Lazarillo
Un repetido y débil maullido en medio de la madrugada y un desolador entorno de ruinas, cuando ya sólo se espera encontrar más muertes bajo los escombros de la catástrofe, advirtió a los equipos de trabajo que el pasado 17 de julio, más de veinte días después, la vida respiraba bajo los restos de la devastadora destrucción que ha causado más de 5.000 víctimas mortales en Venezuela. Habían transcurrido más de tres semanas desde el doble y consecutivo seísmo que sufrió aquella república y la llamada de auxilio de una pequeña mascota doméstica concentró todo el esfuerzo de sus rescatadores para asomarla a la luz, después de haber liberado a la gata abriendo una galería entre los escombros tras varias horas de trabajo. Cuando todo un equipo de bomberos y brigadistas, sin posibilidades de encontrar después de tantos días a ningún ser vivo más que respirase bajo tanto derrumbe, se moviliza con ese celo ante el débil y lastimero maullido de una pequeña gata, ha de ser en verdad reconfortante conseguir el rescate. Lo confirman las voces alborozadas de quienes lo lograron con Luly Pascualin, a quien abrazan y acarician como si así abrazaran la ausencia de tantas víctimas que quedaron enterradas bajo las ruinas porque su aliento y sus gritos se perdieron en el silencio.
EL SOCORRISTA MÁS POPULAR DE LA GUAIRA
Él es William, aunque aquí todos lo conocen como “El Tiburón”.
Es uno de los socorristas más populares de las playas de La Guaira, en Venezuela. El terremoto le sorprendió trabajando junto al mar y, desde el primer minuto, se lanzó a ayudar.
Rescató a personas atrapadas entre los escombros, improvisó torniquetes para contener hemorragias y pasó horas buscando a quienes aún podían salvarse.
Un mes después sigue aquí. Ahora colabora voluntariamente para recuperar los cuerpos que continúan bajo los edificios derrumbados. Entre ellos ha encontrado a amigos, vecinos y personas a las que conocía desde hace años.
Como él, hay muchos voluntarios que no se han marchado, y siguen trabajando cada día, a menudo con escasez de maquinaria y de recursos, porque saben todo lo queda por hacer.
En coberturas como esta siempre termino encontrándome con personas que nos devuelven la fe en los demás. William es una de ellas. Y conocer historias como la suya es también una manera de entender la dimensión humana de una tragedia. Almudena Ariza
DdA, XXII/6415

No hay comentarios:
Publicar un comentario