sábado, 24 de octubre de 2026

SÁNCHEZ SE APUNTA A LA ESPAÑA DE LORCA EN GRANADA


Félix Población

Llevado por la actualidad del poeta asesinado en el verano de 1936, como consecuencia de un filme de cuestionable valor sobre la significación política del autor de La casa de Bernarda Alba y el entendimiento de la infausta guerra en la que fue ejecutado por los vencedores al cabo de un mes de conflicto (La bola negra), Pedro Sánchez no podía dejar sin consignar en su mitin de Granada la personalidad y la obra de Federico García Lorca. Bien traída sea siempre la poesía al atril de los mítines políticos -casi siempre huérfanos de versos-, máxime cuando desde la oposición reaccionaria se prodiga un retórica más bien burda y casi siempre muy torpe. El candidato a la Presidencia del Gobierno cuatro años más eligió además un excelente poema de las Nuevas canciones de Federico García. Lo transcribo porque personalmente le estoy muy agradecido a Pedro Sánchez, como admirador de la obra del poeta granadino, que después de la esperpéntica visita del presidente argentino a España vomitando agravios y volviendo a ofrecer una imagen bochornosa de sí mismo que ni han querido soportar presencialmente sus afines para no mermar sus expectativas electorales, haya recurrido a la poesía de Federico García Lorca para reconfortarnos de tanta politiquería ruin a base de invectivas e insultos. Ya sabemos que el líder del PSOE lo hace por apuntarse un tanto cultural de modo oportunista, pero como ha leído los versos hasta bien, pues hay que decirle que vale y que se repita, más que nada por la falta que nos hace siempre la cultura. La de la cultura era, al fin y al cabo, la España de Lorca, asesinada:

Dice la tarde: “¡Tengo sed de sombra!”
Dice la luna: “¡Yo, sed de luceros!”
La fuente cristalina pide labios
y suspira el viento.

Yo tengo sed de aromas y de risas,
sed de cantares nuevos
sin lunas y sin lirios,
y sin amores muertos.

Un cantar de mañana que estremezca
a los remansos quietos
del porvenir. Y llene de esperanza
sus ondas y sus cienos.

Un cantar luminoso y reposado
pleno de pensamiento,
virginal de tristezas y de angustias
y virginal de ensueños.

Cantar sin carne lírica que llene
de risas el silencio
(una bandada de palomas ciegas
lanzadas al misterio).

Cantar que vaya al alma de las cosas
y al alma de los vientos
y que descanse al fin en la alegría
del corazón eterno.

DdA, XXII/6505

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