Félix Población
En efecto, este es el año en que la librería Paradiso de Gijón cumple medio siglo, después de que durante buena parte de estos cincuenta años estuviera a cargo de José Luis Álvarez y Chema Castañón, hasta la jubilación de éste. Que la librería se haya mantenido todo este tiempo, en tiempos en que los comercios de grandes superficies lo absorben todo, es un logro personal de quienes la han sabido gestionar con la colaboración de un clientela adicta y consciente de que las librerías y los libreros deben hacer de la materia que tratan una inquietud compartida de búsqueda y consulta, capaz de establecer vínculos que sobrepasan la mera relación comercial.
Tener a Paradiso aún hoy en el callejero central de aquella villa me parece encomiable y debería merecer reconocimiento y continuidad por parte de quienes hoy siguen llevando la librería-disquería junto a José Luis. Lo que había olvidado, y lo acabo de leer en el excelente reportaje que ha publicado hace unos días el diario El Comercio, es que cuando José Luis Álvarez trasladó sus dependencias de las inmediaciones del cine Brisamar, que lo fue de arte y ensayo, a la calle de La Merced, el local que ocupó era la trastienda de Sapolin, un negocio de tintes propiedad -se dice en el reportaje- de un armenio llamado Habib Salman, que tenía la entrada principal por la paralela calle Instituto.
Siempre que se da alguna duda acerca de los personajes de aquella villa cantábrica, como la tuve yo con Habib Salman al leer el artículo de El Comercio, conviene consultar a Luis Miguel Piñera, cronista de Gijón, que no da a Habib Salman origen armenio sino jordano. También lo califica como personaje carismático de aquella villa a partir de su asentamiento a finales de los años treinta del pasado siglo: "Era jordano de nacimiento y murió en Gijón en octubre de 1993, a los 94 años, tras trabajar en nuestra ciudad gran parte de su vida. Su enjuta figura fue sin duda llamativa en Gijón, y su tienda, de nombre Sapolin, al final de la calle del Instituto frente al lateral de la Iglesiona, estuvo abierta durante más de medio siglo".
Algunos recordamos que en el escaparate del establecimiento que regentaba, como también recuerda Piñera, había extrañas muñecas sin cabeza, ojos de cristal, botes de betún, prendas de cuero y espectrales maniquíes semidesnudos. Olía a cuero y a tintes varios dentro y fuera del comercio. Siendo niño, la figura de Sapolín, como se le llamaba en Gijón, me inspiraba una cierta inquietud, mezcla de prevención y respeto. "Pequeño de estatura, encorvado, nariz aquilina -escribe Piñera-, tocado con una especie de boina que portaba en su tienda, siempre ataviado con una especie de largo mandilón de color indescriptible, haciendo composturas y despachando tintes, lacas, esmaltes, betunes y similares". Alguna vez lo vi asistiendo a misa en la iglesia de los carmelitas del Paseo de Begoña, pues a pesar de su aspecto de judío Habib Salman -con perilla y sombrero- provenía de una familia católica jordana. Llegó a Gijón desde Tánger, en donde se especializó en tintorería y pinturas, y también conoció a la gijonesa Socorro Calvo Arciniega, cuyo hermano representaba las afamadas pinturas norteamericanas Sapolin que le darían al tintorero nombre popular en la villa asturiana.
La peculiar figura de Habib Salman me ha llevado a recordar a otro personaje foráneo de aquel Gijón del pasado siglo, autor de una de las fotografías más impresionantes de los bombardeos que sufrió la ciudad el 16 de agosto de 1936. Fueron obra de la aviación sublevada, con la colaboración de la Legión Cóndor del régimen nazi, y se perpetraron contra la población civil meses antes de la gran masacre de Guernica. La instantánea -como ya escribí en otro artículo hace años- la hizo un cirujano-dentista turco llamado Armenak Cheriguian Nigogoos desde una de las ventanas de su clínica, situada en un edificio histórico que sigue en pie en la esquina de la calle La Merced con la calle Jovellanos, muy cerca de donde Sapolín tenía su establecimiento.
En la foto se puede ver a varias personas caídas en el asfalto, entre regueros de sangre, al lado de varios vehículos estacionados junto al cuartel de la Guardia de Asalto, ubicado en lo que luego fue Instituto Jovellanos. Como documento gráfico de inestimable valor, por haber sido captada al poco de ocurrir el ataque aéreo, la instantánea tiene la signatura C-116-8 y forma parte de la colección de Gonzalo del Campo que se encuentra en el Muséu del Pueblu d'Asturies, sin que su autor sea Constantino Suárez -como se llegó a decir-, acaso porque sí recogió con su cámara bastantes fotografías de los bombardeos, aunque los negativos de las más cruentas publicadas en los periódicos no constan en el valioso fondo documental que custodia el citado museo.
