"Ante dios y el mundo, el más fuerte
tiene derecho a hacer prevalecer su voluntad". (Adolfo Hitler)
El
nazismo tiene un discurso que va más allá de la xenofobia contra las
razas por ellos definidas como "inferiores". Es la apología de la fuerza
bruta, por el mero hecho de poseer dicha fuerza, sobre los que
consideran más débiles. Angela Merkel , a los hechos me remito, comparte
este principio de superioridad coactiva. Para doblegar la voluntad de
los pueblos débiles, económicamente hablando, no necesita tanques,
aviones o soldados. A la Merkel le sobra con amenazar a los griegos a
arrojar su país al inframundo de los apestados financieros y separarlo
del euro si se les ocurre votar en libertad y Syriza acabara
gobernando. Por la boca de Angela hablan otros filo-nazis, los de la
Troika. Extorsionadores profesionales al servicio de los mercados
financieros. Los más fuertes. Los amos del mundo que nos dan a escoger
entre la esclavitud y un rosario de profecías apocalípticas.
Para Hitler el razonamiento era el mismo: "Con humanidad y democracia nunca se han liberado los pueblos"-
aseguraba el filántropo teutón. No claro, los márgenes de libertad que
los pueblos occidentales han conseguido han sido posibles gracias a la
destrucción y el terror del nazismo. ¡Ah no! Que no fue así la cosa. En
1953 un gran número de estados, entre ellos Grecia y España, perdonaron
el 60% de la deuda que Alemania arrastraba tras la segunda guerra
mundial. Solo gracias a ello lograron lo que fue conocido como el
"milagro alemán". Una recuperación económica que les impulsó a la cabeza
del crecimiento europeo. Los más fuertes llegaron a serlo gracias a la
humanidad de otros pueblos. Los mismos a los que ahora asfixian con una
deuda férrea, que se empeñan es innegociable, pese a que esto suponga la
miseria para millones de personas durante generaciones.
Ahora
es Grecia, mañana será España. El ataque contra la democracia interna
de los países de la UE será implacable. Los mercados, y sus mini-yos
hitlerianos, actuarán como manadas de lobos. Creen que el poder radica
en la violencia. Lo llevan demostrando desde que empezó la crisis.
Violencia laboral, social y represora. Esclavos a la fuerza. Pero
el IV Reich puede encontrar un escollo en su sórdida conquista. Puede
que los pueblos del sur no cedan a la visión de sus navajas y ejerzan
democráticamente su derecho a elegir.
La Syriza griega y el Podemos español, con todos los matices, son
respuestas coherentes y civilizadas de una ciudadanía que no quiere
seguir aterrorizada. Que prefieren ser artífices, como en una tragedia
griega, de su propio destino.
Actúan
como lobos. Lobos rescatados del hambre y el ostracismo internacional,
como en el caso alemán, para volver a ser feroces e intentar devorar a
sus rescatadores. Cruel paradoja.
¿La
ley del más fuerte o del más amoral? En cualquier caso, todo va a
depender de los corderos. De su debilidad para dejarse conducir
dócilmente al matadero o de que respondan también a dentelladas. A estas
alturas del cuento y de la historia... ¿quién teme al lobo feroz?.
¿Quién se cree a la Merkel o a la Troika?. ¿Qué nos puede asustar más
que ellos mismos? Ni el borreguito de norik se despeina.
DdA, XII/2891
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