Año VI - Nº 1.637 / 3IX10

PUNTOS DE PÁGINA

EVE ENSLER: CALVA, VALIENTE Y HERMOSA
Amy Goodman

Calva, valiente y hermosa: palabras que apenas alcanzan para comenzar a captar a la extraordinaria Eve Ensler, quien se sentó a mi lado la semana pasada, en medio de su batalla contra el cáncer de útero, para hablar de Nueva Orleáns y de la República Democrática del Congo. Autora de la conocida obra de teatro “Monólogos de la Vagina” y creadora de Día V, un movimiento activista mundial para detener la violencia contra mujeres y niñas, Eve cuenta cómo “el cáncer ha sido un enorme regalo”.

El emotivo ensayo de Eve “Congo Cáncer”, publicado en el periódico londinense The Guardian, comienza diciendo: “Algunas personas pueden pensar que es posible que una mujer se deprima cuando se le diagnostica cáncer de útero, luego se le practica una importante cirugía que deriva en un mes de infecciones debilitantes para luego rematar con meses de quimioterapia; pero la verdad, ese no fue mi veneno. Eso no ha sido lo que late dentro de mí tarde en las noches y me mantiene despierta y en marcha. Eso no ha sido lo que me empuja a momentos de insoportable oscuridad y depresión.” Su veneno, afirma Ensler en el ensayo, fue la epidemia de violaciones, torturas y violencia contra mujeres y niñas en la región oriental de la República Democrática del Congo.

Eve, que escribió “Monólogos de la Vagina” en 1996 como una forma de celebrar el cuerpo de la mujer y la potencia femenina, cuenta: “Durante los primeros tiempos de la obra y en todos los lugares del planeta a los que iba, las mujeres literalmente hacían cola después de la función. Al principio pensé: qué bien, vienen a contarme acerca de sus maravillosos orgasmos y sus excelentes vidas sexuales, voy a poder agregarlo a la obra. Pero, de hecho, el 90 o 95 por ciento de las mujeres hacían cola para contarme que habían sido víctimas de violación, maltratos, incesto o abuso. Claro que ya sabía que existe violencia contra la mujer, yo misma soy sobreviviente de violación y maltratos, pero no tenía idea de que sus proporciones fueran como las de una epidemia. No tenía idea de que, y estas son cifras estadísticas de la ONU, una de cada tres mujeres en el planeta es violada o golpeada durante su vida. De repente, esa puerta se abrió para mí.”

Fue entonces que Ensler comenzó a producir la obra con el objetivo de recaudar fondos para las líneas telefónicas de apoyo para situaciones de crisis por violación y para organizaciones de mujeres de Estados Unidos. “Se nos ocurrió la idea de Día V que puede significar tanto ‘Día para terminar con la Violencia’, como ‘Día de la Vagina’ y que reclama que el Día de San Valentín sea un día de amabilidad y buena voluntad para con las mujeres. Empezamos con una producción de ‘Monólogos de La Vagina’ en Nueva York en la que participaron actrices asombrosas como Whoopi Goldberg, Susan Sarandon y Glenn Close. Esa noche fue como un catalizador, simplemente dio impulso a este movimiento, y hace ya trece años. Ahora estamos presentes en ciento treinta países. El año pasado hubo cinco mil eventos en mil quinientos o mil seiscientos lugares. Se han recaudado cerca de ochenta millones de dólares, que se han volcado por completo a iniciativas de carácter local y comunitario.”

