viernes, 21 de agosto de 2015

LAS VACACIONES DE CARMENA Y EL JUEGO SUCIO QUE MOMIFICA LA POLÍTICA Y EL PERIODISMO

Temo a la demagogia de izquierdas, pero me asquea la de los íntegros de extremo centro decididos a hocicar el hígado de una profesional sin tacha. Algunos parece que están en un fotograma de Los santos inocentes, del lado del señorito Iván. 

Lazarillo

Confieso mi prejuicio, pero dada la impronta dejada por su fundador y primer director Pedro J Ramírez antes incluso de que escribiera una de las más nefastas páginas del periodismo español (la conspiranoia del 11 de marzo de 2004), no suelo leer casi nunca el diario El Mundo, a no ser que mi estimado colega y compañero de andanzas reporteras Javier Villán firme algún artículo que me interese. También en ocasiones leo los comentarios políticos de mi no menos apreciada Lucía Méndez, que hace bastantes años se inició en el periodismo cuando este Lazarillo dirigió un periódico provincial. "El Mundo"  tiene desde hace meses un nuevo director y, a lo que parece, se pueden encontrar en sus páginas artículos tan brillantes como el que ayer suscribió Antonio Lucas a propósito de las vacaciones de la alcaldesa de Madrid, Manuel Carmena. Creo, no obstante, que el titular no es lo suficientemente indicativo para reflejar el calado de lo que se expone, por eso me he permitido sustituir Los rojos veranean por otro que no siendo tan conciso creo que se atiene mejor a la agudeza en el análisis de su autor:


El mal de Manuela Carmena en Zahara de los Atunes es no haberse quedado quieta en la parcela de un camping, mirando el mar por los anuncios. Los policías de la conducta ajena reprochan a la alcaldesa de Madrid el veraneo en casa compartida con otros tantos. A unos 650 euros por barba. Sin escolta. Sin coche oficial. Sin privilegios. O sea: el delito es permitirse las vacaciones. No mostrarse como un campesino sin tierra. Sonreír. Incluso disfrutar.
El alud de desafectos que genera esta mujer es grandioso. Ahora su falta ha sido descansar con cargo a su sueldo o sus ahorros (da igual). No dar ejemplo. No parecer una obrera, coño. El rojo chitón (que dicen los horteras) y si quiere veranear a lo señorito que se quite de rojo. Es acojonante la catástrofe de algunas mentes. En cuanto un hombre o una mujer de izquierdas se sale de la dieta de los altramuces recibe una descarga de moralidad para afearle la conducta, el compromiso, la coherencia y hasta la educación. No falla.
El PSOE y el PP han sido (por aclarar está que no lo sigan siendo) una covacha de salteadores, matones del dinero, imputados, corruptos, faltones, golfos, alegres putañeros con tarjeta del partido. Nadie ha dado jamás las cuentas claras de su gente. Lo que sabemos es que muchos han pufado hasta en el Congreso, restándose patrimonio o sumándose dietas. Viajando a Bruselas en primera, por sus huevos. Tirando de coche oficial para comprar un Yatekomo en el Alcampo. Y ahí siguen. Pero lo decente en este caso, limpia la hoja de servicios, es además ejercer de desclasado aunque hayas sido juez 40 años.
Temo a la demagogia de izquierdas, pero me asquea la de los íntegros de centro (de extremo centro) decididos a hocicar el hígado de una profesional sin tacha (de momento) acusando de clamorosa una conducta normal. Algunos parece que están en un fotograma de Los santos inocentes, del lado del señorito Iván.
Ese fundamentalismo es el que no soporta que la pobreza no sea compartida en cuerpo y alma por algunos rojos con poder. El ciudadano de izquierdas está obligado por vocación y por destino a confundir coherencia con falta de ambición. Y vivir del cartonaje. Y comer de lata. Pero nadie le exige a un cirujano plástico que se aumente él antes las tetas para ser fiable en el compromiso con su clienta y con su negocio.
Carmena se explicó con naturalidad y parece que no da más de sí la cosa. Ya ves tú. La transparencia no es demostrar que uno es honesto, sino evitar que pueda no parecerlo. Ese retrato de la alcaldesa de Madrid como una princesa excesiva resulta grotesco. Forma parte del juego sucio de una forma de hacer política/periodismo que momifica mucho los dos oficios. Sobre todo porque parece que todo es mentira. Y así nos va.

DdA, XII/3060