viernes, 19 de junio de 2026

EL VOTO DECENTE EN COLOMBIA Y EL VOTO A TRUMP Y SUS BASES MILITARES

 Mark Weisbrot es codirector del Centro para la investigación de economía y políticas, y autor de Failed: What the ‘experts’ got wrong about the global economy, y acaba de publicar este artículo en Los Angeles TimesTrump, apoyando a Espriella y después de amenazar a Colombia con una acción militar hace cinco meses, parece decidido a ser un presidente en guerra, y este hemisferio ha sido el teatro escogido por Rubio. De la Espriella ha propuesto llevar de vuelta las bases militares estadunidenses a Colombia para crear el Plan Colombia 2.0, según su dicho. Está recordando al pueblo colombiano que no le importa en absoluto la inminencia del sufrimiento humano que la guerra ha causado y que puede acarrear de nuevo.



Mark Weisbrot

El presidente Donald Trump ha dado su “apoyo total y completo” al candidato derechista de línea dura a la presidencia de Colombia, Abelardo de la Espriella, para la segunda ronda de la elección presidencial el próximo domingo. Más que expresar su preferencia personal, el Ejecutivo estadunidense también anotó que “los resultados de esta elección son muy importantes para el futuro de Colombia y para su relación con Estados Unidos”, y que Abelardo “tendrá el apoyo y fuerza total de Estados Unidos detrás de él”. 

Que un presidente intervenga de esta forma en una elección de otro país viola normas internacionales. Desde luego, podría haber alguna reacción contraria de los electores colombianos, quienes lo verán como un asalto a la democracia y a la soberanía nacional. En especial porque Trump, quien cuenta con las fuerzas armadas más poderosas del planeta, amenazó con acción militar contra Colombia hace menos de cinco meses. “Vengan por mí”, respondió entonces el presidente colombiano, Gustavo Petro. A raíz de ello, Petro fue invitado a reunirse con Trump en la Casa Blanca, donde el estadunidense se mostró en definitiva mucho más amistoso. Hasta que decidió –él o sus consejeros, con Marco Rubio a la cabeza– apostar por un presidente colombiano de derecha que favorezca sus intereses. 

De la Espriella parece apropiado para la tarea, al proponer una alianza de “dos líderes que se respetan y comparten los mismos valores y principios inamovibles” y solicitar “unirse a la Alianza del Escudo de las Américas”. El Escudo de las Américas es una coalición de gobiernos de derecha en la región, formada en marzo y conducida por el gobierno de Trump. 

En la primera ronda, De la Espriella quedó en primer lugar por 2.8 puntos porcentuales contra Iván Cepeda, senador por el izquierdista Pacto Histórico, encabezado por Petro. Durante la presidencia de Petro, de 2022 a 2025, el salario mínimo ajustado a la inflación se elevó 39 por ciento. 

La tasa de pobreza ha caído de manera sustancial, a 23.5 por ciento, de 2022 a la fecha. Más de 3.9 millones de personas han sido sacadas de la pobreza. La tasa de pobreza extrema se redujo aún más en términos porcentuales: 30 puntos, o 1.9 millones de personas. La pobreza extrema se define como un ingreso demasiado bajo para cubrir necesidades básicas; la línea de pobreza extrema en Colombia fue de 58 dólares al mes en 2025, alrededor de 1.90 dólares al día. 

Cepeda se ha comprometido a continuar poniendo énfasis en reducir la pobreza y aumentar el ingreso por persona, así como la red de seguridad de la mayoría. En contraste, De la Espriella favorece el enfoque “motosierra” de derecha, que incluye una reducción de 40 por ciento del tamaño del gobierno y el recorte de 70 mil empleos. Esto no va a reducir la pobreza ni a elevar los niveles de vida de la mayoría de los colombianos. 

