Alejandro Álvarez
En el 2022 Ángela Merkel aclaró que los acuerdos de Minks no fueron un esfuerzo para establecer la paz entre Rusia y Ucrania sino que "fue un intento de dar tiempo a Ucrania para que pudiera fortalecerse militarmente", evidentemente para continuar la guerra contra Rusia, con la esperanza de vencerla, ayudando a tal empeño con sanciones económicas que, según pensaba Europa y EEUU, harían sucumbir el régimen competidor de Putin y pondría los recursos rusos al servicio de las economías europea y estadounidense.
Eso explica que poco después de iniciada la guerra Gran Bretaña y EEUU impidiesen a Zelenski firmar los acuerdos de paz logrados en Ankara entre los negociadores rusos y ucranianos, con la misma intención de continuar la guerra y vencer a Rusia o cambiar el régimen para ponerlo a su servicio (lo que Trump está haciendo en Venezuela, Colombia, Ecuador, etc.).
La estrategia respondía a los objetivos que en enero del 2023 fijó la OTAN de "usar medios militares, económicos y políticos para defender [imponer] los intereses de occidente". Hasta el momento han fracasado tanto la guerra como las medidas económicas destinadas a provocar el colapso de Rusia y ponerla bajo control de EEUU y Europa, con gobiernos títeres obedientes, para después abalanzarse sobre China, aislada y, por tanto, más débil.
Ese fracaso es lo que ha encaminado a Europa hacia una escalada en la guerra, como ha puesto de manifiesto el ataque masivo de Ucrania (que no toma decisiones sin contar con la OTAN) a Rusia con el lanzamiento de más de 600 drones y misiles contra la zona de Moscú, mientras se endurece la retórica belicista contra este país, como hace Macron.
Este incremento de ataques armados y discursivos parece responder o bien a una esperanza (ciega?) de que es aún posible vencer o hacer caer al régimen de Putin, algo cada día más improbable a juzgar por el desarrollo de la guerra y la evolución de la política y la economía rusas, o bien a una estrategia de provocación para ir al enfrentamiento directo, dado que la guerra vicaria usando a Ucrania no da el resultado apetecido.
El ataque masivo en un día electoral contra la región de Moscú por parte de las fuerzas ucranianas es un paso más de la escalada, que vino precedida por diversos pasos dados por Europa y EEUU para continuar la guerra contra Rusia: entrenamiento del ejército ucraniano, entrega de armas, entrega de carros de combate, entrega de aviones, entrega de misiles,... y una presencia e implicación cada vez más clara de la OTAN en esa guerra, a la que nunca se quiso poner fin.
La escalada y la provocación, junto a los mensajes que culpan a Rusia de guerra híbrida (como hace Macron), son de tal calibre que parecen diseñadas para lograr el marco propicio y la aprobación de la población para el inicio de una guerra total, convencidos, estúpidamente, de que saldríamos ganadores.
Si ese no es el fin deseado, habría que pensar en una total falta de responsabilidad o de capacidad de los líderes belicistas europeos pues pretender destrozar y vencer a una potencia nuclear esperando que esta no use sus armas para evitarlo es de una ingenuidad culpable.
Se trata de una política suicida para Europa y letal para millones de sus habitantes pero el capitalismo aquí y en EEUU ya necesita la guerra para seguir teniendo el control y parece que no va a frenar su locura. Sólo la población, con la movilización y el voto, puede hacer frente a semejante desvarío.
DdA, XXII/6471
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