lunes, 31 de agosto de 2026

EL VALOR DE LA MEMORIA ORAL PARA CON LA MEMORIA DEMOCRÁTICA*



Félix Población 

Fueron 19 las personas de Villamartín del Sil víctimas de la represión franquista tras la sublevación militar de 1936. Las 19 tendrán por fin un homenaje a su memoria en el cementerio con la colocación de una placa que rescate sus nombres del olvido, a iniciativa de sus familiares y con el apoyo del Ayuntamiento de Páramo del Sil. La mayoría de las víctimas (16) fueron ejecutadas extrajudicialmente.

Debemos a mi estimado Santiago Macías, autor del libro El monte o la muerte: la vida legendaria del guerrillero antifranquista Manuel Girón, la relación de esas víctimas, facilitada a sus familiares y al Ayuntamiento de Páramo del Sil. Treinta años de investigación por parte de Macías sirven finalmente para que la memoria de los asesinados tenga el nombre que sus ejecutores también pretendieron enterrar.

Solo 8 de las 19 víctimas aparecían inscritas en los correspondientes registros civiles, por lo que para saber la identidad de las restantes, el investigador hubo de recurrir a la memoria oral con el tiempo suficiente para contar con los testimonios correspondientes antes del fallecimiento de quienes los prestaron.

Algo similar ocurrió con la investigación que logró la identificación de las 35 víctimas del franquismo enterradas en la curva de Magaz de Abajo. Todos los nombres recuperados para dar luz a su memoria fueron también entregados al Ayuntamiento de Camponaraya en 2021 por Santiago Macías. 

Coincido con el investigador berciano en que la memoria oral no es un sustituto imperfecto de los papeles. A menudo -tal como nos dice- es el único refugio donde sobrevivió la verdad cuando el Estado se ocupó de borrar las huellas de las víctimas: "Condicionar la existencia de una víctima al hecho de aparecer en un documento oficial es una forma sutil de perpetuar la impunidad. En un régimen que controlaba, alteraba, obviaba o destruía documentación, la "versión oficial" es la del vencedor; la memoria oral, sin embargo, guarda la dimensión de la tragedia".

No se puede despreciar el testimonio oral bajo el pretexto del "rigor académico" o la falta de pruebas documentales, porque eso no es neutralidad sino complicidad con el silencio, entiende el autor de "El monte o la muerte". En el caso de los vecinos y vecinas de Villamartín del Sil que fueron asesinados en 1936, 11 de ellos hubieran sido víctimas de un doble olvido. El primero, impuesto por la represión franquista y el segundo por la burocracia institucional. Para evitarlo, ahí está el trabajo de Santiago Macías al "validar la voz de quienes guardaron la verdad cuando nadie más quería escucharla".

*Enviado al diario Heraldo de León.

DdA, XXII/6451

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