lunes, 3 de noviembre de 2014

LOS ESPAÑOLES VUELVEN A SER HIJOS DE LA IRA, SEGÚN "EL PAÍS"


Félix Población

El poeta Dámaso Alonso dio a la nublada y hosca luz de la posguerra un libro cuyo título tenía una bella y dura elocuencia. "Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)", escribió Dámaso en los primeros años cuarenta del pasado siglo. Se trata de uno de los versos más conocidos de "Hijos de la ira". Tuve la oportunidad y el placer de hablar hace muchos años con su autor sobre ese y otros libros suyos en el chalé en que residía en la calle Alberto Alcocer. Cinco inolvidables horas con la magnífica memoria de la generación literaria a la que perteneció.

Si hoy traigo a colación ese recuerdo es por el deplorable titular a cuatro columnas que ayer fue noticia de portada en el diario El País, definitivamente escorado hacia la derecha y en ruta hacia su acabamiento. Ni Podemos, ni los ciudadanos que valoran a ese partido como una alternativa de cambio y regeneración para la Corruptópolis en que se ha convertido este país, son unos nuevos hijos de la ira. Las expectativas que han colocado a esa nueva formación política con solo ocho meses de historia a la cabeza de las preferencias electorales de los españaoles responden sobre todo al afán y la necesidad de la honradez política. 

Decir que los impulsa la ira es tanto como descalificar el civismo y la madurez de la ciudadanía, capaz de dejarse llevar antes por una rabia visceral que por la razón y la palabra que lleva al voto, máxima expresión de la libertad y la democracia. No es la ira de la posguerra de mi admirado Dámaso Alonso, no, sino la esperanza que, como decía Aristóteles y es cosa verdadera, es el sueño de los hombres despiertos. Podemos ha sabido avivarla con un mensaje claro, que ha interpretado literalmente la opinión de la calle y ha logrado transmitirla a su vez con eficacia.

Una vez más, llevado por una caída sin emienda hacia la degradación y la indignidad profesionales, El País pierde la brújula y ofrece un capítulo más de su asilvestrada trayectoria neoliberal, negándose a creer en la evidencia del aserto aristotélico.

PS.- Cabe preguntarse qué harían esos ciudadanos, supuesto hijos ira de la que habla El País, si no existiera Podemos.

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                         DdA, XI/2834