Se puede discrepar del Gobierno de Pedro Sánchez. Se pueden criticar sus decisiones. Eso forma parte del debate democrático. Pero lo que no es aceptable -escribe Miñana- es insinuar que la voluntad de un país puede ser ignorada por la fuerza o por la imposición unilateral. La soberanía española no es negociable según simpatías ideológicas. La soberanía no se impone, se reconoce. Esto lo deberían defender todos los partidos de nuestro país, máxime los que dicen ser tan patriotas.
Ricardo Miñana
Las palabras de Donald Trump no son una simple salida de tono. Cuando afirma que puede “usar las bases españolas si quiere” aunque España diga que no, está cuestionando algo mucho más profundo que una decisión puntual del Gobierno de turno: está cuestionando la soberanía nacional.
España no es un territorio subordinado. Es un Estado soberano, miembro de la Unión Europea y aliado en la OTAN, cuyas bases militares operan bajo acuerdos bilaterales y dentro del marco del derecho internacional. Esos acuerdos no son concesiones graciosas ni cheques en blanco: son pactos entre iguales. Y entre iguales no caben amenazas.
Se puede discrepar del Gobierno de Pedro Sánchez. Se pueden criticar sus decisiones. Eso forma parte del debate democrático. Pero lo que no es aceptable es insinuar que la voluntad de un país puede ser ignorada por la fuerza o por la imposición unilateral.
La soberanía española —como la de cualquier Estado europeo— no depende de quién gobierne en cada momento. No es negociable según simpatías ideológicas. Es un principio básico del orden internacional surgido tras décadas de conflictos devastadores en Europa: las fronteras, las decisiones y el territorio de cada nación se respetan.
Una amenaza a España no es un asunto interno español. Es un desafío al respeto mutuo entre aliados y al equilibrio sobre el que se sostiene Europa. Y si permitimos que se normalice ese tono, mañana podrá dirigirse contra cualquier otro país.
El derecho internacional debe prevalecer. La cooperación se basa en el respeto. Y la soberanía no se impone: se reconoce.
DdA, XXII/6278

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