martes, 16 de junio de 2026

MARCO RUBIO, EL VERDUGO DE SEDA. GENEALOGÍA DE UNA SOMBRA


Si Cuba se levanta, Marco Rubio se derrumba. Él necesita la isla arrodillada para que su identidad de gusano privilegiado tenga sentido. Es un vampiro existencial que se nutre de la sangre de un pueblo al que dice representar, pero al que condena a la asfixia con una sonrisa de hipócrita. Él es uno de los mayores productores de balseros y vulcanólogos en los últimos tiempos, que luego rechaza; es el arquitecto de la escasez que luego fotografía para justificar más sanciones....Lo más abyecto de Rubio es su uso del significante “libertad”. Ha vaciado la palabra de su contenido material. Para él, la libertad no es comer, sanarse o educarse. No. La libertad es el derecho del capital a devorarlo todo, empezando por la soberanía de los pueblos. En su retórica, la democracia es el nombre marketinizado de la sumisión al Imperio.

Raulito Torres/Aquí La Habana
Para entender al sicario, hay que visitar la fábrica del crimen. El origen no justifica, pero delinea la arquitectura del horror. Marco Antonio Rubio no nació en el solar del hambre, nació en la antesala del sueño americano, hijo de la pequeña burguesía cubana que hizo del exilio no un duelo, sino un negocio ontológico. Su padre y su madre, con Trabajos dignos, hay que decirlo, pero envueltos en la mitología de la "Cuba de ayer", una isla que para él nunca fue geografía, sino una herida heredada que aprendió a rascar hasta sacarle pus rentable.
Desde la humedad de Miami, el joven Marco no sólo aprendió el materialismo de la necesidad, también aprendió la teología del resentimiento. Su etapa mormona es clave: encontró en aquella fe la estructura vertical y mesiánica que cuadraba su narcisismo en ciernes. No buscaba a Dios, buscaba un escenario. La política no fue para él la administración de lo común, sino la escenificación de una venganza metafísica.
Aquí llegamos al núcleo duro de su ser, ahí político. No estamos ante un conservador clásico. El conservador teme al cambio; el fascista teme a la vida y necesita administrar la muerte para sentirse vivo. Rubio ejerce lo que podríamos llamar, torciendo a Mussolini, una necropolítica vicaria. No dispara, pero su palabra es el gatillo ideológico que legitima el hambre.
Su manera de ejercer el poder no es la del burócrata frío. Es peor: es la del predicador emocional del sadismo. Cuando Rubio, con su perfecto inglés y su traje caro, firma una nueva enmienda contra el pueblo cubano o veta la entrada de remesas, no está haciendo política exterior. Está realizando un ritual de pureza. Su “máxima” fascista no es “pienso, luego existo”, es “hago sufrir al otro, luego soy el elegido”.
Su bloqueo es su sostén "psicovívitus"*.
Si Cuba se levanta, Marco Rubio se derrumba. Él necesita la isla arrodillada para que su identidad de gusano privilegiado tenga sentido. Es un vampiro existencial que se nutre de la sangre de un pueblo al que dice representar, pero al que condena a la asfixia con una sonrisa de hipócrita. Él es uno de los mayores productores de balseros y vulcanólogos en los últimos tiempos, que luego rechaza; es el arquitecto de la escasez que luego fotografía para justificar más sanciones....
Lo más abyecto de Rubio es su uso del significante “libertad”. Ha vaciado la palabra de su contenido material. Para él, la libertad no es comer, sanarse o educarse. No. La libertad es el derecho del capital a devorarlo todo, empezando por la soberanía de los pueblos. En su retórica, la democracia es el nombre marketinizado de la sumisión al Imperio.
Su fascismo contemporáneo no lleva botas militares; lleva mocasines italianos. No grita en una plaza; twittea con veneno destilado en frío. Es el rostro “aceptable” del odio en el Congreso, el latino que cierra la puerta a los latinos, el hijo de inmigrantes que demoniza la inmigración. Es la encarnación de lo que el filósofo existencialista llamaría la mala fe: un ser que se miente a sí mismo para escapar de la angustia de saberse un traidor a su clase, a su estirpe y a su humanidad.
Mira su trayectoria: del Tea Party a lamer las botas de Trump, aquel que insultó a su esposa y humilló su hombría. No tiene ideología, tiene una prótesis de acero en lugar de espina dorsal. Es un hombre sin atributos, un recipiente vacío que se llena con el veneno que le sirve el donante de turno, siempre y cuando ese veneno sirva para estrangular un poco más la esperanza de los de abajo.
Escúchame, Marco, desde esta trinchera de palabras a la que nunca podrás censurar su voz... Tú, que te escondes tras el imperio como un niño tras las faldas de una madre violenta. El pueblo cubano no te vio crecer, no te vio transfigurarte en un dictador de la miseria ajena.., hasta que apareciste con tus ademanes prenazsistas hace ya varios años...
Tu vida es una elegía a la bajeza. Te crees Moisés, pero eres el Faraón, con el corazón tan endurecido que ni las lágrimas de once millones de almas en la isla, ni el grito de la madre que no encuentra la medicina, logran hacerte un rasguño en la conciencia. Porque tu conciencia es un desierto donde la solidaridad no florece.
Pero quiero decirte algo, en este español caribeño que reniegas pero que te delata: la ceiba de la nación cubana tiene raíces más hondas que el asfalto de Miami. Soportamos el cañón español, el látigo yanqui y la ingratitud de sus hijos descarriados. Tú no eres el mayor verdugo, eres apenas un aspirante, un triste émulo de los Somoza, Pinochets, Videlas... que terminan mordiendo el polvo de la historia. Eres el dolor, sí, pero eres un dolor que ya se canta, un dolor que ya se baila, un dolor que, como todo lo que toca el alma cubana, estamos transformando en resistencia, en ritmo y en futuro.
No te tenemos miedo, Marco. Te tenemos lástima. Porque cuando la historia te pase la cuenta, no tendrás Patria que te llore ni pueblo que te recuerde. Serás polvo de archivo, una nota al pie en la gran épica de la resistencia caribeña. Y en La Habana, mientras tanto, un solar entero te dedicará una guaracha burlona, porque ese, el del choteo frente al verdugo, es nuestro más profundo y eterno acto de soberanía.

Lástima te tengo, sombra. Porque has hecho de tu vida una larga y penosa ceremonia de muerte. Y cuando mueras, la vida en Cuba seguirá bailando sobre tu restos de recuerdo y tú memoria será entonces, el polvo culpable y barrido en una oficina de intereses . 

*Licencia del autor. Me da la gana.

DdA, XXII/6380

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