Iñaki Errazkin
Maricarmen Abascal tiene 87 años y acaba de ser desalojada de la vivienda en la que vivía desde 1956. Detrás de la sociedad que reclamaba el piso aparecen dos nombres: Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes. Lo que van a leer a continuación es la secuencia documentada de una historia que comenzó hace setenta años.
En 1956, cuando Maricarmen Abascal tenía 17 años, su padre firmó el contrato de alquiler de la vivienda situada en el número 46 de la calle Alcalde Sáinz de Baranda, en el distrito madrileño del Retiro.
Era un contrato de los que hoy se conocen como de renta antigua. El titular era su padre porque la legislación de la época no permitía que una mujer casada figurase en esas condiciones como titular del arrendamiento.
Cuando él murió, el contrato se subrogó a su esposa, la madre de Maricarmen. Y cuando esta falleció, en 2005, se produjo una segunda subrogación a favor de su hija.
Maricarmen siguió viviendo en el mismo piso y durante años no ocurrió nada extraordinario. Pagaba su alquiler y permanecía en la casa en la que habían vivido sus padres y en la que había transcurrido prácticamente toda su vida adulta.
Hasta que el edificio cambió de manos.
2018: entra Renta Corporación
En 2018, la familia que había sido propietaria del edificio durante décadas vendió la finca a Renta Corporación Real Estate, uno de los grandes grupos inmobiliarios españoles.
Para Maricarmen, el cambio de propietario no supuso inicialmente una alteración de su situación como inquilina.
Dos años después, en 2020, Renta Corporación se puso en contacto con ella para ofrecerle la posibilidad de comprar su vivienda.
El precio que figura en las informaciones publicadas fue de 247.000 euros. Otras informaciones han situado la oferta alrededor de los 250.000 o incluso 300.000 euros.
Maricarmen no tenía ese dinero y tuvo que rechazar la oferta.
Y al día siguiente, según las informaciones publicadas, la vivienda fue adquirida por otra sociedad: Urbagestión Desarrollo e Inversión, S.L.
Urbagestión tiene nombres y apellidos
Urbagestión no es una persona. Es una sociedad mercantil constituida en 2005, dedicada a actividades relacionadas con la inversión y el negocio inmobiliario.
Pero las sociedades tienen personas detrás.
En el caso de Urbagestión, las informaciones publicadas identifican a Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes como sus administradores y señalan que ambos están vinculados a más de una docena de empresas de los sectores inmobiliario y agroalimentario.
La sociedad figura actualmente con domicilio en la calle Zurbano 76, 5.º, Madrid, y con el CIF B84450055. Los registros empresariales consultados confirman la vigencia de la sociedad y la presencia de Fernando Alonso Fuentes como administrador solidario.
La identificación de ambos administradores aparece asimismo en las informaciones periodísticas sobre el caso.
Es importante distinguir una cosa de otra: que Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes figuren como administradores de Urbagestión no significa necesariamente que sean, a título personal, los propietarios del piso.
Son las personas que aparecen públicamente al frente de la sociedad que esta mañana ha dejado en la calle a una anciana de 87 años.
Y con la llegada de Urbagestión comenzó el litigio.
Urbagestión comunicó a Maricarmen que consideraba extinguido el contrato que había heredado de su madre.
La razón estaba en la segunda subrogación.
La interpretación defendida por la propiedad era que la segunda subrogación, producida tras el fallecimiento de la madre en 2005, no podía prolongarse indefinidamente.
Según el criterio que finalmente respaldó el Tribunal Supremo, esta segunda subrogación tenía una duración limitada, salvo que concurrieran determinadas circunstancias.
Entre esas circunstancias se encontraba un grado de discapacidad superior al 65 %, pero Maricarmen tiene reconocida una discapacidad del 50 % y la disputa acabó en los tribunales.
De 440 euros a 2.650
Mientras se desarrollaba el conflicto, también cambió la cuestión económica.
Maricarmen pagaba inicialmente unos 440 euros mensuales. En 2026 la cantidad que venía abonando se situaba en torno a los 500 euros. Urbagestión le planteó abandonar la vivienda o aceptar un nuevo alquiler.
La primera cifra que trascendió fue de 2.650 euros mensuales. Posteriormente, la empresa llegó a plantear una cantidad de 1.650 euros, que seguía siendo superior a los ingresos de Maricarmen.
La diferencia entre ambas cantidades resume buena parte del conflicto económico: 500 euros frente a 2.650 euros.