+@Democracy Now, 3IX10

CONTRA TODAS LAS MARCAS
Santiago Alba Rico

Una de las formas elementales de negar el nombre es el número, que acepta o impone la intercambiabilidad de todas las existencias. Ni siquiera el más avaro de los hombres bautizaría una por una sus monedas; al codicioso no le importa que sean concretamente ésas sino que sean muchas y produzcan muchas más. No quiere llamarlas sino contarlas. Lo mismo pasa con el carcelero, el cumplimiento de cuya misión, al margen de caprichos compasivos y tentaciones humanas, depende del hecho de que sustituya el nombre del prisionero por una cifra. El dinero y los prisioneros no se nombran; sencillamente se numeran. Pero lo contrario del nombre es sobre todo la "marca". Los perros, los tigres, las ratas marcan su territorio con saliva o con orina. Los capataces esclavistas y los maridos machistas marcan a golpes los cuerpos con el ignominioso copyright de su crueldad. El racista marca a sus víctimas con un genérico de especie: para los colonos franceses, por ejemplo, todos los argelinos eran "Mohamed" y todas las argelinas "Fatma". El dios iracundo, por su parte, marca las puertas que asaltará el ángel exterminador. Pero lo mismo pasa con la riqueza: el ganadero rico, que no tiene cinco sino cinco mil vacas, graba en sus lomos el fuego de su dominio y en los olivos del terrateniente no figura el nombre de un enamorado sino la mordedura fría de su propiedad.
Esa es también la fuerza íntima del capitalismo. Las grandes empresas y multinacionales marcan sus productos -confeccionados por desconocidos- y venden de hecho no los productos sino las marcas, con las que marcan a millones y millones de consumidores. Los coches no tienen nombre propio, al contrario que los barcos, porque nunca llegamos a apropiárnoslos a través del uso; siguen siendo propiedad de Seat, Volkswagen o Mercedes y nuestro prestigio no depende de que el coche sea nuestro -y lo amemos como a una cuchara de palo o a una vaca- sino de que nosotros portemos orgullosos la marca de nuestra ausencia y desposesión. Ilf y Petrov, dos escritores soviéticos que recorrieron EEUU a finales de 1935, no comprendían que los autores y los usuarios de las grandes realizaciones tecnológicas estadounidenses (centrales eléctricas o automóviles) permaneciesen ocultos bajo la etiqueta de una Marca Privada. El gran Ford, les explicaba su guía, no era conocido y respetado como mecánico sino como comerciante y si tenía que rivalizar en fama con los más temibles gánsteres era porque, bajo el capitalismo, “la gloria es una mercancía y, como todas las mercancías, rinde beneficios no a quien la produce sino a quien la comercializa”. El capitalismo disuelve sin parar los nombres individuales y, si algunos de ellos llegan a ser conocidos, es sólo a condición precisamente de que dejen de ser nombres para convertirse en “marcas”. Eso es lo que pasó con Ford y es lo que ha pasado, por ejemplo, con Michael Jackson, Fernando Alonso o Cristiano Ronaldo: su nombre es la marca que marca su falta de nombre y marca también nuestra pasividad de reses mansas sin bautizar.
Hay que defender los nombres y defenderlos también como medida de la producción y del consumo. ¿Cuántas cosas debemos poseer? ¿Cuándo debemos cambiarlas por otras? El cálculo es sencillo. Debemos ser tan pobres como sea necesario para poder poner nombre a todas nuestras cosas y usarlas tanto tiempo como sea indispensable para que respondan cuando las llamemos.

La madre que revisa el pantalón de su hijo de 8 años se preocupa al ver la piedrecita que nombra por aproximación -como todos los nombres- las angustias y temores del niño. Pero debería preocuparse mucho más al ver la marca -Levis, Pepe, Lee- que marca su cuerpo como si fuera la vaca de un ganadero rico. Contra las marcas, contra todas las marcas, debemos recuperar los amuletos, los torniquetes, los signos: los nombres con los que podemos llamarnos los unos a los otros y llamar al mismo tiempo al amor, a la razón y a la revolución.


+@La Calle del Medio, 2IX10


USA: MEMORIAS DEL SUBSUELO

Óscar Taffetani

Los líderes conservadores Sarah Palin y Glenn Beck (este último, admirador confeso del Ku Klux Klan) eligieron el verbo restore (reponer, restaurar) para identificar al nuevo frente político que se opone a la política “socialista” (sic) del presidente Obama.

En su imaginario, siguen llegando incesantes los colonos del Mayflower, rubios y de ojos celestes, con la Biblia bajo el brazo, a fundar la nación. Y esos mismos rubios de ojos celestes -sus padres- deben construir el Muro
-y todos los muros que hagan falta- para que el país no se llene de impuros, de indocumentados, de niños de piel oscura y viejos que murmuran sus plegarias en la lengua de Cervantes y Pancho Villa.

La realidad no los acompaña: ya hay 42 millones de hispanohablantes en los Estados Unidos, y los afroamericanos suman 73 millones. Pero además, en un mosaico en donde conviven rojos (no por comunistas, sino por originarios) con amarillos y negros, con albinos y mulatos y caucásicos (la lista podría seguir), el plantear la segregación racial (que en rigor es segregación económica) es una mentira de patas muy cortas. En cuanto a la “restauración”, viene bien que contemos una pequeña historia.