No deja de ser curioso que en una pequeña ciudad de provincias y a tan corta distancia el uno del otro tuvieran su respectivo lugar de trabajo en épocas próximas el jordano, que no armenio, Habib Salman Sawalha, con el que negoció José Luis Álvarez el alquiler de la librería Paradiso, y el turco nacido en 1877 en la entonces Constantinopla Armenak Cheriguian Nigogoos, que fallecería en la ciudad asturiana en 1961.
Sobre este último también escribió mi estimado Luis Miguel Piñera un artículo que hace referencia tanto a la personalidad y cualificada profesionalidad del dentista -según los periódicos de la época, tanto en Madrid como en Gijón- como a la fotografía del bombardeo de aquel infausto día de verano, en el que perdieron la vida más de medio centenares de civiles y otro medio centenar resultaron heridos. Le agradezco a Luismi la amabilidad de mandarme el artículo con una fotografía de la consulta del dentista, en la que aparece el propio Armenak, y otra de la que hizo éste desde su clínica con la inmediatez que refleja la crudeza de la imagen.
En el texto se puede leer que después de realizar la singular instantánea, una de las pocas que se conservan de aquellos bombardeos en la que aparecen las víctimas casi al pie de una de las ventanas que decenios después sería una de mis aulas durante el bachillerato, nada se volvió a saber de quien, además de cirujano-dentista era un excelente fotógrafo y había formado parte en 1919 del comité para la construcción de la Casa del Pueblo de Gijón, ciudad a la que había llegado procedente de Orense, en donde se había casado con María Vales Díaz, fallecida en 1985 en una residencia gijoneas casi a los cien años de edad. Extraña ese silencio público sobre Armenak Cheriguian, cuando debió de ser una persona popular y un profesional muy cualificado en los años anteriores a la guerra*.
¿Fue aquella histórica fotografía la que hizo que se esfumase de la vida local durante la posguerra, sin que haya de su nombre mención alguna hasta el día 10 de enero de 1961 en que los dos diarios locales (El Comercio y Voluntad) informaron de su defunción y de la misa funeral a celebrar en la iglesia de San José, adonde yo acudía a misa los domingos para verle las trenza rubias y los ojos azules a una feligresa adolescente que una vez puso fraternamente agua bendita en mis dedos para la obligada persignación?
*Piñera me ha facilitado al respecto este texto publicado en el diario La Época de Madrid, el 6 de septiembre de 1919, pocos años después de que el dentista turco se estableciera en Gijón: "Hemos tenido el gusto de visitar la clínica del señor Cheriguian que es una figura distinguida en el mundo científico asturiano; una verdadera notoriedad en la rama que cultiva con todos los avances científicos. Por sus interesantes trabajos científicos obtuvo medallas de oro en los congresos de Marsella de 1901. Es miembro de la sociedad francesa equivalente a nuestra beneficencia y odontólogo de la Cruz Roja gijonesa. De su clínica llama la atención la sala de operaciones y el taller de prótesis en los que se observa una asepsia extraordinaria. Teniendo en cuenta la importancia que tiene la dentición de los niños le rogamos su valiosa opinión, y a ello contestó poniendo en nuestras manos una cartilla en la que el eminente hombre de ciencia da consejos prácticos para higiene de la boca y conservación de los dientes de los niños a los que el señor Cheriguian muestra gran cariño. Digno de atención es su magnífico gabinete portátil del que dispone el señor Cheriguian, cuya clínica, ocioso es decir, es la preferida de la buena sociedad gijonesa.
DdA, XXII/6266


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2 comentarios:
Hermosos recuerdos sobre la belleza de la multiculturalidad en una pequeña ciudad de provincias en tiempos de más calma... Por cierto, es posible que un jordano fuese (y sea hoy) armenio (especialmente siendo cristiano, como parece): más de tres mil armenios viven ahora mismo en Jordania, constituyendo la comunidad mayor de cristianos (no árabes) del país (y esto viene de lejos). El caso (y la pena) es que la Librería Paradiso (que aportó a mi biblioteca personal no menos de tres mil libros -dos tercios de los mismos procedentes de su mítica sección de reventa de libros usados y de ocación-, que fue un lugar de peregrinaje y charla en buena compañía con José Luís -a cuyas hijas di clase de Ética en el IES "Emilio Alarcos" cuando se llamaba simplemente Nº 7- y con Chema, que sigue siendo un templo de la nostalgia para los "culturetas del culo mojáu" como yo) me temo que no tardando mucho pasará a ser tema para la memoria del entrañable Luismi (que me temo no tendrá ya sucesores con voluntad y capacidad para cantarla como se merece). El medio siglo que la contempla es mi/nuestra vida.
Bonito testimonio.
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