El 30 de enero de 1912 murió José María Esquerdo, psiquiatra y político republicano, que como médico, se interesó especialmente por la asistencia a los enfermos mentales y los problemas jurídicos que plantean, siendo el introductor en España de la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional.
Nacido en 1842 en la localidad alicantina de Villajoyosa, era el menor de ocho hermanos y quedó huérfano de padre antes de nacer, por lo que fue un hijo póstumo. Fue recogido y educado por un agustino hermano de su madre, que era el único apoyo de la familia. José María se benefició de la gran curiosidad y virtudes pedagógicas de su tío, quien pensaba dirigirlo hacia la carrera eclesiástica.
Cursó tres años en el seminario conciliar de Valencia, pero le faltaba vocación, así que salió e hizo el bachillerato en Valencia, donde se costeó los estudios trabajando para un notario como copista. Después comenzó la carrera de Medicina en Valencia, pero se trasladó a Madrid en 1859 y allí los terminó, doctorándose en 1865. Durante sus estudios, fue influido por Pedro Mata Fontanet, quien le transmitió el interés por la psiquiatría y por los problema jurídicos planteados por los enfermos mentales. Sus notas eran excelentes, y también su popularidad: participó en la Sociedad de Amigos del Estudio y ocupó el cargo de representante de los alumnos en los conflictos universitarios. Fundó y dirigió además un periódico, El Confidente de las Ciencias Médicas, que fue clausurado por el gobernador civil a causa de su irreverencia política. Tras extenderse una epidemia de cólera morbo, el doctor Esquerdo participó en su asistencia no solo como médico, sino como enfermero y camillero. Después ingresó en la Beneficencia Provincial de Madrid por oposición.
En el año revolucionario de 1868, obtuvo plaza de cirujano en el Hospital Provincial de Madrid, donde permaneció hasta 1900. Además empezó a dar clases de asistencia voluntaria en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, donde se encargó del "curso libre" de Patología General y Enfermedades Mentales (1868-1877); siendo la asistencia voluntaria, tuvo sin embargo que dividir su grupo en dos a causa de la excesiva concurrencia. No aceptó la propuesta de su amigo, el republicano Manuel Ruiz Zorrilla, ministro de Fomento tras la revolución de 1868, para nombrarlo catedrático oficial. Formó parte también de la organización de la «Escuela Teórico-Práctica de Medicina y Cirugía» de la Beneficencia Provincial de Madrid, donde enseñaría la especialidad de psiquiatría. Igualmente, colaboró en la «Escuela Práctica Libre de Medicina y Cirugía» situada en el Museo Antropológico de Madrid, donde impartió una serie de lecciones publicadas en 1878 con el título de Conferencias sobre las enfermedades mentales.
Introdujo en España la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional. En 1877 fundó un famoso sanatorio mental, el Sanatorio Esquerdo, emplazado en Carabanchel, notable por el teatro en que los internos y los cuidadores representaban obras dramáticas y donde eliminó el tratamiento coercitivo extremo de los sanatorios de la época, sustituyéndolo por una asistencia a cargo de médicos y enfermeros adecuadamente instruidos. Esquerdo siente lástima por el perturbado y quiere redimirle pues piensa que el imbécil sin la debida asistencia es un criminal en potencia. También investiga el estrés ocasionado por el fuerte ritmo de la vida urbana y las grandes aglomeraciones de ciudadanos.
Miembro del Partido Republicano Progresista fundado por Ruiz Zorrilla y Salmerón, fue elegido concejal (1891) y diputado por Madrid (1893). A finales de la década de 1880, se convirtió en representante general de Manuel Ruiz Zorrilla, líder de la agrupación republicana progresista, en España. Acumuló, desde entonces, cargos dentro de la agrupación, convirtiéndose en uno de sus más activos propagandistas. Tras la muerte de Ruiz Zorrilla, en junio de 1895, ofrecieron al doctor Esquerdo la jefatura del partido, ya que se le consideraba el sucesor natural de su antiguo líder. Sus propuestas enfatizaron la tendencia revolucionaria del republicanismo, que se proponía derribar las instituciones monárquicas mediante medios insurreccionales. Esas posiciones fueron defendidas por el nuevo órgano de prensa del partido, El Progreso, impulsado económicamente por Esquerdo y dirigido por Lerroux. En 1897 fundó, junto con otros destacados políticos, la Unión Republicana Nacional. En 1901, sin embargo, renunció a la jefatura del Partido Republicano Progresista. La Junta de su agrupación apostaba por la participación electoral, mientras que él defendía el retraimiento: "Fundo dicha renuncia -escribió- en la discordancia existente entre la mayoría de la citada Junta y el que suscribe, aquélla partidaria de la lucha electoral de Diputados a Cortes, que en este momento ha terminado, y un servidor, partidario de la abstención, por considerar impolítica nuestra presencia en las cortes destinadas a proclamar la mayoría de edad de Alfonso XIII".
Su renuncia no fue aceptada, pero desde entonces la agrupación quedó en una situación casi de letargo, al integrarse la mayor parte de sus miembros en la Unión Republicana. Desde esos momentos, las apariciones públicas de Esquerdo fueron menos frecuentes.
En 1910 volvió al frente del progresismo a la primera línea política. Fue elegido de nuevo diputado por Madrid dentro de una coalición de republicanos y socialistas, junto con Pablo Iglesias y Benito Pérez Galdós. Murió en su casa de Madrid, en el número 29 de la calle Serrano y enterrado en la Sacramental de San Lorenzo y San José, en Carabanchel Bajo.
Los testimonios sobre el doctor y su gran ojo clínico son numerosos: “Esquerdo trajo a la psiquiatría española la intuición mediterránea, que adivina lo que todavía no se puede saber, y el primer gesto de liberación del loco, infundiéndole en su asistencia aquel hermoso y cándido espíritu de generosidad liberal y laica” (Marañón, 1973. 136 – 137). También circulaba una coplilla que dice: Fue Esquerdo el mejor doctor / en locura, y muy humano. / Fue también gran orador, / gran líder batallador / del credo republicano. Galdós lo llama en su necrología "apóstol y caudillo de dos religiones: la ciencia y la república". Francisco Giner de los Ríos destaca “su condición de antimilitarista y anticlerical, por el riesgo de que esas dos instituciones sojuzguen el poder civil".
RUEDO IBÉRICO

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