Thomas Jefferson (1743-1826), tercer presidente de los Estados Unidos, considerado Padre de la Independencia, convivió por 44 años -después de una temprana viudez- con Sally Hemings, una esclava negra de la plantación familiar, en Virginia. Sally tuvo tres hijos con Jefferson (Madison, Eston y Harriett) y fue reconocida testamentariamente y liberada -lo mismo que otros 186 esclavos- a la muerte del prócer.

Un descendiente de la esclava Sally Hemings -verificó el investigador Samuel H. Sloan- llegó a ser presidente de la multinacional química DuPont. Otro, llegó a ser el primer legislador negro del Estado de California. Una descendiente de Sally fue la primera mujer negra graduada en el Vassar College, y llegó a jueza federal. Así, el legado carnal de Jefferson fue tanto o más importante, en el plano simbólico, que su legado intelectual.

Otro de los Padres norteamericanos, Thomas Paine, desarrolló una parábola magnífica en su vida, en su obra y en su legado intelectual. Inglés de nacimiento y funcionario de Impuestos, llegó a Filadelfia en 1774 y pronto se sumó al boicot y a la protesta contra la corona británica, exigiendo la derogación de los impuestos coloniales.

El alma de esa Tea Society que hoy reivindican como propia los restauradores Sarah Palin y Glenn Beck, fue Tom Paine, librepensador en serio, igualitario en serio, fundador de la doctrina, aún vigente, del Sentido Común, para las leyes y las artes de gobierno.

Bertrand Russell lo pintó con pocas palabras: “Para nuestros tatarabuelos era una especie de Satán terrenal, un infiel subversivo, rebelde contra su Dios y contra su rey. Pitt y Washington lo odiaban porque era demócrata; Robespierre, porque se opuso a la ejecución del rey y al reinado del Terror. Su destino fue siempre ser honrado por la oposición y odiado por los gobiernos”.

Finalizamos aquí esta breve excursión por el subsuelo norteamericano. Hay más, por supuesto. Hay mucho más. En la patrística de la democracia, de la igualdad y de la lucha por un mundo mejor, no faltan figuras, ni personajes, ni buenos ejemplos. Sólo es cuestión de rascar un poco la tierra, como sabían hacer nuestros abuelos.

+@Agencia Pelota de Trapo, 1IX10


FIDEL CASTRO: "LLEGUÉ A ESTAR MUERTO, PERO RESUCITÉ"

El líder de la Revolución Cubana cuenta cómo pasó los últimos años, debatiéndose entre la vida y la muerte. Además analiza “el mundo de locos” que encontró al “resucitar”, el papel que ocupan los medios de comunicación y la necesidad de un movimiento antiguerra nuclear.

Durante alrededor de las cinco horas que duró la charla-entrevista –incluido el almuerzo– con el diario mexicano La Jornada, Fidel aborda los más diversos temas, aunque se obsesione con algunos en particular. Permite que se le pregunte de todo –aunque el que más interrogue sea él– y repasa por primera vez y con dolorosa franqueza algunos momentos de la crisis de salud que sufrió en los pasados cuatro años.

“Llegué a estar muerto”, revela con una tranquilidad pasmosa. No menciona por su nombre la diverticulitis que padeció ni se refiere a las hemorragias que llevaron a los especialistas de su equipo médico a intervenirlo en varias o muchas ocasiones, con riesgo de perder la vida en cada una.

Pero en lo que sí se explaya es en el relato del sufrimiento vivido. Y no muestra inhibición alguna en calificar la dolorosa etapa como un calvario.

“Yo ya no aspiraba a vivir, ni mucho menos... Me pregunté varias veces si esa gente (sus médicos) iban a dejarme vivir en esas condiciones o me iban a permitir morir... Luego sobreviví, pero en muy malas condiciones físicas. Llegué a pesar cincuenta y pico de kilogramos.”

“Sesenta y seis kilogramos”, precisa Dalia, su inseparable compañera, que asiste a la charla. Sólo ella, dos de sus médicos y otros dos de sus más cercanos colaboradores están presentes.

