martes, 13 de enero de 2026

DE LA LEGITIMIDAD Y NECESIDAD DE HACER TRAMPAS AL DIOS MERCADO



José Ignacio Fernández del Castro

«Entonces Abraham alzó de nuevo la mano y tomó el cuchillo y degolló un carnero que antes había escondido en un zarzal, trabado por sus cuernos. Y fue Abraham y soltó a su hijo y tomó el carnero y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo.

Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y Abraham respondió: Heme aquí, mi hijo. Y habló Isaac y dijo: Pues no vino el ángel de Jehová dando voces por el cielo para traer el carnero. ¿Vas a hacer lo que no hizo Jehová? ¿Pretenderás engañar a Jehová y suplantarle cuando no cumple lo que está escrito?.
Y dijo Abraham: ¿Y tengo yo que dar explicaciones para que tú y yo nos comamos un carnero como Dios manda?.»
 Juan BENET GOITIA (Madrid, 7 de octubre de 1927 – 5 de enero de 1993):  Final de la “Fábula Quinta” en 
Trece fábulas y media y fábula decimocuarta (1987).

Cuando los dioses tratan de probarnos con desmesuras y horrores, ¿quién puede reprocharnos que hagamos trampa?. Cuando los dioses del mercado (léase los amos del mundo) y sus testaferros políticos (Donald John Trump, Javier Gerardo Milei, Benjamín “Bib”» Netanyahu, Vladímir Vladímirovich Putin, Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron o cualesquiera que se les ocurra aquí o allá) nos someten a pruebas de resistencia sin cuento, ¿quién puede reprocharnos por el desafecto político y el resquebrajamiento de nuestra probidad ciudadana?.


Mientras la política se va rindiendo a una ideología neoliberal (vendida en los medios como “la economía”, aunque sólo esconda el imperio del más fuerte, ya sin disimulo), los países que emergen son, precisamente, los que, abandonando las imposiciones del Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional de las décadas de los setenta y los ochenta, han negado, en la práctica, ese credo

Frente a los viejos fisiócratas del “laissez faire, laissez passer” y los primigenios liberales del menos Estado, más mercado”, con su fiera confianza en el egoísmo como principio más eficiente de la acción económica dirigida a la producción y distribución de bienes y servicios (tan explícitamente sostenido por Adam Smith), los modernos neoliberales no dejan hacer ni pasar, sino que han consagrado el lema de “privatizar las ganancias, socializar las pérdidas” para sacar tajada de cuanto produce beneficios monetarios directos y relegar a “lo público” lo que produce pérdidas de dinero contante y sonante, por muchas ganancias sociales (no mensurables en los balances de cuentas) que puedan derivar... Además, para redondear el círculo vicioso, se denunciará luego “lo insostenible de esas pérdidas” para derivar los recursos públicos “ahorrados” por los recortes (la famosa motosierra argentina tan grata a algunos ultras hispanos) de las mismas hacia la “estimulación y sostenimiento de la actividad privada” cada día menos productiva y más especulativa (hace casi medio siglo que la inmensa mayoría de la “generación de riqueza” en el mundo procede en su inmensa mayoría de la economía financiera, o sea de mover dinero de una sitio para otro sin que medie aparición de bienes o servicios tangibles).

En tales condiciones, ¿a qué dios, mercado o ministro de cualquier ramo tenemos que dar explicaciones por reunirnos y alentar el ejercicio colectivo de la protesta y la resistencia, aunque pueda derivar en algún momento en algarada?... Pero no equivoquemos los destinatarios creyendo que son Trump, Milei, Netanyahu, Putin o Macron los principales responsables e indagamos, como los buenos detectives, en quiénes salen (económicamente) beneficiados con sus acciones. Aunque sólo sea para fundirnos en un abrazo/banquete colectivo conscientes de quiénes (realmente) mandan. Y, en lo posible, hacerles trampa para buscar un destino común en el que quepa todo el mundo.

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LVIII)  DdA, XXII/6226

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