José Ignacio Fernández del Castro
«Half-cracked prejudice leaped forth,
"Rip down all hate," I screamed,
Lies that life is black and white,
Spoke from my skull, I dreamed
Romantic facts of musketeers
Foundationed deep, somehow
Ah, but I was so much older then;
I'm younger than that now.»
«Medio atormentado me saltaban prejuicios,
“destruir todo odio” gritaba,
mentía que la vida es blanco o negro,
hablaba desde mi cráneo, soñaba
románticas hazañas de mosqueteros
de algún modo profundamente instauradas.
Ah, pero yo era entonces más viejo;
soy más joven ahora...»
Robert Allen Zimmerman, conocido como Bob DYLAN; Premio Príncipe de Asturias
de las Artes 2007, Premio Nobel de Literatura 016 (Duluth, Minnesota, Estados Unidos;
24 de mayo de 1941): Estrofa de la canción “My Back Pages”, publicada en
Another Side of Bob Dylan (1964).
Cuando uno ve, en todo, prejuicios que deben ser saltados alegremente, cuando uno piensa que el mundo puede ser una especie de armonía preestablecida donde desaparezca el conflicto y reine el amor, cuando uno percibe la realidad en maniqueos fotogramas de blanco y negro, cuando uno dirige sus sueños hacia las mediáticas hazañas de viejos superhéroes, entonces, sí, la gente suele opinar que uno anda un poco perdido en la confusión entusiasta de los pocos años... Pero, en realidad, más bien parece el resultado simplificador de la pérdida de facultades, de la decrepitud vital, anímica y cognoscitiva.
Porque, en realidad, cuando uno se va haciendo mayor en años (bien empleados y cumplidos), va consolidando sus facultades para captar lo complejo, va fortaleciendo el lugar que le permite desarrollar algún punto de vista propio sobre la vida, va fortaleciendo su ánimo y haciendo crecer su conocimiento… Así que uno se va volviendo casi imperceptiblemente, si es honesto consigo mismo y con el mundo, más radical, más capaz (y deseoso) de ir a las raíces de las cosas. Es decir, más joven, más dispuesto a emplear la pasión racional (y la razón apasionada) en la búsqueda de las verdaderas raíces de los problemas y situaciones. Y acaba por aceptar casi gozosamente que el conflicto es el verdadero caldo de cultivo que hace crecer la vida, que los desastres vienen siempre dados por las actitudes fanáticas que se adoptan ante él, que algunos prejuicios tienen su (prudencial) razón de ser, que nunca nada se soluciona mediante las hazañas de superhéroe o superheroína alguna...
Se trata simplemente de seguir siendo jóvenes hasta morir de viejos... Personalmente, hoy, más cerca ya de las siete décadas que de las seis, siento que, como cantaba Bob Dylan hace bastante más de medio siglo, yo era mucho más viejo por entonces... O, bueno, soy más joven (y radical) ahora.
DdA, XXII/6408

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