domingo, 3 de enero de 2016

GUILLERMO RENDUELES Y LOS ESTRESES Y ASTENIAS CONSUSTANCIALES AL ESCLAVISMO MODERNO

 Hoy hay más locos atados que antes y los fármacos que esta sociedad histérica consume con desmedida avidez para poder soportar los ritmos endiablados del turbocapitalismo no dejan de ser manicomios infinitesimales.

Lazarillo

Pablo Batalla, periodista de Asturias 24, publicación en la que este Lazarillo colabora con cierta regularidad, viene realizando una serie de entrevistas que quizá alguna vez se conviertan en un interesante libro que las compendie y además despierte la atención de muchos lectores. La que aparece publicada en la edición de hoy me ha parecido de las más enjundiosas de las que que he leído hasta ahora. Y ya son unas cuentas. El titular llama la atención sobre uno de los asuntos que en la interviú se analizan y que favorece de inmediato el interés por los criterios y la personalidad del entrevistado: El capitalismo trata como trastorno de personalidad lo que antes se consideraba lealtad, coherencia u honradez. Lo sostiene Guillermo Rendueles (1948), prestigioso psiquiatra gijonés, que aborda con Batalla algunas de las cuestiones tratadas en su libros, así como parte de su dilatada memoria política y personal. La entradilla de Pablo Batalla mueve a no perderse la inteviú, que se puede leer en Asturias 24. Háganlo con calma y concentración: "A Guillermo Rendueles se lo suele describir como un psiquiatra antipsiquiatra. La etiqueta no es del todo atinada, porque es siendo psiquiatra en el ambulatorio del barrio gijonés de Pumarín como Guillermo Rendueles se gana los garbanzos, pero algo de ello hay. Lo hay desde los años setenta, cuando el joven militante del PCE que era Rendueles participó con entusiasmo en un exitoso movimiento cuya etiqueta era precisamente ésa, antipsiquiatría, y que, imbuido de toda la candidez libertaria de mayo del 68, abogaba por derruir los muros de los manicomios. El encierro, clamaban aquellos jóvenes revolucionarios, agravaba la locura en vez de curarla, y lo que había que hacer con los locos era devolverlos a la sociedad en lugar de apartarlos de ella. Cuando el consabido Desencanto coció el 68 para menguarlo, los jóvenes revolucionarios se convirtieron en grises burócratas de los gobiernos del PSOE y los manicomios renacieron bajo nuevas formas, pero el protagonista de esta entrevista siguió clamando contra la mala psiquiatría. Hoy, nos cuenta, hay más locos atados que antes y los fármacos que esta sociedad histérica consume con desmedida avidez para poder soportar los ritmos endiablados del turbocapitalismo no dejan de ser manicomios infinitesimales, camisas de fuerza químicas con las que la Oceanía orwelliana que habitamos nos sujeta para transformarnos en sus sujetos ideales: hámsteres individualistas que, mientras galopan en sus ruedas, sueñan con emprenderse a sí mismos como las pulgas de un famoso poema de Eduardo Galeano con comprarse un perro. «Lo que usted necesita no es un psiquiatra ni una pastilla, sino un comité de empresa», receta a veces Rendueles a los pacientes que se acercan a su consulta aquejados de los estreses y astenias consustanciales al esclavismo moderno. Que el mundo recupere un sentido de lo colectivo cada vez más menguado es la aspiración política fundamental de este loquero atípico y heterodoxo que se educó con José Luis García Rúa, simpatiza con Podemos y no perdona al PCE que devorara con falsas promesas a los mejores de su generación ni al PSOE que encarcelara a su hijo César por insumiso".

Léase +" en Asturias 24


DdA, XII/3174 

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