martes, 30 de junio de 2015

LOS GRIEGOS SE RESISTEN A PONER PRECIO A SU DIGNIDAD COMO CIUDADANOS

iratiatardecer01 
Fernando de Silva 

Cada día es más difícil fiarse de los principales medios de comunicación, controlados, manejados y supeditados a los intereses económicos de la oligarquía financiera, que parece imponerse a la política y  consideran la democracia como un enemigo a batir. Es más, sabedores de que los lectores se dejan llevar por los titulares alarmistas, tan solo dibujan la realidad,  de manera extorsionada, en la letra pequeña, aquélla que solo leen los que ya tienen un pensamiento definido y no se dejan manipular.
La mayoría de los medios, a excepción de los minoritarios, que no se dejan arrastrar por cantos de sirena, se han convertido en especuladores de la tergiversación. Precisan imponer el pánico, o cuanto menos la duda, para mantener un clima lo suficientemente tendencioso como para que el miedo y el terror a nuestro futuro se convierta en el perfecto caldo de cultivo para conseguir la sumisión y docilidad a los mercados, los verdaderos dueños de nuestros destinos.
Los griegos, por culpa de las decisiones de unos políticos que curiosamente eran de derechas, llevan sufriendo en sus entrañas desde hace años sus consecuencias desastrosas, y se han adaptado a vivir con lo mínimo hasta que lleguen tiempos mejores. Lo ocurrido en los últimos días no es un drama, como se está tratando de vender en Europa, sino un capítulo más de su aniquilamiento por resistirse a poner  precio a su dignidad como ciudadanos. La tranquilidad reina en las calles de sus ciudades, el cobro de las pensiones y los salarios está garantizado, y no son tales las colas que se dice se forman en su cajeros, entre otros motivos porque a la mayoría ya no les quedan fondos de los que disponer; tan solo se pretende frenar la huida de capitales fuera del país. Y  solo esperan a que llegue el  día 5 de julio para tener la posibilidad de expresar su opinión, y decidir su futuro en libertad.
Pero ahora los que tiemblan y se preocupan son los mercados, temerosos de que el órdago voraz se vuelva contra ellos, y tengan que rectificar para salvarse. No les queda otra opción que acudir a un cambio de estrategia, y deben de elegir entre cobrar menos y de forma más pausada, o no cobrar y ser engullidos por su propia avaricia. La solución aún está por llegar, pero los mercados se hunden, y Europa sin Grecia se desmorona y pierde credibilidad fuera de sus fronteras. Syriza ha jugado en desventaja su peculiar partida de ajedrez,  pero puede que esté a punto de dar el jaque mate a la mismísima Troika, que se verá obligada a rectificar su postura. 
Una seria advertencia: si los ciudadanos no ganamos esta batalla, nos convertiremos definitivamente en los esclavos del siglo XXI, y la política y la democracia dejará de tener sentido en nuestras vidas. Es un problema de supervivencia, o ellos o nosotros.
DdA, XII/3014