cuando él estaba formándose con el maestro Taltabull, se han reunido con el título de Música i espiritualitat, con prólogo y edición del filósofo y musicólogo Joan Cuscó i Clarasó.
Tanto en sus escritos como en sus composiciones musicales, Soler ha perseguido con gran rigor la expresión de la idea de una unidad superior que trasciende los límites de nuestra percepción del espacio-tiempo. Es la vieja aspiración, también casi mística, que hacía decir a Borges: “Nosotros, la indivisa divinidad que opera en nosotros que hemos soñado el mundo”. Y es también, ¡ay!, la vieja frustración del Moisés de Schönberg cuando, sabiéndose ante lo inefable, no puede sino exclamar: “¡Oh, la Palabra, la Palabra, la Palabra de que estoy falto!”.
Josep Soler (1935), músico heredero de la Segunda Escuela de Viena, se considera humildemente un “copista”, un “escriba”, como él dice, que escribe al dictado. Creyendo en la función moral y social de la música, espiritual sin iglesia, servidor del arte que “es inmutable e idéntico a sí mismo”, Soler viene a decir que lo más importante de todo artista –que es también siempre un intérprete– es que llegue a transmitir el alma del mundo.
Hoy esta concepción digamos mesiánica del papel del artista está en franco descrédito. Con las vanguardias se produjeron todas las rupturas artísticas del siglo
Soler ha perseguido la idea de una unidad superior que trasciende nuestra percepción del espacio-tiempo
XX (empezando por la de las artes plásticas, que hoy todavía tiene, si no preponderancia en el gusto de la mayoría, una altísima cotización en el mercado). También la de la música iniciada por Schönberg, que es la tradición en que se sitúa Josep Soler. “Atonal”, “dodecafónica”, “serial”... ¿qué quedará de esta música “diferente”, a veces tan indigerible, que hemos tendido a considerar (ignorando la música de película, apreciada por audiencias mucho más amplias) la música “contemporánea” por excelencia?
Soler, que tiene tanto de existencialista, es pesimista. Considera al compositor (de música clásica, precisemos) una especie en extinción. Pero su obra, extensísima, hace de él un creador a tener en cuenta, imprescindible para comprender la evolución de la música contemporánea en este país.
Soler ha dedicado toda su vida a la música, este gran misterio que encuentra su armonía en un mundo ideal, más allá de las oscuras estrecheces de la existencia. Siempre efímero intervalo entre silencios (un silencio de partida y un silencio de llegada), la música es tal vez la más pura expresión de la creatividad de los humanos. Expresar con sonidos articulados el silencio para retornar con sonidos articulados al silencio (ahora ya lleno de sentido, habiendo sido fecundado por la creación) ha sido, es y será la más sublime, la más excelsa, de las utopías humanas.

 
DdA, XII/3242