jueves, 23 de abril de 2026

LA BIBLIOTECA DEL ATENEO OBRERO DE GIJÓN



Lazarillo

Algunos tuvimos oportunidad, muchos años después, de consultar en nuestra adolescencia algunos de los libros de esta biblioteca en los que se mantenía el sello del Ateneo Obrero. Les puedo asegurar que aquello en plena dictadura daba un significado especial al ejemplar del libro que teníamos en nuestras manos. La palabra obrero prestaba a las páginas del libro toda la dignidad que pretendió quitarle aquel régimen, empeñado en utilizarla las menos veces posibles. Les sonaba mejor operario. Nada tan estimulante y efectivo para la cultura en la atribulada historia de este país como darle al sustantivo ateneo ese calificativo. Pena que cuanto contenía en su expectativa transformadora  fuera destruido por una guerra. Estanterías repletas de libros de la Biblioteca Popular Circulante del Ateneo Obrero de Gijón, fundada el 20 de julio de 1904 por un grupo de socios y que funcionaba paralelamente, aunque separada del Ateneo: cuota especial, Junta Directiva propia, autonomía de funcionamiento, etc. La propuesta tuvo mucho éxito pues se basaba en el modelo anglosajón del préstamo de libros para la lectura individual y doméstica, y permitió atraer a nuevos públicos (mujeres y niños) con resultados espectaculares: en 1930 tenía 1.870 socios, casi 10.000 volúmenes y 56.584 préstamos anuales. Además había una Biblioteca Fija "Magnus Blikstad" que acumulaba 3.000 volúmenes en sus anaqueles - Colección: Constantino Suárez - Muséu del Pueblu d'Asturies.

DdA, XXII/6323

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