jueves, 24 de septiembre de 2026

LO DEL GAS PIMIENTA O LA ESTUPIDEZ NORMALIZADA COMO EL PAN DE CADA DÍA

 Quienes hace décadas redactaron el reglamento del Congreso español no cayeron en la necesidad de tener que explicarles a sus señorías que no se podía juguetear con gas pimienta durante los debates parlamentarios. Puede que tampoco Feijóo como jefe a su diputada. Es decir, que sí se puede, concluyó doña Ana Vázquez.


Gerardo Tecé

Pasarán los años y, si todo va bien, nuestros nietos no creerán una sola palabra de lo que les contemos. Nos darán la razón como a los locos cuando les juremos que sí, que esta época existió, que la estupidez normalizada era el pan de cada día. Por eso es bueno ir dejando constancia escrita de las grandes hazañas de esta curiosa era. El Día P de pimienta disfrutamos uno de esos días grandes. Ana Vázquez, diputada gallega del PP y amiga íntima del tipo que no es presidente del Gobierno porque no quiere –aunque parezca que lo quiere a cualquier precio– se levantó una mañana y decidió acudir a su escaño con un bote de gas pimienta y sacarlo en medio del Congreso. Hasta ahí todo normal, que diría el Gabriel Rufián, que con 30 añitos mostró una impresora. Ana Vázquez tiene 51 y nadie sabe aún cómo pudo hacerse con el armamento tóxico. ¿Tal vez pilló una cunda en la Carrera de San Jerónimo para visitar algún barrio chungo como Lavapiés o Chueca?

El numerito del espray pimienta tenía un por qué. Quería la diputada popular denunciar que los niños ceutíes van al colegio cada día pertrechados con botes igualitos a ese. Por culpa de Pedro Sánchez, claro. No es cierto. Ceuta vive una crisis humanitaria en sus calles, pero los niños van al colegio con mochilas, libros y el desayuno. Se ve que algún periodista con la audiencia y credibilidad del que tenía un programa sobre fantasmas introdujo el bulo. Y cuando esto pasa, cuando el bulo rueda y es sabroso, millones de españoles comienzan a repetirlo sincronizadamente como loros. Nunca faltan a la cita y no les importa si el hecho es real o falso. Con un bote como este van los niños de Ceuta a clase, agitaba Ana Vázquez el espray pimienta en su escaño cuando la presidenta del Congreso la interrumpió para decirle que, oiga, no podía estar allí con eso. La presidenta ha reventado la sesión, denunciaba minutos después la señora Vázquez indignada en el patio del Congreso. Hayase visto semejante cosa. ¿Qué artículo del reglamento me impide agitar un arma tóxica ahí dentro?, protestaba doña Ana y con razón. Quienes hace décadas redactaron el reglamento del Congreso español no cayeron en la necesidad de tener que explicarles a sus señorías que no se podía juguetear con gas pimienta durante los debates parlamentarios. Es decir, que sí se puede, concluyó doña Ana Vázquez.

Tras pedirle la presidenta que sacase aquello de allí, la diputada abandonó su escaño y el hemiciclo sin dar crédito. ¿Pues no que me ha dicho que no puedo sacar un bote de gas pimienta?, se desahogaba Ana Vázquez ante los periodistas parada y desorientada a la puerta del hemiciclo como años antes lo hizo Chenoa a la puerta de su casa. Ni que esto fuera un arma, declaró. Ni que estuviera lleno, dijo sin que nadie de los allí presentes le preguntase. Lo he vaciado hace unos días, ob-via-men-te, añadió. A continuación, le pidió a un trabajador del PP que lo vaciara. Y el tipo lo hizo. Mientras Ana Vázquez despotricaba frente a las cámaras porque el Estado opresor en manos del asfixiante sanchismo le había impedido gasear la Cámara baja, el trabajador del PP entraba a los baños del Congreso discretamente y fuera de todos los focos. Baños conectados con otros baños y con la cafetería del Congreso por sistemas de ventilación, a propósito. Baños y cafetería a los que minutos después entraron varias personas que tuvieron que ser atendidas por los médicos por inhalación de gas pimienta. Vete a saber qué habrá pasado, declaraba en directo Ana Vázquez en el programa de Ferreras cuando saltaba la última hora. Como diciendo a mí que me registren. Pero al trabajador de mi partido, mejor que no. Una trabajadora del Congreso de baja y una decena de intoxicados, entre ellos una señora que formaba parte de una delegación de Mauritania que andaba de visita para conocer las excelencias del parlamentarismo español. No os imagináis cómo está aquello, dijo a su vuelta a Mauritania con ojos enrojecidos y la mayoría pensó que era de emoción. Será desesperante cuando pasen los años y nadie nos crea.

CTXT  DdA, XXII/6475

1 comentario:

cineforumgijon dijo...

La estupidez no importaría tanto (al fin y al cabo, personas imbéciles y estúpidas ha habido, hay y habrá siempre (ahí está el irónico "Elogio de la estupidez" mordazmente escrito hace quinientos años por Erasmo de Rotterdam en el rol de descreído, al azote de imbéciles de cualquier género y condición, sin dejar de lado, en cualquier caso, su profundol humanismo,sul condescendencia con el prójimo, su optimismo convencido y su fervor creyente)... El problema es el torpe "juego sucio", la patosamente entusiasta propagación del bulo y la mentira políticamente interesada (a la que hacen juego los medios), el torticero y obtuso afán de intoxicar (nunca mejor dicho, en todos los sentidos en este caso)... Y, claro, que los medios (que se dicen serios) que circulan por los pasillos del Congreso le compren la pantomima (que, por otra parte, tan mal le ha salido).

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