Si es indudable el interés que tiene en general la serie El fascismo contra la República, de la que el autor ya lleva publicados trece capítulos en su blog, me parece especialmente atrayente para los lectores habituales de este modesto DdA el décimo tercero de los capítulos publicado hoy por el historiador Ángel Viñas. En el mismo, con ocasión del peregrinaje masivo de personalidades monárquicas a Roma en septiembre de 1935 para asistir a la boda del infante Don Juan de Borbón y dar testimonio de su adhesión a la extinta Corona, Goicoechea pordiosea a Mussolini y le cuenta los planes de los conspiradores de 1936, según titula Viñas. Los datos podrían parecer a los lectores una exageración, apunta el historiador, pero como es norma su conducta y criterio como tal los toma el profesor madrileño de un legajo que se encuentra en el Archivo Histórico de La Farnesina, con un sub-expediente de título inequívoco: Rivolta Spagnuola. Nominativi.
Goicoechea y José Calvo Sotelo
(He decidido continuar, como si no hubiera habido la interrupción del mes de agosto, esta serie que paré a finales de julio. Los lectores que se incorporen a este blog por primera vez pueden acceder a los anteriores fácilmente en Substack o Reddit)
Mientras el gran tribuno de la extrema derecha en que se había convertido Calvo Sotelo continuaba pontificando sobre los males que acechaban a su querida España, en septiembre de 1935 tuvo lugar un peregrinaje masivo de personalidades monárquicas a Roma. El motivo consistió en asistir a la boda del infante Don Juan de Borbón y dar testimonio de su adhesión a la extinta Corona. También acudieron Calvo y Goicoechea. El ABC hizo un gran despliegue informativo. No en vano asistió también su director y propietario.
La presencia de ambos políticos ocultaba un propósito que no salió a la superficie y que a la derecha española le cuesta digerir: fue la tercera vez que Goicoechea se encontró con Mussolini. Calvo Sotelo, a su vez. de nuevo se abstuvo de ir a verlo. Se ignoran las razones. De cara a la entrevista misma se conserva un grueso expediente preparado por los funcionarios más próximos al Duce y que abarcó varios meses.
Goicoechea llevaba a su vez varios documentos, en castellano, con los que deseaba informar mejor a su interlocutor. Uno de ellos, consensuado con la UME, lo reproduje en mi libro ¿Quién quiso la guerra civil? (pp. 422-425). No ha despertado, que yo sepa, muchos comentarios. Ni por la derecha ni por la izquierda. Es algo sorprendente y podría obedecer a dos posibles causas: la derecha no tiene argumentos para desarticularlo o, alternativamente, prefiere ignorar la documentación que no le gusta. Hay que inclinarse ante su aplicación del proverbio de “ojos que no ven, corazón que no siente”.
Por las informaciones de MANRIQUE sabemos, no obstante, que había costado cierto trabajo consensuar el viaje y también que Goicoechea señaló como sus enemigos más encarnizados a “Santiago” (el jefe de la OIE) y a Portela Valladares, ministro de la Gobernación.
Uno de los documentos de que constaba tenía la fecha de su redacción: 16 de julio de 1935. Contenía una afirmación tajante: “por su tendencia populista es seguro que Gil Robles no se atreva a acaudillar un movimiento (…) desde el Ministerio de la Guerra pero la UME lo hará en el momento en que él abandone el Ministerio”. Así ocurrió.
Insisto: esto se comunicó por escrito al Duce pero se redactó dos meses antes que el segundo documento. Era la nota adicional de la UME. Estaba fechada pocas semanas después de la toma de posesión de Gil Robles (6 de mayo). Los monárquicos ya lo tenían “calado”.
Dado que no se incluyó ninguna modificación en la nota adicional esto significa que hacia el verano de 1935 los alfonsinos pensaban que la situación podría tornarse crítica hacia enero/febrero de 1936. Como así ocurrió. Lo que no cabía prever serían las circunstancias concretas.
También figura en el expediente que el 1º de junio de 1935 sus funcionarios habían alertado a Mussolini sobre los monárquicos que continuaban laborando para derribar al régimen español a la primera oportunidad. Se habían visto obligados a modificar sus planes cuando se les informó que Italia no podía facilitarles los materiales previstos. (OJO a esta afirmación tan interesante). Los conspiradores no caerían otra vez en tal error y ello explica que lo hicieran tan pronto como fue posible pocos meses después.
En efecto, en aquel verano de 1935 la atención del Duce giraba intensamente en torno a Abisinia. Lo que Italia sí podía hacer era continuar suministrando fondos, que no interferían con la futura invasión africana a la mayor gloria del Impero y de Mussolini.
Por desgracia, no se ha encontrado la minuta de la entrevista. Sabemos, eso sí, que Goicoechea, de nuevo, solicitó apoyo financiero, quizá enterado de la buena disposición existente. Ya lo había hecho por primera vez en marzo de 1934 y es improbable que no lo repitiera en enero de 1935, de cuyos resultados no he encontrado nada salvo la fecha. En octubre lo acentuó por tercera vez aunque con un tonillo de urgencia.
De aquí una conclusión: la evolución de la conspiración de los monárquicos y de la UME dependía críticamente de los militares y de las cantidades que movilizaran internamente pero, y esto es lo que los historiadores españoles no suelen enfatizar, también de las armas y dineros procedentes del extranjero.
Los funcionarios italianos que prepararon la entrevista (tuvo lugar el 11 de octubre) recordaron al Duce que los acuerdos con los españoles se basaban en un programa político que preveía la restauración de la Monarquía, el nombramiento de un regente (Sanjurjo) y la formación de un gobierno con plenos poderes y que tuviese como jefe al propio Goicoechea (sic).
En este último aspecto sin duda se equivocaban. Quizá porque Calvo Sotelo nunca había hecho acto de aparición en los contactos bilaterales o porque Goicoechea exageró su propio papel.
De lo que antecede se desprende que los monárquicos y la UME estaban dispuestos a reaccionar por las armas si las izquierdas volvían al poder tras unas futuras elecciones. En aquel momento no era posible determinar cuándo se celebrarían.
El encuentro Mussolini-Goicoechea se celebró una semana después de la invasión de Abisinia. En una ocasión, pues, en la que la política interior y exterior fascistas se encontraban en estado de máxima agitación. Que el Duce hubiese dedicado a Goicoechea unos minutos de su precioso tiempo permite pensar que no lo consideraba como un acto de mera rutina.
Los amables lectores podrán pensar que exagero. En absoluto. Lo que antecede está tomado de un legajo que se encuentra en el Archivo Histórico de La Farnesina y en el que figura un expediente titulado Goicoechea y con un sub-expediente de título inequívoco: Rivolta Spagnuola. Nominativi.
DdA, XXII/6452

No hay comentarios:
Publicar un comentario