viernes, 17 de febrero de 2017

JULIO CORTÁZAR Y EL HIPERINTELECTUALISMO LITERARIO

Lazarillo

Un doce de febrero de 1984 fallecía en París, donde residía desde hacía más de treinta años, uno de los escritores más importantes del siglo XX: Julio Cortázar. Topoexpress, la publicación digital de la revista El viejo topo recuerda esta semana al escritor argentino bajo el titular Julio Cortázar y la literatura revolucionaria, una larga entrevista realizada por Carlos Pérez Cavero y publicada en el número de agosto de 1981 de EVT.

Quisiera saber cuál es su juicio sobre las críticas que le reprochan una gran dosis de hiperintelectualismo en el desarrollo de sus obras y que ven ese llamado hiperintelectualismo como un elemento oprobioso.
—Es una cuestión complicada y habría que contestarla con mucho detalle porque se mezcla en ella la política. Hace diez o quince años, cuando todo el mundo supo muy claramente, tanto por mi actitud como por algunas cosas que había escrito, que yo estaba totalmente entregado a la lucha por la liberación de los pueblos en América Latina, aparecieron críticos –gente de izquierda siempre– que me reprochaban eso que usted denomina hiperintelectualismo. Sostenían que no se puede hacer un trabajo revolucionario si, al mismo tiempo, uno hace experimentaciones de tipo literario que muy pocas personas pueden comprender. Eso dio origen a polémicas bastante interesantes. Tuve dos o tres polémicas de ese tipo donde yo defendí, y sigo defendiendo, el punto de vista de que las revoluciones no se hacen por abajo sino por arriba y que el trabajo del escritor es, sobre todo, escribir. También dije que escribir revolucionariamente es escribir yendo hacia el futuro y no simplemente bajando la puntería para que todo el mundo comprenda. Esa noción de “todo el mundo” disminuye mucho el nivel cultural. Hay escritores que, por vocación, son escritores populistas y me parece formidable si son buenos. Yo no soy un escritor populista. Soy un tipo que trata de abrirse camino, a veces, en terrenos muy intrincados y difíciles. Luego, lo consigo o no lo consigo, pero esa es mi tarea y yo la considero revolucionaria. Hay cosas que no serán comprendidas hoy –en estos momentos hablo tanto de mí como de otros– pero que están abriendo un poco el camino para ser comprendidas mañana y cuando lo sean, eso significa que el nivel cultural se habrá ensanchado un poco más. Es la vieja historia de la música contemporánea o de la literatura contemporánea. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce que fue declarado ilegible en su momento, ahora se lee en las escuelas. Con un poco de cuidado, se lee y se entiende perfectamente bien.

DdA, XIV/3470

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