jueves, 24 de diciembre de 2015

EL PSOE TIENE EN SUS MANOS QUÉ VA A PASAR

  El PSOE reproduce la tensión izquierda/derecha, la tensión poder/transformación, la tensión centro/periferia, la tensión norte/sur y la tensión 1978/2016.

Miguel Pasquau

Sigamos mareando la perdiz: cuando la perdiz está mareada, lo mejor es seguir dándole vueltas para que se estabilice. Y prometo que en los próximos días no escribiré de política. Pido disculpas por mi incontinencia, pero es que, como tantos españoles, no me resisto a pensar dónde estamos.
No había visto claro hasta hoy, con motivo de una conversación, algo importante: que todas las opciones de Gobierno y de orientación de la Legislatura, pasan por los 90 escaños del PSOE, que ciertamente ocupa una posición de centralidad parlamentaria. Sin el PSOE no hay coaliciones posibles. Con el "no" del PSOE nadie puede formar gobierno. Es imposible. Con su "sí", sin embargo, son perfectamente posibles dos posibilidades: o bien un pacto con el PP (acompañado o no de C's) o bien un pacto con Podemos (acompañado o no por ERC, PNV y DL). Tertium non datur. Por tanto, como primera conclusión, es el PSOE el que tiene que decidir si hay Legislatura o si hay elecciones en primavera.
Tiene, pues, el PSOE, el privilegio de decidir, pero su decisión es muy difícil. Tremendamente complicada. Y lo es, entre otras cosas, por una razón sobre la que no se ha reflexionado lo suficiente: porque el PSOE tiene dos almas que, en situaciones límite, no sé si podrían entenderse. Una es el alma del poder (que ha ostentado mucho tiempo, y que conserva en el sur de España). La otra es la izquierda, o al menos la que sería capaz de entenderse con su izquierda no como muletilla para el poder, sino para provocar transformaciones más democráticas y sociales que hoy día se presentan como "difíciles" por el contexto económico y europeo, que presiona en sentido contrario y que tiene muchos instrumentos para intensificar la presión. La primera alma se siente confortable en un discurso conservador del marco actual, porque acopia poder en Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha. La segunda está fuera del poder y necesita hacerse visible en una dinámica de cambio de verdad: o consigue esa visibilidad, o seguirá desapareciendo en Madrid, en Cataluña, en Valencia, en Euskadi, en Galicia, en Baleares, en Canarias, y pronto en Aragón y Asturias.
Esta divergencia de espíritus dentro del PSOE es, probablemente, el quicio sobre el que se abrirán o se cerrarán puertas en esta Legislatura, y esta vez me parece difícil que haya aliño suficiente como para disimularla.

Una de las resultantes de las elecciones del 20-D (no la única) es un perfil de socialista escorado a la izquierda, proclive a transformaciones "grandes" de carácter constitucional  (algo más que pinceladas federalistas y retórica social)  y (conjunción copulativa) capaz de entender el carácter plurinacional de España y sus consecuencias. Ese perfil, muy atractivo para buena parte de la ciudadanía, podría concitar una mayoría absoluta de diputados correlativa a una mayoría de votos populares (sólo hace falta contar). Yo no sé si entre los diputados socialistas electos hay alguno que reúna con claridad ese perfil, aunque sí sé que es un perfil identificable en personas con autoridad moral que no están en el Parlamento (condición no indispensable, conforme a la Constitución, para ser presidente del Gobierno). Es muy probable que personas así obtuvieran el apoyo de Podemos y ERC, y no es descartable que también del PNV. La duda es, paradójicamente, si lograría el apoyo del...PSOE. O mejor, de la otra alma del PSOE, más proclive a un entendimiento disimulado con PP y C's. alrededor de la unidad de España, la estabilidad económica y algunas reformas institucionales de las que propone C's, aunque enfatizando diferencias en "lo social", que reservaría para su labor de oposición o para la obtención de contrapartidas por su apoyo a un Gobierno popular.
El PSOE tiene que tomar decisiones. Lo tentador para él sería proponerse como "resultante global", con sus dos almas, y convertirse en la bisagra entre la derecha y la izquierda, entre el centralismo y la plurinacionalidad, entre la conservación del modelo institucional del 78 y su transformación profunda sin avanzar un programa de Legislatura con contenidos, pero es muy probable que, sin compromisos concretos,  esa propuesta no reuniese más que a los 90 diputados del PSOE, porque las líneas rojas (o al menos granates) de C's y Podemos son incompatibles en algunos asuntos capitales (en otros no).
Si a esto añadimos que, como lista más votada, el PP no admitirá ningún Gobierno que no presida, es claro que quien tiene la decisión es el PSOE: dejar gobernar al PP, gobernar con Podemos o elecciones generales.
Yo ya lo he entendido. El problema que tenemos es que casi todas las legítimas divisiones políticas que tenemos los españoles son, también, problemas internos del PSOE. El PSOE reproduce la tensión izquierda/derecha, la tensión poder/transformación, la tensión centro/periferia, la tensión norte/sur y la tensión 1978/2016. Es, pues, un problema de definición del PSOE. Si es capaz de decidirse, habrá Legislatura. Si no, habrá elecciones.
Quedamos a la espera.
 
DdA, XII/3166