–Imagínate: un tipo de mi estatura pesando 66 kilos. Hoy alcanzo ya entre 85 y 86 kilos, y esta mañana logré dar 600 pasos solo, sin bastón, sin ayuda.

+@Página/12, 31VIII10


PROPUESTA PARA LA ZONA CERO
Nazanín Amiriam

Históricamente, Washington no ha tenido ningún reparo a la hora de aupar a los fundamentalistas, como el feudal reino saudí o los talibán. Es tal su afinidad con las corrientes reaccionarias, que han llegado a derrocar regímenes laicos y suplantarlos con regímenes religiosos a medida. La crisis con Irán, sin ir más lejos, es por la cuestión nuclear, no por la falta de democracia en aquella dictadura medieval. Sería interesante saber qué piensa el presidente de aquel Imperio sobre las teologías de liberación.
Dicha polémica tiene poco que ver con la fe y mucho con el pulso entre magnates musulmanes, judíos y cristianos, que pelean por más cuotas del poder. El corazón financiero mundial necesita, más que nuevos templos, medidas para paliar el hambre que pasan tres millones y medio de personas de una urbe de ocho millones. El Banco de Alimentos neoyorquino calcula en unos 1.500 los desposeídos que hurgan en las basuras de la Gran Manzana en busca de comida. Son parte de los 45 millones de estadounidenses menesterosos, un tercio niños y en su mayoría no blancos.
No conoce límites la generosidad de los políticos a la hora de ofrecer templos a los necesitados para que ahoguen sus penas en la esperanza de resucitar un día, y vivir la felicidad eterna. Así, gracias a los sermones, se resignarán ante las calamidades de un mundo desalmado. Sabrán que lo suyo es un designio divino, por sus pecados y no porque sus líderes los han arruinado y han quemando sus ahorros en guerras contra los pobres de países lejanos.
Decía Marx que la religión es la “conciencia invertida de un mundo invertido”. Invirtamos la propuesta y que se edifique en el lugar un centro de información alternativa para concienciar a los ciudadanos sobre la auténtica raíz de sus desgracias.

+@Público, 30VIII10


BUITRES: ANTOLOGÍA DEL DISPARATE
David García, portavoz de L'Aliaga

Va por ovejas, buitres y ganaderos. Los buitres han devorado la muerte, pero desde hace cinco años es a ellos a quien la muerte por hambre devora.

Gratis e higiénicamente hicieron lo que no hacen las empresas de recogida de reses muertas nacidas al abrigo de un negocio que cuesta al año 150 millones de euros y da beneficios privados a empresas creadas con capital público. Beneficios a costa de buitres hambrientos y muertos y ganaderos abandonados por ración partida.

Con esta nueva situación, los ganaderos pierden reses en los "ataques" de hambre de las aves y, además, por razón más de negocio que de otra índole, no pueden cuidar de la biodiversidad como sabia y sosteniblemente han hecho toda la vida, dejando su res muerta a disposición de la naturaleza. Acto esencial puntal de vida para un sinfín de especies.

Y a tanta crisis y austeridad anunciada se queman las reses muertas y se descarta al buitre como opción de ahorro. Eso sí, se indemnizarán los daños que su hambre cause.

Verdaderamente, es un caso para la antología del disparate y el despilfarro.

Acabemos no sin recordar el ralo futuro de la ganadería extensiva, cuya agonía de hoy es la de cielos y pueblos mañana.

El País, 30VIII10

EL LAICISMO, OPCIÓN CRISTIANA

Juan José Tamayo

La estrategia antilaicista episcopal comienza con un peligroso juego que consiste en establecer una distinción entre laicismo y laicidad. Se trata de una operación lingüística nada inocente que califica negativamente al laicismo como religión de sustitución y lo presenta como enemigo de las creencias religiosas.

Dos ejemplos. El cardenal Tarsicio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, define erróneamente el laicismo como "hostilidad contra cualquier forma de relevancia pública y cultural de la religión, en particular contra todo símbolo religioso en las instituciones públicas". El cardenal Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española, va más allá y afirma que "el Estado moderno en su versión laicista radical desembocó en el siglo XX en las formas totalitarias del comunismo".

