sábado, 17 de enero de 2026

UNAMOS FUERZAS PARA QUE LA JUSTICIA NO DEVENGA EN LA LEY DEL MÁS FUERTE

 


Pedro Olalla

Hace tiempo que estamos asistiendo, cotidianamente, como simples espectadores pasivos, al desmantelamiento del Derecho Internacional, del Estado de Derecho y de las conquistas políticas de la historia de la humanidad. Y además, estamos aplaudiendo. Nuestros líderes políticos y nuestra prensa sistémica secundan, justifican y aplauden con furor. Estamos viendo, impasibles, cómo la Ley del Más Fuerte sustituye al Derecho, cómo la Ley del Más Fuerte genera Derecho. Y todo, con el beneplácito de nuestros líderes.
Y no es que las acciones hayan cambiado de signo: sino que estamos contemplando, de forma cada vez más descarada, que nuestro sistema no está basado en la verdad, sino en la hipocresía; que estamos dispuestos a defender la verdad, sólo si coincide con nuestros intereses. Y todo esto es extremadamente grave; porque, cuanto consentimos que una persona –aunque sea la más perversa– sea privada de sus legítimos derechos, estamos abriendo peligrosamente el camino a que cualquier persona –cualquier país, Estado o pueblo– sea privado de sus legítimos derechos.

No nos engañemos. Todos sabemos que, si el país agresor no fuera EE.UU. y el país agredido no fuera Venezuela, el relato sería distinto. La respuesta sería distinta.

En la misma cabeza debe caber que no simpaticemos con un determinado régimen político y que estemos en contra de una injusta intervención militar. Hoy es Venezuela. Mañana será Colombia, Groenlandia, México o la Unión Europea. Unamos, cuanto antes, nuestras fuerzas y nuestras estrategias para impedir que la justicia vuelva a ser tan sólo la voluntad del más fuerte.

DdA, XXII/6230

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