domingo, 28 de diciembre de 2008

ODA A LOS NIÑOS DE GAZA MUERTOS POR LA METRALLA


Melibea

Estoy convencida de que el poeta Vicente Aleixandre (Premio Nobel de Literatura, 1977), a quien tuve el privilegio de conocer, me habría permitido alterar con el topónimo de la sufriente Gaza el de Madrid, víctima durante el otoño de 1936 de los bombardeos franquistas, que es el que figura originalmente en el título de su poema. Su palabra me sigue pareciendo la más honda y viva para expresar la indignación que muchos sentimos ante el avance genocida del Estado israelí. Quizá sea lo más auténtico que la cultura de la vieja Europa, vendida al poder del Imperio, puede ofrecer ahora, como un golpe de voz conmovido y solidario con el pueblo palestino, para alertar las conciencias de la ciudadanía más sensible con el nuevo holocausto que sus Estados están permitiendo durante decenios. Cuentan que los ataques más cruentos se produjeron cuando las mujeres palestinas salían al mercado y los niños de la escuela. Ocurrió a mediodía, un sábado. Tan señalado día de la semana no importó para que las máquinas de la muerte judías trabajaran a destajo (casi 300 víctimas en unas horas):

Se ven pobres mujeres que corren en las calles
como bultos o espanto entre la niebla.
Las casas contraídas,
las casas rotas, salpicadas de sangre:
Las habitaciones donde un grito quedó temblando,
donde la nada estalló de repente,
polvo lívido de paredes flotantes, asoman su fantasma pasado por la muerte.
Son las oscuras casas donde murieron niños.
Miradlas. Como gajos
se abrieron en la noche bajo la luz terrible.
Niños dormían, blancos en su oscuro.
Niños nacidos con rumor a vida.
Niños o blandos cuerpos ofrecidos
que, callados los vientos, descansaban.
Las mujeres corrieron.
Por las ventanas salpicó la sangre.
¿Quién vio, quién vio un bracito
salir roto en la noche
con la luz de sangre o estrella apuñalada?
¿Quién vio la sangre niña
en mil gotas gritando:
¡crimen, crimen!,
alzada hasta los cielos
como un puñito inmenso, clamoroso?
Rostros pequeños, las mejillas, los pechos,
El inocente vientr que respira:
La metralla los busca,
La metralla, la súbita serpiente,
Muerte estrellada para su martirio.
Ríos de niños muertos van buscando
Un destino final, un mundo alto.
Bajo la luz de la luna se vieron
Las hediondas aves de la muerte;
Aviones, motores, buitres oscuros cuyo plumaje encierra
La destrucción de la carne que late,
La horrible muerte a pedazos que palpitan
Y esta voz de las las víctimas
Rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un gemido.
Todos la oímos.
Los niños han gritado.
Su voz está sonando.
¿No oís? Suena en lo oscuro.
Suena en la luz. Suena en las calles.
Todas las casas gritan.
Pasáis, y de esa ventana rota sale un grito de muerte.
Seguís. De ese hueco sin puerta
Sale una sangre y grita.
Las ventanas, las puertas, las torres, los tejados
Gritan, gritan. Son niños que murieron.
Por la ciudad gritando,
un río pasa: un río clamoroso de dolor que no acaba.
No lo miréis; sentidlo.
Pequeños corazones, pechos difuntos, caritas destrozadas.
No los miréis; oídlos.
Por la ciudad un río de dolor grita y convoca.
Sube y sube y nos llama.
La ciudad anegada se alza por los tejados y alza un brazo terrible.
Un solo brazo. Mutilación heroica de la ciudad o su pecho.
Un puño clamoroso, rojo de sangre libre,
que la ciudad esgrime, iracunda y dispara.

4 comentarios:

JOSE dijo...

No conocía el poema ni podía sospechar que su autor fuese Alexandre. Parece más de Alberti. Es muy oportuno.

Rosa dijo...

Me parece muy oportuna la observación sobre el ataque del sábado, día sagrado de los judíos. En Gaza no se podía esperar un ataque así en un día así. Eso din duda ha hecho crecer intencionadamente el número de víctimas civiles.

Marga dijo...

Félix, lo acabo de recitar en voz alta y se man ido las lágrimas. Gracias por ese poemazo.

Anónimo dijo...

Este poema no figurará en las antologías de los escolares ni de los colegios públicos ni de los colegios concertados.

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