Miranda se pregunta si caso de llegar a la final del Mundial de Fútbol la selección española, permitirá el juez Peinado o su sustituto que el Presidente del Gobierno y su esposa estén en el palco. Antes de eso habrá que llegar a la final, claro, algo que, suponiendo pueda llegar a la misma la selección argentina, va a plantear a este Lazarillo la posibilidad de no ver el encuentro. Esta selección nunca debió pasar a cuartos de final a costa de la selección egipcia, víctima de la mayor injusticia arbitral que se haya dado nunca en una competición de esta entidad. Ya contra Argelia, el ídolo de la selección argentina, Lionel Messi, debió recibir la tarjeta roja por una patada de mala baba a un adversario, merecedora de esa sanción. Antes de esa final no deseable con España -más por motivos de sospecha arbitral que por las dificultades futbolísticas que pueda ofrecer como adversario Argentina-, deberán superar Messi y sus compañeros a las selección de Suiza y a la vencedora del Noruega-Inglaterra. Para empezar, habrá que estar muy atentos al arbitraje de los cuartos de final, por si se parece al que dejó a Messi sin expulsión y sanción frente a Argelia, y a la selección egipcia sin victoria. El fútbol le estará siempre agradecido a los jugadores de este equipo por haber jugado como lo hicieron. (Se registraron 23 errores arbitrales en el partido entre Egipto y Argentina. Es la cifra más ALTA en un encuentro del Mundial 2026 y otra vez la selección Argentina involucrada. Algunas federaciones nacionales piden la destitución del presidente de la Comisión de Árbitros de la FIFA, el histórico exárbitro italiano Pierluigi Collina, quien dirige el organismo encargado de aplicar las reglas de juego y de designar a los árbitros para los grandes torneos, como la Copa Mundial de la FIFA 2026).
Celso Miranda
Más allá de los cuartos, vaticino dos apasionantes semifinales: Francia-España (con permiso de Marruecos) y Argentina-Inglaterra, que convocará a viejos fantasmas. El mundo ha cambiado de forma acelerada en los últimos tiempos, y el fútbol, simplificación a escala, no va a ser menos. Abochorna el comportamiento servil de Infantino, epígono del capitalismo menos sutil, siempre a favor de los poderosos. Pero, ay, la grandeza del fútbol está en los detalles y en que no todo se puede manejar hasta sus últimas consecuencias. Ahí está la victoria belga, humillante, sobre el equipo de un tipo que no sabe qué cosa son las normas porque ha nacido para transgredirlas. O el susto, mayúsculo, que una selección que ondea la bandera palestina asestó a las cuentas de un Mundial que no podía permitirse dejar a Argentina caer en octavos. El mundo visualiza las injusticias, y las anota. Fue un robo. Pese a la mayúscula reacción de Messi, tan listo en la cancha como inane fuera de ella, Egipto denunció el saqueo, mostró las líneas rojas del sistema fútbol y enseñó a millones que no todo está perdido. Bueno, sí, está perdido el sentido de la dignidad de quienes salen señalados de esta cita: Infantino, Trump (que sigue en su decadencia sin fin) y el mundo sin reglas. Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir. A estas alturas, apostamos a la España primus inter pares, sin prioridades nacionales. Sólo nos asalta una duda: ¿podrá ir Begoña Gómez a la Final, acompañando al Presidente? ¿Terminará el juez Peinado sus vacaciones para entonces o será el sustituto quien resuelva? A mí, de momento, me representa estupendamente Javier Bardem, heredero de lo mejor de esta España sin odios ni rencores.
DdA, XXII/6402

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