Los mismos sectores eclesiásticos elogian la laicidad y se refieren a ella con adjetivos como "sana", "positiva", "inclusiva". En dicha valoración coinciden políticos conservadores como el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y el Papa Benedicto XVI. Estamos ante una trampa del lenguaje político-religioso para que la Iglesia católica recupere el protagonismo en la esfera política, en el terreno moral, en el plano cultural, en el ámbito educativo y en la cohesión social, y para la presencia o la permanencia de los símbolos católicos en el espacio público.

¿Es verdad que el cristianismo resulta incompatible con el laicismo y tiene que adoptar una actitud beligerante frente a él? Decididamente no. El laicismo y la secularización no son males a combatir por los cristianos, sino que se encuentran en la entraña misma del cristianismo. Este surge como religión laica y se desarrolla como tal durante sus primeros siglos, donde no aparece el más mínimo atisbo de confesionalidad de las instituciones civiles y menos aún de legitimación del orden establecido.

Jesús de Nazaret, su fundador, fue un judío laico, crítico con el Estado teocrático y las autoridades religiosas legitimadoras del Imperio romano. Lo que pone en marcha no es una iglesia aliada con el poder, sino un movimiento igualitario de hombres y mujeres, cuya traducción histórica es una sociedad justa. Hasta el siglo IV, el cristianismo defendió la más radical separación entre la Iglesia y el Imperio. Los cristianos se negaron a adorar al emperador y no reclamaban privilegios del Estado. Su vida no se distinguía del resto de los ciudadanos, como reconoce la Carta a Diogneto, importante documento cristiano del siglo III.

Esta idea es ratificada 17 siglos después por el Concilio Vaticano II (1962-1965), que se muestra partidario de la secularización, entendida como autonomía de las realidades terrenas, y de la separación entre Iglesia y Estado. Como afirma el teólogo alemán Baptist Metz, la secularización "es un acontecimiento originalmente cristiano" y una exigencia fundamental del cristianismo. Sin este, quizá no hubiera sido posible la democracia, cree el filósofo de la religión Marcel Gauchet, quien define certeramente al cristianismo como "la religión de la salida de la religión".

+@Público.es, 30VIII10

POESÍA NECESARIA

Al vino


Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy.
Toma un cántaro de vino,
siéntate a la luz de la luna

y bebe pensando en que mañana

quizá la luna te busque inútilmente.

Omar Khayyam

Oda al Aire

http://foros.eluniversal.com.mx/blogs/imagenes/naked%20ballet.jpg

No, aire,
no te vendas,
que no te canalicen,
que no te entuben,
que no te encajen
ni te compriman,
que no te hagan tabletas,
que no te metan en una botella,
¡cuidado!,
llámame
cuando me necesites,
yo soy el poeta hijo
de pobres, padre, tío,
primo, hermano carnal
y concuñado
de los pobres, de todos,
de mi patria y las otras,
de los pobres que viven junto al río,
y de los que en la altura
de la vertical cordillera
pican piedra,
clavan tablas,
cosen ropa,
cortan leña,
muelen tierra,
y por eso
yo quiero que respiren.
.....

+@Oda al aire
Pablo Neruda

  

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lunes 11 de septiembre de 2006

11-S: El último discurso de Salvador Allende, víctima también del terrorismo

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Hermes H. Benítez (*)

El así llamado “discurso final”, es decir, el que pronunciara a partir de las 9:15 de la mañana del 11 de septiembre por radio Magallanes, constituye el preámbulo de la muerte del Presidente. Esta comunicación radial, cuyo texto es hoy conocido y valorado en casi todo el mundo, presenta un carácter multifacético pues es varias cosas a la vez: una denuncia de la traición y una protesta moral ante ella; la reafirmación de un compromiso ético con el pueblo chileno, un testamento político y una despedida. Los partidarios de su gobierno, así como los hombres y mujeres progresistas de otros países, atentos a los acontecimientos chilenos, captaron de inmediato el sentido de su mensaje postrero, y el supremo sacrificio que le seguiría. Los enemigos de Allende, siempre dispuestos a subvalorar y denigrar su figura, se han preguntado, llenos de curiosas dudas e inquietudes, por el origen de este discurso inmortal, que les resulta incongruente con la pobre imagen que siempre tuvieron del Presidente.(1) Así lo hace, por ejemplo, la periodista Patricia Politzer, antes citada, cuando declara:


