viernes, 29 de mayo de 2026

TRAS EL 15M LAS CUENTAS PARA GOBERNAR ESPAÑA YA NO SALÍAN

Otro buen artículo del firmante en CTXT (El que pueda dilapidar, que dilapide), sobre todo con fragmentos como este con el que lo encabezamos: Imagínese que usted es un poderoso. Es decir, un miembro de una de esas 40 o 50 familias que dominan España. Hace 20 años, su capacidad de influencia y control era absoluta. Si gobernaba el PP, usted mandaba. Si gobernaba el PSOE, mandaba usted. Todo el poder político trabajando para satisfacerle, un montón de medios, repartidos en ideología conservadora y progresista haciendo más de lo mismo, una policía a la que nadie ponía en duda y unos jueces que, por supuesto, eran considerados seres de luz. Tenía usted todas las armas en su mano hasta que algo sucedió. Tras el 15M y la llegada de nuevos partidos, las cuentas para gobernar España ya no salían. En lugar de respetar la democracia, comenzó el quien pueda hacer, que haga. Coincido plenamente con la última frase del artículo: La mala noticia es que, a corto plazo, todo este descaro es peligroso, nocivo para la sociedad. La buena noticia es que, a medio plazo, no será nada beneficioso para quienes lo están provocando.



Gerardo Tecé

No habíamos terminado de frotarnos los ojos con la imputación de Zapatero cuando, en la mañana del miércoles, la UCO entraba en la sede del PSOE. Por fin se iba a descabezar a la organización criminal que gobierna España. Era la única conclusión posible tras la avalancha de titulares sincronizados de la prensa derechista, es decir, de la prensa española. Estamos ante el golpe final al sanchismo, aseguraban unos. Se trata de financiación ilegal, decían otros. Hubo quienes dieron la noticia de la entrada de la Guardia Civil a Ferraz antes de que se produjese. Es decir, hubo filtración. Se van a reír ustedes, pero desde la condena sin pruebas al fiscal general, en España se han seguido produciendo filtraciones, solo que ya no son graves y nadie las investiga. Un día es un día, dijeron aquella vez los jueces del Supremo.

Tampoco es habitual ver entradas de la UCO así, a lo loco. Cuando van es por algo sólido, importante. Por ejemplo, a casa de Ayuso nunca fueron cuando lo de su padre, ni cuando lo de su hermano ni tampoco cuando lo de su novio. De hecho, ha pasado un año desde que a la UCO le fue encargado un informe sobre Alberto González Maserati y el informe no llega. No hay prisa y tampoco parece tenerla el juez que lleva ocho meses sin autorizar el acceso a las cuentas de la pareja de la presidenta madrileña. Cosas que pasan. O que no pasan. Depende.

Entre imputaciones y registros, Leocenis García, un preso venezolano liberado hace unos años tras la intermediación de Zapatero, andaba de visita por España y publicaba en X que, pese a que la mayoría de sus amigos españoles eran del Partido Popular, le parecía que la oposición del PP era “un camino peligroso y lleno de irrespeto a las instituciones”. Añadía el expreso que, tras ser entrevistado por El Debate por invitación de su director Bieito Rubido (ex de ABC), la entrevista fue censurada porque no gustaron sus respuestas. “Esto no es periodismo ni política, es manipulación y una canallada”, decía. Ninguna democracia, y menos España, va a salir fortalecida con este tipo de actuaciones, concluía. A García, ex preso político del régimen de Maduro –ese es el nombre completo que se le pone cuando opina lo correcto–, no le verán ustedes en El Hormiguero, Ana Rosa, Iker Jiménez o cualquier espacio mediático en el que se lleva a nazis en nombre de la libertad de expresión, libertad de las expresiones que sí queremos escuchar.

Cuando esta gente gane va a ser para 30 años, me decía un amigo el otro día. Si ya tienen a la policía, a la prensa, a los empresarios, a la iglesia y a los jueces, verás cuando también tengan La Moncloa. No sé si estoy de acuerdo. Aznar, que habla lento y sin mover los labios porque correr y trabajar –incluso los músculos faciales– es de pobres, no es un tipo muy sabio que digamos. No hablo de bagaje cultural, que tampoco, sino de las muchas demostraciones empíricas de su estupidez. Hace dos décadas se creyó que Iraq tenía armas de destrucción masiva y, más tarde, que el 11M había sido ETA. Si no es tonto, sino simplemente un mentiroso, que ejerza su derecho a réplica y yo corrijo la frase anterior sin problema. Mientras no lo haga, supongamos que muy listo no es. Tampoco en su tesis “El que pueda hacer, que haga”. Una estrategia política que, como su liberalización del suelo, acaba siendo ruinosa. Me explico. Imagínese que usted es un poderoso. Es decir, un miembro de una de esas 40 o 50 familias que dominan España. Hace 20 años, su capacidad de influencia y control era absoluta. Si gobernaba el PP, usted mandaba. Si gobernaba el PSOE, mandaba usted. Todo el poder político trabajando para satisfacerle, un montón de medios, repartidos en ideología conservadora y progresista haciendo más de lo mismo, una policía a la que nadie ponía en duda y unos jueces que, por supuesto, eran considerados seres de luz. Tenía usted todas las armas en su mano hasta que algo sucedió. Tras el 15M y la llegada de nuevos partidos, las cuentas para gobernar España ya no salían. En lugar de respetar la democracia, comenzó el quien pueda hacer, que haga.

Estamos en 2016. Para que Rajoy, incapaz de formar mayorías con todos los medios de comunicación –incluyendo El País– trabajando para él, pudiera seguir en La Moncloa, hubo que sacrificar la pieza del PSOE. Expulsión de Pedro Sánchez que salió mal porque el tipo volvió de entre las cenizas. Pieza perdida y quien pueda hacer, que siga haciendo. Turno para los medios y sus innumerables bulos contra Podemos. Era burdo, pero iban con ello cada semana, hasta que esa pieza también fue sacrificada por parte del poder que todo lo controlaba. El control mediático ya no es lo que era. Cuando las noticias negativas ya no dañaban al rival como debían, porque el descaro era tal que el receptor desconfiaba del emisor, la pieza también se perdió. Siempre nos quedarán los jueces, pensaron. Hoy, una imputación y un registro de la UCO no son sinónimos de vergüenza como hace dos décadas, sino de politización de la Justicia de la que nadie duda.

Quien pueda dilapidar, que dilapide, debería decir Aznar, chico de los encargos de la España poderosa, la próxima vez que su labio inferior se mueva un poco. Nada más lejos de mi intención que darle buenos consejos al de la foto de las Azores, pero un buen asesor debería decirle a él y a los mandamases de la España fetén que hasta un preso venezolano de derechas se da cuenta de que no es buena idea. El poder necesita piezas bien colocadas sobre el tablero, no movimientos desesperados de sacrificio. ¿De qué sirve tener todos los medios de comunicación trabajando para ti si no disimulan el hecho de trabajar para ti? ¿De qué sirve que la Justicia sea abrumadoramente de derechas si la gente lo percibe, si las imputaciones que antes destrozaban a tu rival ya simplemente alimentan el debate sobre el lawfare? ¿De qué te sirve controlar la marioneta si todo el mundo ve los hilos? La mala noticia es que, a corto plazo, todo este descaro es peligroso, nocivo para la sociedad. La buena noticia es que, a medio plazo, no será nada beneficioso para quienes lo están provocando.

CTCT  DdA, XXII/6360

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