Da igual que dentro de unos meses todo se reduzca a humo y alguien tenga que explicar por qué las prisas llegaron después de los hechos consumados. El objetivo no era la sentencia, era el barro. Y el barro, curiosamente, siempre salpica al mismo sitio. Qué mala suerte la de cierta izquierda, que siempre tropieza con una investigación justo cuando huele a calendario electoral. Es una coincidencia que roza lo divino.
Javier García Durán
Zapatero está imputado. Punto.
Lo hemos repetido hasta la saciedad, pero hay un ruido de fondo que ningún volumen de tertulia televisiva logra tapar, el sonido de una pieza encajada a martillazos donde la ley prohíbe entrar.
Todo gira alrededor de un teléfono. Un cacharro incautado hace cinco años en un aeropuerto de EE. UU. que ha pasado media década criando polvo burocrático hasta que, por arte de magia, se ha transmutado en la piedra filosofal de una imputación contra un expresidente del Gobierno.
Pero tranquilos, que Calama no es Peinado.
Aquí viene la parte fascinante. Nos venden un caso tan limpio, tan sólido y tan impecable que, de repente, tienen que salir corriendo a pedir permiso a Estados Unidos para usar esos datos.
¿Ahora? ¿No hace cinco años? ¿No antes de montar la pelicula? No. Ahora. Después. Cuando el dato ya ha cumplido su función, titular, sospecha, desgaste y horas de plató.
Es una maravilla procesal el equivalente jurídico a comerse el menú degustación entero y, al pedir la cuenta, preguntar muy educadamente si el restaurante tenía licencia de cocina.
Y claro, justo cuando alguien se atreve a señalar que la base del asunto tiene más agujeros que un colador, aparece la solución mágica: una pieza separada.
Qué casualidad tan oportuna. Otro recorrido, otro ciclo de titulares, otro salvavidas para el espectáculo. Pero tranquilos, que Calama no es Peinado.
Da igual que dentro de unos meses todo se reduzca a humo y alguien tenga que explicar por qué las prisas llegaron después de los hechos consumados. El objetivo no era la sentencia, era el barro. Y el barro, curiosamente, siempre salpica al mismo sitio. Qué mala suerte la de cierta izquierda, que siempre tropieza con una investigación justo cuando huele a calendario electoral. Es una coincidencia que roza lo divino.
Cuando pides permiso después de usar la prueba, cuando la urgencia legal nace cinco años tarde y la solución procesal aparece justo a tiempo para mantener vivo el show, uno deja de mirar la función. Deja de ver justicia. Empieza a ver la trampa.
Y fingir que no la vemos es lo que nos convierte en parte del decorado, se piensan que el pueblo somos gilipoll....Mafia pura mafia ...".
DdA, XXII/6382

No hay comentarios:
Publicar un comentario