martes, 11 de agosto de 2015

UN SELFIE DE CANSANCIO, HARTAZGO, REPUGNANCIA Y DEMÁS

Jaime Poncela

Me aburren los obreros de derechas, las feministas armadas todo el tiempo con tijeras de capar, los homófobos fascistoides y todos los demás. Me hartan los hinchas futboleros descerebrados, los borrachos faltones, los que se pasan de listos con los borrachos, los tenores de chigre que imparten lecciones de cualquier cosa, los que tratan de robarte el periódico en los bares, los que van de chanclas con las uñas llenas de mierda, los que emplean constantemente el verbo “releer” aunque no hayan leído nada, los tipos que nunca se duchan, los que usan las redes sociales sin foto y con nombres falsos para insultar a saco, los matrimonios que se llaman “papi” y “mami”, esos machistas babosos y cansinos, la progresía de Marx en la estantería y segunda residencia en el campo. Me cansan los que siempre viven mejor estando en contra de algo, los que reparten certificados de moralidad, progresía o buenas costumbres.
Me jode que se hayan muerto Javier Krahe, Miguelito Arrieta, mi padre o mi hermana habiendo por ahí tanta basura con patas, viva, robando y masacrando, que se escapa de la estadística, de Dios, de la muerte o de la suerte. Me hartan los que desprecian cuando desconocen y me agota la razón de Estado, y el estado de la cuestión, y que los periodistas solo sepan conjugar el verbo “arrancar” para indicar que cualquier cosa va a empezar, comenzar, iniciarse, principiar, ponerse en marcha… qué se yo, mira que hay verbos. Y cómo me repunan (sin g) las tertulias televisivas con pretensiones de seriedad, la dictadura de los cocineros, la de los dietistas, la de los y las chonis de Telecinco, que la información sobre el tiempo que hará se haya convertido en una ciencia exacta y que le precio de las gasolina no baje nunca.
Me cansa tu cara de acelga, mi bilis enlatada, el futuro escaso, el pasado inútil, el presente aburrido, la seguridad aplastante de que no hay nada seguro, despertar cada mañana con la misma ansiedad, irme a la cama con la misma borrachera. Me cansa sospechar siempre de todo, acertar casi siempre, que en la misma semana se me estropeen el páncreas, el calentador y los amigos. Me ahoga que el amor sea escaso, inalcanzable y deslizante. Me revienta que el kilo de alegría no esté de oferta en la Feria de Muestras.
Y me cansa, sobre todo, la certeza de que nada va a mejorar por mucho que yo me haga un selfie como este y trate de buscar en el fondo del paisaje que se ve a mis espaldas algún motivo para querer hacerme el siguiente.

Artículos de Saldo  DdA, XII/3050