viernes, 16 de marzo de 2018

LA MUERTE DE UN MANTERO DE LAVAPIÉS PERSEGUIDO POR LA POLICÍA


Lazarillo
Ayer falleció un mantero en el barrio madrileño de Lavapiés al que perseguía la policía. Esa persona se dedicaba a la venta ambulante, de ahí el calificativo de mantero,  y murió cuando era perseguida por agentes de la policía municipal, según afirmaron varios ciudadanos. “Le venían persiguiendo desde Sol”, aseguró a El Salto una de las personas que presenciaron los hechos. Se llamaba Mmame Mbaye, tenía 35 años y llegó a España desde Senegal hace ya 14 años. Ocurrió a las cinco en punto de la tarde.  Al parecer, Mbaye sufrió un ataque al corazón y mi estimado Bernardo Pérez, fotógrafo del diario El País, trae a colación hoy un episodio del que fue testigo hace unos meses, esperando que ese senegalés no sea uno de los que lo protagonizan:

Cada domingo con buen tiempo, un grupo de senegaleses entre los que hay muchos “manteros” monta una fiesta curiosa en Lavapies. Llevan tambores y van vestidos de domingo, bailan, cantan ritmos suaves africanos y caminan muy despacio para alargar la fiesta. Es contagioso y da gusto verlos.
Una mañana hace unos meses, mientras yo estaba aparcando la moto, se acercaban por la plaza de Tirso de Molina hacia el comienzo de la calle Lavapiés, algunos iban un poco adelantados y estaban llegando al Apolo (antiguo Progreso) para girar hacia la cuesta. Como yo no tenía prisa, ralentizé deliberadamente la cosa para disfrutar un poco del ritmo.
En ese mismo momento, dos chicas jóvenes venían en sentido contrario en la misma acera, por la calle Magdalena. Una de ellas iba hablando muy alegre con su IPhone nuevecito cuando apareció un tipo corriendo por detras de ellas, le robó el teléfono y salió corriendo cuesta abajo por la calle Lavapies. La chica se puso a gritar desesperada. Mi móvil, mi movil!...
Dos de los senegaleses que venían bailando de los primeros muy sonrientes se miraron, chocaron un segundo los codos y salieron corriendo calle abajo con un tremendo despliegue físico de superioridad olímpica y en muy pocos metros dieron caza al chorizo. Lo trincaron le tiraron al suelo y uno de ellos le enseñó un puño y puso plana la otra mano en la que el el chorizo depositó suavemente el móvil.
Subieron bailando con el y se lo devolvieron alegremente a las chicas, se unieron otra vez al grupo y desaparecieron. Las dos chicas no daban crédito a lo sucedido, todo había sido muy rápido, ella volvía a tener en su mano el teléfono y lo miraba incrédula.
Espero que el mantero que ha fallecido esta noche en el barrio de un infarto tras huir de la policia no sea uno de ellos. Son emigrantes que buscan como pueden una vida mejor y merecen que como aquellas chicas seguramente hicieron, cambiemos algo en nuestra forma de pensar.

DdA, XIV/3795 

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