Félix Población
No descubro nada si digo aquí que Olga Rodríguez es una de las pocas periodistas españoles que mayor credibilidad me merecen al analizar la situación que desde hace muchos años se vive en Oriente Medio. Olga cubrió la guerra contra Irak hace dos décadas y escribió crónicas desde otros muchos países en conflicto para diversos medios de información, con una para la SER contando el incendio de la biblioteca de Bagdad. Ahora es cofundadora y copropietaria de El Diario, y su voz y su presencia se nos hacen imprescindibles para seguir tanto el curso de los acontecimientos en la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán como la continuidad de la masacre y el hostigamiento del pueblo palestino en la arrasada Franja de Gaza y Cisjordania. Gracias a las redes sociales podemos tener estos días unas más frecuentes intervenciones de Olga, expuestas siempre con formato de síntesis, claridad de concepto e independencia de criterio, valor este último que por su singularidad en lo relativo a Oriente Medio y a la política exterior israelí, sobre todo, hacen de la periodista leonesa una profesional singular. Dicho esto, sería de agradecer a mi admirada colega o a quien corresponda, si lo tuviera a bien, que eliminase de sus publicaciones a través de las redes sociales lo que se ha puesto de modo en la información audiovisual haciendo de la misma un componente que la hace espectáculo. La música, cualquier música de fondo, sobra cuando prima la información y la opinión, máxime cuando se abordan conflictos como las guerras o se perpetran genocidios como el del Estado de Israel en la Franja de Gaza. Me parece que ella misma, por la profesionalidad que la honra y distingue, se dará cuenta de que lo que digo es más coherente con el periodismo que viene ejerciendo desde su mocedad. Lo otro queda para esos vídeos de la Casa Blanca en los que se alternan imágenes de la guerra en Irán con producciones cinematográficas de Hollywood.
DdA, XXII/6286

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