“Su último discurso es tan perfecto, tan elaborado, que no parece un discurso improvisado en aquel momento de enorme tensión. Da la impresión de que Allende había pensado muchas veces en aquellas palabras”.(2)

En realidad este discurso es claramente representativo del estilo y de las ideas de la mayoría de los discursos conocidos del Presidente. Observa Alfredo Jocelyn–Holt, a propósito de las cualidades oratorias de Allende, que “todos quienes lo conocieron coinciden en que no era un gran orador”.(3) A mí, que le escuché decenas de veces sus discursos, a lo largo de muchos años, ésta me parece una apreciación injusta. La opinión del historiador liberal resulta, por lo demás, contradicha en más de algún sentido por la publicación de los discursos de Allende, que al ser vertidos al papel han mostrado que eran perfectamente capaces de resistir el paso del tiempo. Esto no significa, por cierto, que todas las alocuciones políticas del líder popular hubieran sido de la misma calidad.


El propio Che Guevara, cuando se conocieron personalmente con Allende en Cuba, el año 1959, le dijo: “Mira, Allende, yo sé perfectamente quien eres. Yo te escuché dos discursos durante la campaña presidencial de 1952: uno muy bueno y otro muy malo. De modo que podemos hablar con toda confianza, porque tengo una opinión muy clara de quien eres”.(4) Creo que el Che hace aquí una observación correcta, que puede perfectamente ser generalizada. Es decir, que los discursos de Allende podían variar considerablemente en calidad, según el momento y las circunstancias. De manera que, al parecer, habría sido, precisamente, por obra de la presión abrumadora de los acontecimientos de aquella mañana, y no a pesar de ella, que Allende, quien era reconocido por su capacidad para pensar y actuar con calma frente a las más enervantes situaciones,(5) fue capaz de improvisar aquel discurso memorable.


Pero, ¿se trató en realidad de un discurso improvisado, o de uno escrito con antelación? Carlos Jorquera, quien tuvo el privilegio de presenciar la trasmisión del discurso final la describe así:


“Este dominio de sí mismo es la razón que explica como pudo [Allende] decir ese discurso conmovedor de ‘las grandes alamedas’: sentado en su silla presidencial y agachado para proteger mejor la frágil acústica del teléfono que lo comunicaba con la única emisora democrática que aún sobrevivía (la Magallanes), con su casco en la cabeza, la metralleta al lado, su mano derecha sosteniendo el fono y cubriéndolo con la izquierda, para que sus palabras postreras pudieran llegar a los oídos que siempre fueron los que más lo apremiaron: “¡Trabajadores de mi patria! ...”.

Fue un discurso improvisado, que le brotó del fondo de su alma, porque era ahí donde venía fermentando”.(6)


Una confirmación de que la capacidad improvisatoria de Allende se potenciaba “bajo presión”, así como de su costumbre de apoyarse en un punteo escrito, nos la suministra Clodomiro Almeyda en la misma entrevista ya antes citada. Allí el ex Canciller se refiere al legendario discurso que el Primer Mandatario chileno pronunciara en la Universidad de Guadalajara, en su visita a México en 1972, en los siguientes términos: “Lo recuerdo, y hasta hoy me impresiona, primero porque fue un discurso maravilloso, una clase magistral, que hasta hoy se recuerda, se cita y se discute en México, y, segundo, porque fue absolutamente improvisado, tan improvisado que cuando subíamos al estrado el Presidente me envió un papelito rogándome con urgencia: “Ayúdeme a puntear”. Algo habló también sobre esto, parece, con [el Presidente Luis] Echeverría, que lo acompañaba. Había tenido una actividad terrible aquella mañana y, sin duda, no había alcanzado a preparar nada. Le bastaron las primeras palabras para tomar un hilo que no se interrumpió hasta el final, en medio de una tensión tremenda, en que fue anudando toda su vida y su experiencia de hombre salido de la Universidad y lanzado desde allí a la lucha por el pan y la libertad de su pueblo. Estuve un año y medio en México, después de salir de la prisión, y pude comprobar que el discurso de Allende en la Universidad de Guadalajara se había convertido en pieza casi clásica en los medios políticos y estudiantiles mexicanos”.(7) Hortensia Bussi agrega un importante detalle complementario a estos recuerdos del ex Canciller Almeyda, cuando, en una entrevista que le hiciera Otto Boye en 1983, para la edición especial de la revista Análisis, publicada al cumplirse los 10 años del Golpe, declara: “En ese viaje [a México], en Guadalajara, pronunció [Salvador] un discurso que también resultó excelente. Iba a hablarle a los universitarios y momentos antes le confesó al Presidente Echeverría que tenía la mente en blanco y no sabía de qué iba a hablar. Echeverría le sugirió que se refiriese a su juventud universitaria.¡Y Salvador lo hizo magistralmente!”.(8)

