Félix Población
Cuando las relaciones diplomáticas entre España y México parecían haberse recuperado para un mejor entendimiento, propio de dos países con tanto en común, y después de reconocer el Jefe del Estado y el Gobierno de nuestro país los abusos cometidos durante el periodo de conquista en aquella querida nación, a la lideresa Ayuso se le ocurre montar un viaje de diez días, diez, por México, con el único objeto de disentir con el rey y el Gobierno nacional para homenajear a Hernán Cortés, máximo responsable de la masacre de Cholula. Para colmo, la presidenta de la Comunidad de Madrid pretendió ofrecer una misa en su memoria en la catedral metropolitana, algo que impidió con buen criterio la jerarquía católica mexicana. En México, desde el partido que gobierna aquella república, se ha considerado que en lugar de estrechar lazos de colaboración genuina entre los dos países, la señora Ayuso ha ido a abonar el proyecto de la ultraderecha transnacional, con el respaldo su partido. No tiene más objeto su estancia que colaborar con esa red articulada de actores políticos que trabaja de modo coordinado y muy activo para intentar desestabilizar los gobiernos progresistas que las urnas instauran en América Latina, "horadar legitimidades democráticas -leemos- y exportar el modelo de odio disfrazado de libertad". Desde los amplios sectores progresistas de aquella gran nación, a la cabeza de la economías de Iberoamérica, se entiende el viaje y los propósitos de la presidenta madrileña como una injerencia en los asuntos internos del país, incompatible además con los valores del llamado humanismo mexicano que ha puesto en marcha con éxito indudable la Cuarta Transformación. "Mientras Ayuso y sus aliados hablan de libertad -leemos en un comunicado de Morena-, nosotros construimos la libertad real: la de no morir por falta de acceso a la salud, la de estudiar sin endeudarse de por vida, la de recibir una pensión digna, la de sembrar la tierra de los abuelos sin que una corporación trasnacional te la arrebate. Esa es la diferencia entre el humanismo y el cinismo neoliberal”. No se olvida tampoco en México que en el portal de transparencia, como advirtió una diputada del PSOE, no hay constancia de los gastos que para los madrileños va a suponer el largo viaje y estancia de la presidenta con un propósito cuya apariencia institucional queda anulada por la trascendencia política y mediática de lo anteriormente comentado, a la espera de que esto no repercuta negativamente en la recuperación de las buenas relaciones diplomáticas entre los dos países, que tanto el Jefe del Estado como el Gobierno español han procurado en las últimas semanas*.
*La visita institucional de la presidenta madrileña también consistió en manifestar, en una conferencia celebrada en la llamada Universidad de la Libertad de un potentado empresario mexicano, que en México y España existe una “decadencia democrática”, y sostuvo que “así es como mueren las democracias”, al denunciar una supuesta persecución contra adversarios políticos y un presunto control de la justicia por parte del poder.
TE LO DIGO CON TOQUE DE LÍRICA AFINADA
DdA, XXII/6335
2 comentarios:
Realmente ir a México (gastando trescientos mil euros de la ciudadanía madrileña) a hacer una "defensa cerrada" de las "hazañas" del trepa Hernán Cortés por aquellas tierras resulta, como diría, M.Rajoy (sea quien sea, que los jueces todavía no lo han logrado descubrir), "notable"... ¡Menos mal que la pausa inteligente y la prudente paciencia de Claudia Sheinbaum la sitúan por encima de tantos dislates!... Vale que no haya que excederse en el "presentismo histórico", pero de ahí a considerar algo así como que "los conqustados nos lo deben todo". En fin, cualquier comentario sobre el rigor histórico y la probidad humana de la presidenta madrileña es una verdadera pérdida de tiempo (porque no existen). Y para eso tiene a los asesores/agitadores que tiene.
Que haya llegado a un alto cargo de la política española una persona así evidencia que la transición no debió ser como fue para llamarla democrática.
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