Sin embargo, peores cosas podrían ocurrir con un presidente como De la Espriella, aliado con Trump. Tal presidencia conllevaría un alto riesgo de muerte y destrucción en un país que durante décadas ha tenido enorme sufrimiento por la violencia y el conflicto armado. El peligro puede verse en las cercanas conexiones que de tiempo atrás tiene De la Espriella con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las cuales le dan su apoyo. Se trata de la organización paramilitar históricamente más grande y letal del país, responsable de decenas de miles de asesinatos, con abrumadora mayoría de civiles. 

De la Espriella se hizo prominente en un principio como abogado de las AUC, pero también ha sido cercano a sus líderes y ha trabajado en otras formas para ellos. Por ejemplo, desplegó esfuerzos significativos para presentar a personas que cometieron masacres y otros crímenes de lesa humanidad como actores políticos que no deben ser procesados. No es sorprendente que De la Espriella haya hecho campaña contra los acuerdos de paz de 2016 en Colombia, así como contra su puesta en vigor. 

Favorece un despliegue militar más extenso, así como “megaprisiones” para encarcelamientos en masa, según el modelo de Nayib Bukele en El Salvador –otro miembro del Escudo de las Américas de Trump–, que ha triplicado la población encarcelada en ese país. Esos son los “valores y principios inamovibles” que observamos. En este marco mental, la guerra es la respuesta. Trump sacudió a buena parte del mundo cuando expresó esos valores en una amenaza a los 90 millones de pobladores de Irán, el 7 de abril: “una civilización entera perecerá esta noche para no volver jamás”, dijo. 

La forma más generosa de describir a líderes como Trump y De la Espriella es decir que han perdido la mayor parte de su humanidad. De allí la amenaza que una alianza entre ellos representa para Colombia. El equipo de Trump parece haber ido a grandes extremos para buscar conflicto violento en este hemisferio desde el principio de su periodo presidencial. 

Empezó con la designación de “cárteles y otras organizaciones” como organizaciones terroristas extranjeras el primer día de su presidencia, y luego con el bombardeo y matanza de decenas de personas en pequeñas embarcaciones inermes, en el Caribe y el Pacífico Occidental. Esto, de acuerdo con expertos en derecho militar, es asesinato porque las víctimas no eran combatientes. En general, no se ofrecieron pruebas del supuesto tráfico de drogas. Hubo algunas acusaciones absurdas, como que se transportaba fentanilo, el cual ni siquiera llega a Estados Unidos desde América del Sur. 

Culminó con la “victoria” de Trump al capturar el petróleo venezolano y a su presidente. Y ahora, la constante amenaza de atacar a Cuba, que ya sufre enormemente por el bloqueo estadunidense, el cual es, por definición, un crimen de guerra conforme a la Cuarta Convención de Ginebra, que prohíbe el castigo colectivo cuando hay un conflicto armado. Incluso antes de que el bloqueo cortara el petróleo y la mayor parte de la electricidad de Cuba, el endurecimiento de sanciones por parte de Washington a partir de 2019 ha incrementado 148 por ciento la tasa de mortalidad infantil en la isla. 

Trump parece decidido a ser un presidente en guerra, y este hemisferio ha sido el teatro escogido por Rubio. De la Espriella ha propuesto llevar de vuelta las bases militares estadunidenses a Colombia para crear el Plan Colombia 2.0, según su dicho. Está recordando al pueblo colombiano que no le importa en absoluto la inminencia del sufrimiento humano que la guerra ha causado y que puede acarrear de nuevo. 

LOS ANGELES TIMES  DdA, XXII/6383

1 comentario:

JOSÉ IGNACIO dijo...

La verdad es que cuando hablamos de injerencia ante el discurso de Robert Prevost en seda parlamentaria española, no tenemos en cuenta cosas como esta de Trump... Claro que esto no es propiamente injerencia, sino simple y llanamente "tentativa de chantaje a un pueblo"... Una vez más dinamitando todo el ya de por sí endeble (y hasta hipócrita) "orden internacional"...

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