Por cierto que él había pensado muchas veces en la posibilidad de tener que enfrentarse con una situación semejante a la de aquel día, por obra de un alzamiento militar, pero no como cree o implica la referida periodista, que Allende hubiera tenido un discurso preparado de antemano para tal contingencia. Al igual que la mayoría de las intervenciones orales del líder popular, el discurso final está construido en parte con materiales e ideas de otros discursos.


Es sumamente curioso que, al parecer, nadie se haya dado cuenta que la metáfora de las “grandes alamedas” se encuentra ya prefigurada en el así llamado “discurso de la victoria”, que el Presidente electo pronunciara en la madrugada del 5 de septiembre de 1970 desde uno de los balcones del antiguo local de la Federación de Estudiantes, ubicado en Alameda frente a la Biblioteca Nacional, en una de cuyas partes centrales se dice:


“... América Latina y más allá de la frontera de nuestro pueblo, miran al mañana nuestro. Yo tengo plena fe en que seremos lo suficientemente fuertes, lo suficientemente serenos y fuertes, para abrir un camino venturoso hacia una vida distinta y mejor; para empezar a caminar por las esperanzadas alamedas del socialismo, que el pueblo de Chile con sus propias manos va a construir”.(9)

Como puede verse, de aquellas “esperanzadas alamedas”, a las “grandes alamedas del socialismo”, no hay mucha distancia. Es la misma metáfora de la sociedad socialista como un amplio camino, una avenida, por la que transitará libremente el hombre del futuro. Es significativo que Allende haya utilizado aquí, en el que pudiera denominarse su “discurso de la derrota”, esta imagen literaria, prefigurada tres años antes en su “discurso de la victoria”. Su mente, consciente o subconsciente, debió haber evocado aquellas primeras horas felices de su triunfo electoral, en total contraste con las horas tristes de sus últimos momentos como Presidente y como hombre.(10)

(*) Del libro recientemente publicado en Chile por Ril Editores, y comentado en este DdA hace días, Las muertes de Allende: Una investigación crítica de las principales versiones de sus últimos monmomentos. (Hermes H. Benítez, 2006, 260 páginas, ilustraciones, Serie Identikit, ISBN 956-284-497-8).



Notas
(1) Moulian describe esto de modo inmejorable: “La verdad es que los que sólo conocían el personaje público de Allende no esperaban una demostración de temple y de coraje en los momentos decisivos. Gozador, jovial, no tenía el tipo del héroe dramático. Más bien parecía un dandy: preocupado de su persona y vestimenta, atildado y fragante (como decían algunos). Visto desde fuera parecía el revés de esos austeros políticos comunistas, que hacían un culto de la simetría entre sus ideas y su vida. Como no cultivaba las expresiones ni el estilo de un predicador moral, algunos creyeron que carecía de moral”.Tomás Moulian, Op. Cit., pág. 28.


(2) Patricia Politzer, Altamirano, Buenos Aires, Ediciones B/Grupo Z, Santiago, Ediciones Melquíades, 1989, pág. 52. En una entrevista reciente, el doctor Jirón, quien se encontraba entre los presentes cuando Allende lanzara al aire su discurso final, ha declarado que éste hizo: “...su discurso sin leer absolutamente nada, no tenía ningún papel [en la mano]”. “El suicidio de Allende fue un gesto político”, entrevista de Faride Zerán al doctor Arturo Jirón, revista Rocinante, Nº 58, Agosto 2003.


(3) Alfredo Jocelyn-Holt, El Chile Perplejo. Del avanzar sin transar al transar sin parar, Santiago, Editorial Planeta/Ariel, 1999, pág. 120.


(4) Este primer encuentro con el Che es relatado por el propio Allende en sus conversaciones con Debray. Véase: Régis Debray, The Chilean Revolution. Conversations with Allende, New York, Pantheon Books, 1971, pp. 72-73.