Primera victoria de Maricarmen y recurso de la propiedad
El litigio pasó por distintas instancias.
En primera instancia, la justicia dio la razón a Maricarmen. La propiedad recurrió y el procedimiento continuó hasta llegar al Tribunal Supremo.
En marzo de este año, el Supremo falló a favor de la posición de la propiedad respecto a la vigencia de la segunda subrogación.
A partir de entonces, el conflicto dejó de ser solamente jurídico. Había que ejecutar el lanzamiento.
Septiembre de 2026
El desahucio fue aplazado en varias ocasiones.
Mientras tanto, el caso fue adquiriendo una creciente repercusión pública. Vecinos, organizaciones sociales y el Sindicato de Inquilinas de Madrid se movilizaron para intentar evitar que Maricarmen abandonara la casa en la que llevaba viviendo desde los 17 años.
En los días previos al cuarto intento de lanzamiento, cientos de personas se concentraron ante el portal de Alcalde Sáinz de Baranda, 46.
Una escritora que decidió mantener su identidad en el anonimato llegó incluso a ofrecerse a pagar la diferencia entre los 500 euros que abonaba Maricarmen y los 2.650 euros reclamados por Urbagestión, pero la oferta no consiguió detener el procedimiento.
En la mañana de hoy, 23 de septiembre, la Policía Nacional acordonó los alrededores del edificio y levantó la acampada instalada durante la noche frente al portal.
La comisión judicial tenía previsto ejecutar el lanzamiento y, finalmente, Maricarmen Abascal ha sido desalojada.
De un contrato firmado por su padre a una sociedad administrada por dos personas
Han pasado setenta años desde aquel contrato de 1956.
Durante ese tiempo, Maricarmen vivió en el mismo piso mientras el edificio cambiaba de propietario.
La secuencia empresarial fue esta:
Familia propietaria → Renta Corporación Real Estate (2018) → Urbagestión Desarrollo e Inversión, S.L. (2020).
Pero una sociedad no actúa por sí sola.
En el caso de Urbagestión aparecen Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes, identificados públicamente como administradores de la empresa y vinculados, según las informaciones publicadas, a otras sociedades inmobiliarias y agroalimentarias.
Eso no convierte a ninguno de ellos, por sí solo, en propietario personal de la vivienda, pero sí permite poner nombres y apellidos a las personas que figuran al frente de la sociedad que litigó con Maricarmen durante años.
Y esta es la parte de la historia que se pierde cuando todo queda reducido a nombres societarios.
Maricarmen Abascal ha sido desalojada de una casa en la que vivía desde 1956. La empresa que reclamaba la vivienda se llama Urbagestión Desarrollo e Inversión, S.L. Y detrás de esa sociedad aparecen dos nombres: Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes.
Ilustro la crónica con la foto de Maricarmen por no disponer de imágenes de los dos empresarios.
DdA, XXII/6475

3 comentarios:
Con todo el respeto ecológico a los buitres, no se puede pefri a un fondo buitre que tenga sentimientos... Pero lo del Tribunal Supremo ya va clamando al cielo... Igual que lo del gobierno llamado de progreso, incapaz de impulsar normativa jurídica clara que impida estos abusos... Me recuerda un chiste del gran Andrés Rábago García, El Roto y antes Ops, en el que un típico gerifalte económico decía "Hay que convertir los abusos en usos"... Pues eso. Pero la actitud de una parte de la ciudadanía relevante da cierta esperanza... Pese a que a Maricarmen (ella o su padre no tienne la culpa de su hoy ominoso apellido), seguramente institucionalizada por el Ayuntamiento de Madrid le espera (y ya lo he visto muchas veces en entornos cercanos, por lo que evité como pude que eso ocurriese con mi madre, pese a sus seis años de Alzheimer) un rápido languidecimiento para un rápido final. Espero que, al menos, la cierta sacudida social de la buena gente que ha producido su caso (como tantos otros, incluyendo suicidios recientes de gente joven) haga que su nombre y su caso no caigan rápidamente en el olvido a través de la trituradora mediática acelerada que caracteriza esta inhóspita sociedad.
Como otros episodios no menos lamentables de nuestra historia reciente, pasaremos de esto en unos días y otros episodios lamentables vendrán y serán consumidos como un mero producto informativo caducable.
Es lo más probable, por desgracia... De hecho un par de días antes se había suicidado una desahuciada...
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