viernes, 7 de agosto de 2026

EL 15 DE AGOSTO DE 1935 EN GIJON, LUEGO DE UNA REVOLUCIÓN Y ANTES DE UNA GUERRA

DIA DE BEGOÑA EN EL MURO 
 

Puede ser una imagen en blanco y negro de multitud y texto



Félix Población

Del día de la fiesta local en aquella villa cantábrica, la Virgen de Begoña, conozco estas dos fotografías de Constantino Suárez, el fotógrafo a quien Gijón debe una parte de su historia gráfica durante el pasado siglo, al menos hasta que la dictadura lo represalió por su pasado republicano, se le internó en la cárcel de El Coto y se le retiró la autorización para el desempeño de la profesión. Siempre pensé que si Suárez hubiese podido fotografiar el Gijón de la inmediata posguerra, igual su ciudadanía tendría mayor consciencia y conciencia de lo que la dictadura representó. Las autoridades de aquel régimen tomaron las medidas propias del mismo para que así no fuera y sólo bastantes años después del fallecimiento de Suárez en 1983, su gran legado pasó a ser, casi de milagro y gracias a perspicacia de un anticuario, parte importante del depósito fotográfico del Muséu del Pueblu d'Asturies.

Las dos instantáneas que vemos datan del 15 de agosto de 1935, once meses antes del golpe de Estado fascista contra el gobierno del Frente Popular, cuyo fracaso dio origen a una guerra de casi tres años, de los que quince meses discurrieron en Gijón, hasta la ocupación de la ciudad por lo sublevados a finales de octubre de 1937, dando lugar a la primera diáspora republicana. 

Pareciera que Constantino Suárez pretendió dejar constancia -tal como se advierte las dos fotografías- no sólo del abigarramiento de paseantes en El Muro de la playa de San Lorenzo, sino también de la identidad y expresión de los semblantes, con hombres, mujeres y algunos menores con vestuario de estreno, como correspondía por entonces y aún pasa al mayor día festivo de aquella villa. 

Aunque quienes aparecen en la instantánea no tengan vínculos familiares con los gijoneses de ahora más arraigados generacionalmente, hay acaso en el objetivo de Suárez una intención futurible de dejar plasmados con su cámara los rostros de los paseantes para que en el porvenir, tal como hago yo ahora, el pasado de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, la sociedad en la que vivieron y el porvenir que les esperaba nos sean más familiares que sin esta intencionada referencia gráfica que personaliza en cierto modo la historia.

A juzgar por lo que vemos en la actitud y ánimo sosegado y jovial de los concurrentes, no cabría imaginar en aquel año que el país estaba a unos cuantos meses de vivir la mayor tragedia de su historia contemporánea, aun habiendo asistido unos cuantos meses (octubre de 1934) atrás a la última revolución obrera de Europa, consecuencia de una huelga general con tal carácter, saldada con 2000 muertos, según el historiador Hugh Thomas, entre quienes la protagonizaron y las fuerzas de orden que la reprimieron con extrema dureza. 

En este sentido, las dos instantáneas del gran fotógrafo gijonés podrían darnos a entender que las sociedades civiles se recomponen por un lado con bastante diligencia tanto de un pasado sangriento reciente, como, por otro, parecen bastante ajenas -de paseo el día de fiesta mayor- a la posibilidad de un porvenir próximo aún peor y que duraría decenios, con fusilamientos, cárceles, exilio y destierros*. Nuestra gratitud por ello, una vez más, a Constantino Suárez y a la perspicacia de su criterio para ver y revelar la historia de su villa.

*No es esta una advertencia baladí para cualquier tiempo histórico, incluido el que estamos viviendo, claro.

DdA, XXII/6429

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