(5) Recordando la primera campaña presidencial de 1952, escribe Volodia Teitelboim: “...se dio en medio de la pobreza, sin recursos, con un candidato joven que oficiaba de chofer, amante de todos los vértigos de la velocidad, temerario ante el peligro. En un viaje entre Santiago y Valparaíso, a cien kilómetros por hora, cuando iba solo con él, atrasado, casi como de costumbre a un mitin obrero, el capot cubrió de golpe totalmente el cristal delantero. Pero el piloto, con perfecta sangre fría, lo controló todo y gracias a ello siguió viviendo veintiún años más. Lo vi muchas veces agigantarse ante los más diferentes riesgos. Tenía pasta de valiente. Asumía las situaciones extraordinarias con impávida serenidad ... su impasibidad ante el peligro era como una emanación de cierta virtud heroica que había en él”. Véase: V. Teitelboim, “Salvador Allende: presencia de la ausencia”, Araucaria de Chile, Nº 24, 1983, pp. 20 y 21. Para otro episodio semejante, relatado por el propio Volodia, puede consultarse: J. Lavretski, Salvador Allende, Moscú, Editorial Progreso, 1978, pág. 90.


(6) Carlos Jorquera, El Chicho Allende, Santiago, Ediciones BAT, 1990, pág. 16. Respecto de la forma general de preparación de sus discursos, dice más adelante el mismo autor: “...a Chicho Allende, ni antes ni durante la Presidencia, nadie le hizo sus discursos. Lo que ocurría era que sus colaboradores de mayor confianza chequeaban datos y los ponían en orden; pero la estructura misma de sus discursos estelares fue siempre obra e iniciativa de él. Cuando se trataba de un acto de trascendencia, reunía a su grupo más íntimo y [les] explicaba lo que iba a decir y cómo pensaba decirlo. De modo que lo que había que hacer era ordenar esos conceptos, cotejándolos con las cifras y otros datos que los reafirmaban y los hicieran más fácilmente comprensibles. Esas eran las famosas “pautas”. Op. Cit., pág. 109.


(7) “Salvador Allende y las relaciones exteriores de Chile”. Entrevista a Clodomiro Almeyda, Araucaria de Chile, Madrid, Nº 2 – 1978.


(8) Análisis: ALLENDE 10 AÑOS DESPUES, septiembre 1983, edición no foliada. Cursivas nuestras.


(9) Salvador Allende, 1908-1973. Obras Escogidas, Gonzalo Martner (Compilador), Ediciones del Centro de Estudios Políticos Latinoamericanos Simón Bolívar, Fundación Presidente Allende, España. “Celebrando el triunfo el 4 de septiembre de 1970”, pág. 284.


(10) Para un penetrante análisis del significado de los discursos pronunciados por el Presidente Allende la mañana del 11, véase el capítulo segundo del libro de Tomás Moulian antes citado, pp. 21 a 30.

RedDiario

Discurso de S. Allende (11-IX-73): Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.
PiensaChile.

Artículo (11-IX-06): MURIERON ALLENDE Y 5000 CHILENOS
Al cumplirse 33 años del golpe militar en Chile se calcula que durante la tiranía hubo unos cinco mil asesinados, cifra superior a los caídos en Nueva York en 2001, aunque en el primer caso no hubo ningún Ben Laden pues el único terrorismo criminal estuvo a cargo de los jefes de las fuerzas armadas y policía uniformada comandados por Augusto Pinochet cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de traición.
Hernán Uribe, Argenpress.

Noticia (11-IX-06): MEMORIA HISTORICA FRENTE A LA IMPUNIDAD
El Presidente del Partido Socialista de Chile, Camilo Escalona, llamó hoy a construir la memoria histórica del país para derrotar la impunidad, tras inaugurar junto a ex Prisioneros Políticos de Puerto Montt, un Monolito de Homenaje a las Víctimas de Terrorismo de Estado.
Crónica Digital.

Entrevista (12-IX-06): LOS DOS 11-S SEGUN JAMES PATRAS
El sociólogo nortemaericano habla del Golpe de Estado contra Allende y de la creciente descreencia en torno al 11-S.
Argenpress.

Titulares de Público.es

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