No quiero dejar sin recomendar, ahora que el autor lleva ya nueve capítulos publicados, lo que mi admirado Ángel Viñas está escribiendo en su blog (angelviñashist@substack.com) bajo el título El fascismo contra la república. Los monárquicos y su ataque a la democracia. En este noveno capítulo nos habla Viñas del papel jugado por la llamada Unión Militar Española (UME), cuyo nacimiento data de finales 1933 o comienzos del año siguiente según el historiador, pero antes en todo caso de la denominada revolución de Octubre de 1934. "Que no fue un “invento” exclusivamente castrense -nos dice Viñas- puede confirmarse merced a la inscripción en el expediente sobre la misma de un historiador militar franquista en el Archivo General Militar de Ávila: “¡OJO! Muy interesante y delicado".
Ángel Viñas El mejor regalo que los gobiernos de 1934 pudieron hacer a los enemigos de la República fue acercar a unos y a otros conspiradores en España. Calvo Sotelo tomó posesión de su escaño en Cortes y se lanzó a una desenfrenada actividad política. Cuidadosamente desconectada de su papel en la conspiración ha sido objeto de numerosos estudios. El más detallado es la biografía que le dedicó el profesor Alfonso Bullón de Mendoza con un “tocho” de varios centenares de páginas. En el interín, y como recordó Sainz Rodríguez, se había creado una “oficina de carácter administrativo” en un piso propiedad del diplomático José Antonio Sangróniz. Situado en el callejón del Arenal y próximo al despacho de abogados de Calvo Sotelo en la madrileña calle Mayor. El gran conspirador cum catedrático se limitó a recordar que muchos militares retirados por las leyes de Azaña necesitaban de un habilitado (gestor en terminología actual) que les facilitara los trámites para cobrar sus pensiones. El artilugio pronto dio para más. Se empezó almacenando en él propaganda derechista. Luego el general Luis Orgaz, posterior instrumento en los preparativos de Franco para asesinar al compañero de ambos Amado Balmes, recomendó al eminente catedrático que se hiciera el encontradizo con algunos militares que él estimaba muy importantes “a los que convenía ilustrar y amueblar la cabeza con ideas claras sobre sus posibles actividades”. Es decir, que les practicase un “lavado de cerebro” en favor de la Causa. En las fuerzas armadas fue creándose a la par un clima que propició la aparición de la Unión Militar Española (UME). La fecha exacta de su aparición ha dado lugar a controversia. Algunos afirman que fue a finales de 1933 o principios de 1934. Una octavilla clandestina la sitúa en mayo de este año, es decir, inmediatamente después de la amnistía. En todo caso antes de la denominada “revolución de Octubre”. De su aparición no tardaron en darse cuenta algunos militares progresistas. El ulterior general Antonio Cordón recordó en sus memorias (revisadas por servidor) que un grupo de oficiales se enteró a través del teniente coronel José Gayoso Cussí, destinado en el Estado Mayor Central del Ministerio de la Guerra. Es improbable que la noticia fuese desconocida del titular de este José María Gil Robles y del jefe de aquel: Francisco Franco. La embajada italiana no tardó en enterarse. Que no fue un “invento” exclusivamente castrense puede confirmarse merced a la inscripción en el expediente sobre la misma de un historiador militar franquista en el Archivo General Militar de Ávila: “¡OJO! Muy interesante y delicado” No era para menos ya que en dicho expediente había referencias a las relaciones con, entre otros, Goicoechea, Calvo Sotelo, Primo de Rivera, Fal Conde, Sainz Rodríguez, Escobar (marqués de las Marismas del Guadalquivir), Jorge Vigón, etc. Es decir los conspiradores militares de primera hora. En la Causa General el ya general carlista Ricardo Rada testimonió que la UME se codeó con Sanjurjo, Franco, Mola, Orgaz, Barrera, Goded, Villegas, etc. Es decir fue una organización militar y monárquica para entrar en acción cuando las circunstancias lo exigiesen. Simultáneamente Calvo Sotelo predicaba la necesidad de un Estado fuerte, integrado y, sobre todo, anticomunista. En el interín Ansaldo se incorporó a Falange como jefe de “objetivos”, es decir de “preparación de golpes de mano, creación de una campaña de agitación y, por último, ejecución de represalias”. En sus propias palabras. Al parecer, afirmó, ya caían muchos falangistas víctimas de las izquierdas. Había que responder con la misma moneda y, si era necesario, adelantarse. (continuará angelviñashist@substack.com) DdA, XXII/6393 |

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