domingo, 27 de diciembre de 2015

ASTURIAS ARDE: INCAPACES DE PRESERVAR LO QUE HEMOS RECIBIDO

Un hombre observa el rastro de la destrucción provocada por el fuego en La Caridad.  
«Huye de mí, caliente voz de hielo, / no me quieras perder en la maleza / donde sin fruto gime carne y cielo. / Deja el duro marfil de mi cabeza, / ¡apiádate de mí, rompe mi duelo! / ¡que soy amor, que soy naturaleza!» (Lorca).

Luis Arias

Más allá de la casi segura intencionalidad de los incendios que arrasaron Asturias en la madrugada anterior a la cita electoral, lo que pone de relieve la catástrofe que se sufrió en lo que venimos llamando nuestras alas es la decadencia y el abandono de unas comarcas cada vez más despobladas que llevan camino de ser devoradas por la maleza, maleza que, de un lado, es pura yesca ante las chispas, y que, por otra parte, amenaza con sepultar todos los vestigios de vida que se van desmoronando, desde hórreos y casas, hasta los cierres de las fincas. No es que habite el olvido, es que la destrucción se adueña de todo.
Mucho peor que incendios: la yesca que producen el abandono y la despoblación. Mucho más que incendios: el paisaje de una decadencia que no cesa y que lleva camino de convertir Asturias en un matorral, lo que, a su vez, es una causa de primer orden, para convertir nuestros bosques en ceniza.
¿Es que nadie recuerda el trágico episodio que supuso el incendio en el Valledor? ¿Es que nadie fue capaz desde entonces de ver que aquello significaba también un aviso a caminantes acerca de los peligros que acarrea una creciente geografía del abandono?
Mucho peor que incendios. ¿Nada que decir oficialmente a las continuas protestas de los bomberos ante el Parlamento autonómico? ¿Nada que decir, más allá de los tópicos de turno, ante la muerte de una persona que lo arriesgó todo para apagar un horrible incendio con un acceso endemoniado? ¿Nada que decir acerca de las medidas que el Gobiernín se comprometió a tomar contra la despoblación?  ¿O aquello no pasó de ser, como acostumbran, una mera declaración de intenciones para salir del paso?
Mucho peor que incendios. No puedo dejar de preguntarme por el pensar y el sentir de tantas y tantas personas que fueron a votar tras largas y agónicas horas de contemplación de unas llamas que amenazaban con destruirlo todo. No puedo dejar de preguntarme por la angustia que se silenció oficialmente mediante el runrún de todo un día con noticias electorales.
“Entre tanta polvareda, perdimos a don Beltrán”, rezaba un antiguo poema. Pues bien, entre tanta decadencia, de la que no se sabe bien si hay verdadera voluntad política de combatir, el fuego destructor, el sufrimiento, la angustia, el pánico, el horror. Y todo ello no es sólo atribuible a los desaprensivos que provocaron los incendios, que se comportaron como auténticos enemigos públicos, sino también a la decadencia, al abandono, a una despoblación que no cesa como consecuencia de una falta de respuesta política a los problemas que padece el mundo rural, que pide a gritos, dicho sea de paso, una reconversión  política.
Mucho peor que incendios. ¿Por qué no somos capaces en Asturias, al menos, de preservar lo que hemos recibido?
Por favor, no más lamentos, no más discursos lánguidos, no más incompetencias. Por favor, en lo que les toca, cuiden lo nuestro. O váyanse a casa ya.

El Comercio  DdA, XII/3169