Hay indicios suficientes, según esa misma investigación, para suponer que Antonio Benavides, hermano de José, agricultor y propietario, militante del partido de la derecha Acción Popular, formaba parte del grupo integrado por vecinos de la localidad de Asquerosa que entró el 9 de agosto de 1936 en la Huerta de San Vicente, residencia de los padres del poeta, para interrogar violentamente al casero acerca del lugar en el que se había refugiado García Lorca, detenido una semana después por la Guardia Civil en la casa del poeta Luis Rosales para ser asesinado en la madrugada del 18 de agosto por las tropas sublevadas. En cuanto a José Benavides Peña, del que Irene Vallejo nos muestra la fotografía de su carné de identidad, estuvo implicado en el asesinato del gitano protagonista del poema lorquiano “Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla” (1928). Los dos hermanos le tenían a Federico, por lo tanto, una cierta inquina.
lunes, 12 de enero de 2026
"LA CASA DE BERNALDA ALBA", EL ASESINATO DE LORCA Y LA CENSURA FRANQUISTA
Félix Población
Nos recuerda la excelente escritora Irene Vallejo, a propósito de la fecha del estreno en la España de la dictadura de La casa de Bernarda Alba en el Teatro Español de Madrid el 10 de enero de Madrid en 1964 y después de su visita a la casa-muso de Francisca Alba en Valderrubio (Granada), lo que la censura franquista escribió tres años antes para ejercer como tal y prohibir la extraordinaria obra dramática de Federico García Lorca, estrenada en el Teatro Avenida de Buenos Aires en 1945, con la actriz Margarita Xirgu en el papel principal.
Según el estudio del investigador Miguel Caballero, experto en la obra del poeta y autor dramático, Lorca se inspiró en Francisca Alba Sierra. En Lorca: basado en hechos reales (Carpe Noctem) aporta a la biografía de Federico García Lorca datos poco conocidos o absolutamente desconocidos hasta su publicación y refuerza la hipótesis de que el asesinato del autor fue motivado tanto por su posición progresista y homosexualidad como por el rencor de los familiares que aparecen con sus nombres cambiados no sólo en La casa de Bernarda Alba sino también en Bodas de sangre.
Francisca de Alba Sierra, formaba parte de la pequeña aristocracia rural de la Vega de Granada. Era oriunda del pueblo de Asquerosa, precisa Caballero, tras haber consultado el archivo parroquial, tuvo varios hijos de su primer matrimonio, de los cuales sobrevivieron Magdalena, Prudencia y José y, del segundo matrimonio, Marina, Amelia, Consuelo y Alejandro. Tras la muerte de su segundo esposo, no ejerció en el seno de su casa un poder despótico, incluso Caballero la tilda de “generosa”. Sí hay disputas entre sus tres hijas por casarse con José Benavides Peña, que había nacido en Romilla. Lorca transforma a este hombre en un personaje al que sólo se alude con el apodo de Pepe el Romano, sin que aparezca en escena.
Según Miguel Caballero, Antonio Benavides ya conocía, a través de dos terratenientes del mismo partido que también participaron en la acción violenta de buscar al poeta (los hermanos Horacio y Miguel Roldán), que el dramaturgo había utilizado como referencias a Francisca Alba, a sus hijas y a él mismo con el apodo de Pepe el Romano para escribir un drama sobre “la sexualidad andaluza”, titulado La casa de Bernarda Alba, y que habían anunciado los periódicos de Madrid unos meses antes.
Hasta 1964, tal como cuenta Vallejo, el régimen franquista pretendió seguir matando la memoria del poeta y dramaturgo granadino en una de sus más sobresalientes obras, pero fue tan inútil como enterrar su asesinato y hacer de su nombre una víctima más del olvido luego de la masacre represora. Que no sepamos donde inhumaron su cadáver al día de hoy es todo un símbolo de los miles de represaliados enterrados en fosas y cunetas que aún no han encontrado la reparación debida a la dignidad de sus restos mortales y sus nombres. Escribe Irene Vallejo:
"El 10 de enero de 1964, un día como hoy, sucedió el estreno oficial de “La casa de Bernarda Alba” en España. El estreno mundial, protagonizado por Margarita Xirgu, tuvo lugar mucho antes y fuera de España, en el Teatro Avenida de Buenos Aires, en 1945. La razón de esos casi veinte años de desfase se llama censura. En Valderrubio (Granada) visité la casa de Francisca Alba, que inspiró a Lorca. Hoy es un museo que permite caminar por las habitaciones, contemplar el vestido verde de Adela y el documento de identidad de Pepe el Romano. También vi (aunque me advirtieron que está prohibido fotografiarlo aún hoy, y me pregunto por qué) el informe de la censura que la prohibió. Anoté algunas frases de ese respetabilísimo señor censor:
«La presente obra de teatro es inmoral en el desarrollo de la trama e inmoral en cuanto a la solución o desenlace. Se despierta en el espectador una curiosidad morbosa por los relatos de estas deshonestas. Va abiertamente en contra del precepto del Señor “no fornicarás”, cuando sienta el principio de que los desahogos sexuales buscados fuera de los cauces establecidos, son necesarios (sic, con coma criminal y subrayado). Estimo sinceramente que debe prohibirse. Madrid, 16 de mayo de 1961». Por suerte, el tiempo ha dado la victoria a los inmorales, a las deshonestas, a la tribu lectora que sucumbe a la curiosidad morbosa".
El texto de Irene Vallejo concluye con una cita muy pertinente de la escritora Virginia Woolf: «Cierra con llave tus bibliotecas si quieres, pero no hay puerta ni cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente». Esa libertad es la que se renueva en los lectores y espectadores de las obras de García Lorca cada vez que recurrimos a su voz y talento creador. El fascismo asesino no pudo enterrar la vida que nos dejó el poeta escrita en su corta e intensa vida*.
*Lo que se desprende del caso es, una vez más, la crueldad de las guerras civiles al margen de las que se viven en los frentes de combate.
DdA, XXII/6225


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