viernes, 20 de abril de 2012

CHRISTINE LAGARDE Y LA METEOROLOGÍA


Alejandro Prieto

Recurriendo al tema estrella de conversación en los ascensores, es decir, el tiempo, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, ha realizado unos pronósticos económicos globales en los que anuncia una inestabilidad propia de la primavera, con la entrada de leves anticiclones y la presencia de oscuros nubarrones en el horizonte.

Es de agradecer el uso de símiles a la hora de ofrecer explicaciones y facilitar la comprensión de determinados hechos o situaciones a quienes no gestionamos más hacienda que la del ámbito familiar y, cuando toca, la de la comunidad de propietarios del edificio. Sin embargo, la semejanza establecida entre la situación económica y la meteorología no parece haber sido la más acertada, pues los fenómenos atmosféricos tienen su origen en causas naturales y la crisis económica es debida a sombríos factores humanos como la codicia, la inmoralidad, el egoísmo y el desprecio absoluto a las penalidades padecidas por el prójimo, independientemente de que las víctimas se cuenten por decenas, millares o millones de niños, ancianos y adultos.

¿Complejos, remordimientos? Nada de nada, ese tipo de problemas quedan reservados para los tontos y los blandos, para los que sueñan con un ecosistema social que presente mayor limpieza y armonía.

Al hablar de temas que fustigan a los ciudadanos, tampoco parece demasiado afortunado que quienes desempeñan cargos de responsabilidad en instituciones u organismos cuya finalidad es la de velar por el bienestar común, esbocen una sonrisa al efectuar declaraciones públicas sobre la tormenta que tenemos encima, así como de las nefastas consecuencias sociales dejadas a su paso. Resulta ofensivo.

Cuesta imaginar a un coordinador de protección civil riéndose al ofrecer información acerca de las pérdidas humanas y materiales ocasionadas por un tornado. Hay indicios suficientes para indicar que vivimos unos tiempos en los que se cultiva y premia la indecencia y la especulación, y se penaliza la honestidad y el trabajo.

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