sábado, 1 de agosto de 2026

QUE NO HAYA TERCERA VEZ EN LA FRONTERA DE CEUTA

Lamentamos desconocer al autor de esta magnífica fotografía, que ilustraba el texto de González Posada, merecedora de un editorial. 

Félix Población

Sumar 50.000 personas, en su mayoría muy jóvenes, para que entren de mogollón por la frontera de Marruecos con Ceuta, no se improvisa, sobre todo si se cuenta con el caso de las 10.000 que lo hicieron hace un lustro. La conclusión que internacionalmente se saca, entonces y mucho más ahora, es que el Gobierno español presenta una vulnerabilidad alarmante en ese punto de su frontera sur. Que ahora diga que no vio venir la crisis por carencia de información, debería ser más una autocrítica que una excusa, porque tanto el presidente autonómico de la ciudad de Ceuta como los primeros informes de la Guardia Civil apuntaban a un repunte de las entradas a nado de migrantes irregulares. Cierto, desde hace unas semanas el Gobierno estaba muy ocupado por la grave situación originada en el país por los incendios forestales, algo de lo que quizá fue consciente la "organización" de lo que ha sido, una vez más, una vulneración del espacio territorial de España. En evitación de que haya una tercera vez, en la que quizá el número de personas fallecidas sea aún mayor que ahora (casi 70), puede que al régimen dictatorial alauita  no le importe sumar más víctimas entre su pueblo, pero al Gobierno de España le corresponde tratar diplomáticamente el asunto con Rabat con más contundencia que hasta la fecha, llamando también la atención en Bruselas sobre lo que implica "organizar" en el vecino país, con la tolerancia e incluso el estímulo manifiestos de sus autoridades*, una violación multitudinaria de un territorio de la Unión Europea. No puede haber próxima vez porque lo mismo que se monta una como la presenciada, sin más víctimas que las muchas que perdieron la vida ahogadas en el mar, un mínimo brote de violencia podría ocasionar muchas más. Y es de lo más fácil provocar ese brote cuando se juntan miles de personas extranjeras, invadiendo la vida cotidiana de una ciudad, tan hartas de vivir mal como con muchas ganas de vivir mejor en un país que tienen tan cerca de sus pies descalzos.

*Está dando mucho que que hablar lo que leemos en New York Times: No dijeron que las autoridades marroquíes les animaron a cruzar.

NO ES LA CRISI DE CEUTA, ES UN FRENTE INTERNACIONAL
Juan González Posada
No es la crisis de Ceuta. Es otra cosa: un frente discursivo internacional en el que confluyen varios actores, cada uno con un interés distinto y ninguno inocente. Italia amenaza con restringir Schengen y culpa a España, reforzando el discurso antiinmigración de Meloni. Marine Le Pen ha acusado a Sánchez de “alentar la entrada masiva de migrantes” y ha exigido más controles en la frontera francesa, anunciando que limitará la libre circulación de Schengen a los nacionales de la UE si gana las presidenciales de 2027: la crisis le ofrece, a las puertas de esa campaña, un argumento inmediato.
La Administración Trump habla de “políticas de extrema izquierda” para legitimar su propia agenda migratoria, mientras congresistas de su entorno, como Mario Díaz-Balart, cuestionan si Ceuta y Melilla “forman parte del territorio geográfico de España”, apoyándose en que el artículo 6 de la OTAN excluye de la defensa colectiva a los territorios africanos.
La diplomacia israelí ha entrado con fuerza: el embajador Danny Danon calificó los enclaves de “colonias” españolas, y el ministro Ben Gvir se burló de Sánchez sugiriéndole acoger a la población de Gaza. No es casualidad: las relaciones con Tel Aviv atraviesan su peor momento desde que España reconoció el Estado palestino, y desde los Acuerdos de Abraham de 2020 Israel respalda las aspiraciones marroquíes sobre el Sáhara a cambio del reconocimiento de Rabat. Presionar a España por Ceuta es, también, presionarla por Gaza.
La ultraderecha española y europea presenta la llegada como “invasión” para debilitar al Gobierno y endurecer la política migratoria. Marruecos, mientras tanto, niega responsabilidad y ofrece cooperación una vez que la presión ya ha hecho su trabajo: mantiene así su capacidad de presión sin asumir el coste diplomático.

Ninguno de estos actores discute los hechos de Ceuta; discuten, cada uno por su lado, otra cosa: Schengen, las presidenciales francesas, política interior estadounidense, Gaza, un Gobierno al que debilitar.
Algunos dicen que llamarlo operación coordinada sería más de lo que prueban los hechos: lo verificable es un ecosistema ideológico convergente, un puñado de figuras de primer nivel internacional que, sin necesidad de ponerse de acuerdo, coinciden con extraña puntualidad en poner el mismo asunto sobre la mesa —unidas, eso sí, por un mismo pensamiento reaccionario. La crisis migratoria es la excusa común; el interés, siempre, es otro.

Hace falta vigilancia intelectual para no repetir, sin darse cuenta, su vocabulario, y para pensar el tema desde el sitio correcto.

DdA, XXII/6424

1 comentario:

cineforumgijon dijo...

El problema es muy grave porque se juega en despachos donde con frecuencia (casi siempre) se olvida se olvida que se está jugando con personas en situación de precariedad vital (lleguen o mueran en el intento)... Lo hace el régimen tiránico de Marruecos (supuestamente "amigo", para lo que hasta se ha cambiado la postura sobre el Sáhara abandonando a aquella población de quienes fueran un día españoles y sus descendientes), lo hace ese Ministerio del Interior que practicó sin rubor las ilegales "devoluciones en caliente" en la crisis anterior o que legitimó los disparos con pelotas de goma a quienes pretendían alcanzar la orilla en otras ocasiones... Y, claro, lo hace la carcundia internacional en el poder (o aspirando a él), a la para quien los seres humanos sólo valen lo que indican sus propiedades y cuantas corrientes (por mucho que, para disimular, se envuelvan en coloridas banderas, seguramente fabricadas todas ellas en China, como diría El Roto). La dejación de funciones (por mucho que hubiese otros frentes que atender) no tiene, desde luego, justificación alguuna y, además, traslada un problema enorme (de hecho, irresoluble en esa soledad) a las autoridades ceutís: a hacerse cargo de repente a la irrupción de más de la tercera parte de una población de poco más de ochenta mil habitantes. Un dislate humano con muchos agentes implicado, en fin,s por acción y por omisión.

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