jueves, 27 de agosto de 2015

EL "SUICIDIO" DE LA MUJER DE NERVA: ESTO NO SE PUEDE CONSENTIR

Lidia Falcón

Los forenses han dictaminado que la mujer cuyo cadáver se encontró calcinado en un container de Nerva (Huelva) hace unos días se había suicidado. De las monstruosidades que estoy acostumbrada a oír respecto a los asesinatos, violaciones y palizas de las mujeres, debo confesar que no contaba con esta.
El cadáver, chamuscado por haber sido quemado, estaba tirado dentro de un container en un lugar muy cerca de la Feria que se estaba celebrando en el pueblo. Hay que imaginar, por tanto, cómo la desgraciada víctima se fue hasta ese lugar, se metió en el contenedor de basura, se prendió con gasolina y se quedó allí, quietecita, hasta morir, ya que resulta más increíble que se suicidara de alguna otra manera y después se introdujera en él para quemarse. Ni un grito ni una luz de las llamaradas, que debieron arder durante muchos minutos –una persona tiene una masa corporal mucho mayor que un perro o un montón de maderas–, que alertara a los asistentes a la fiesta, no muy lejos de allí. No se sabe si la víctima dejó una nota explicando su heroica acción, porque ni siquiera sabemos quién es la víctima.
Lo que sí sabemos, pronto lo descubrieron los forenses, es que era negra. ¿Qué más necesitamos para olvidarnos de ella a los dos días de hallar sus restos? Probablemente puede haber sido prostituida, y probablemente también asesinada por el prostituidor, el macarra, el chulo o el proxeneta, que en estos momentos estará muy contento de la eficacia del servicio forense de Nerva.
Forenses que cumplen su tarea como aquellos que me tomaban la tensión en la Dirección General de Seguridad y le decían a los torturadores: “Déjenla descansar”. Forenses a los que no se les preguntará por las compensaciones económicas que deben recibir de la mafia de la prostitución que ejerce impunemente en Andalucía. Forenses que si se equivocan no tienen ninguna responsabilidad, ya que ninguna legislación española se lo exige, como sucedió con la que dictaminó que los restos de los niños José y Arantxa Cortés, asesinados por su padre, eran de animales. Pero en este caso los niños tenían madre y abuelos que recurrieron al experto forense Francisco Etxebarría, y toda una sociedad estremecida que exigió conocer la verdad. Los niños eran hijos de una madre andaluza, blanca, instalada en el pueblo, y conocidos y amados por numerosos vecinos, amigos y familiares. La anónima muerta de Nerva no debe de tener familia, puesto que no tiene ni nombre, ni amigas ni amigos ni abogada defensora. Es solamente unos restos calcinados dentro de un container en un pueblo de la provincia de Huelva. ¿Quién va a preocuparse por ella?
La Guardia Civil dice que interrumpe la investigación porque se suicidó. Es decir, que nunca conoceremos su nombre, y sus padres, familiares y amigos jamás sabrán que escogió para pira funeraria, túmulo y nicho un cajón de metal para basuras en un descampado de la feria de Nerva. La Guardia Civil, que ha perseguido con eficacia asesinos de toda laya, corruptos varios de las mejores familias, narcotraficantes, terroristas, en complejísimas tramas que han tenido que investigar años enteros, ahora ha decidido abandonar las pesquisas para averiguar, al menos, quién era la dueña de aquellos pobres restos quemados, doblados en el fondo de un contenedor de basura, ya que los forenses han dicho que se suicidó.
¿Y qué dice el juzgado? El todopoderoso juez que dispone de la vida y la hacienda de las gentes en cumplimiento del mandato constitucional de proteger a toda persona del delito y la maldad archivará el expediente porque la suicidada ya está muerta, y no hay nadie responsable de su muerte más que ella misma, que tuvo la desgracia de nacer mujer, pobre y negra. Peor que ser mujer, que ser pobre o que ser negra, es ser mujer y pobre y negra.         
Y venir a morir a un país, europeo, desarrollado, la décima potencia industrial del mundo, democrático, igualitario y solidario, que permitirá que su cadáver vaya a parar a la fosa común, mientras el sumario se hunde en los armarios de los casos archivados.
Si consentimos esta nueva infamia judicial, si las feministas y las mujeres y los hombres de buena voluntad no salimos a la calle, en todas las ciudades de España, a gritar contra los forenses, contra la Guardia Civil y contra el juez, que permiten semejante desafuero, a exigir la justicia que se merece la negra quemada desconocida, es que las que estamos muertas somos nosotras.

DdA, XII/3062