Iker González Izaguirre publica en diario libre de Aragón AraInfo este artículo, coincidiendo con el nonagésimo aniversario del asesinato de Ramón Acín por las tropas sublevadas en 1936. El maestro, periodista, artista y pedagogo libertario oscense fue fusilado el 6 de agosto de 1936. Días después asesinaron también a su esposa Concha Monrás. Nueve décadas más tarde, la reparación judicial, los reconocimientos institucionales y las iniciativas memorialistas mantienen vivo el legado de ambos frente al intento del franquismo de borrarlos de la historia. Muy tarde para un régimen que se dice democrático y reparador de los crímenes del franquismo.

El 6 de agosto de 1936, falangistas y militares sublevados contra la Segunda República fusilaron a Ramón Acín en las tapias del cementerio de Uesca. Tenía 47 años. Maestro, periodista, artista, pedagogo, anarquista y uno de los intelectuales aragoneses más brillantes de su tiempo, llevaba consigo unos lápices de colores en el bolsillo cuando fue asesinado.
Durante los primeros días posteriores al golpe militar, Ramón Acín permaneció oculto mientras falangistas y policías registraban repetidamente el domicilio familiar en la calle Las Cortes en busca de su paradero. En esos registros, Concha Monrás sufrió amenazas y agresiones constantes delante de sus hijas, Katia y Sol. No pudiendo soportar aquella violencia contra su compañera, Acín decidió entregarse el 6 de agosto. Concha se enfrentó entonces a los fascistas que se lo llevaban detenido y también quedó arrestada.
Ramón Acín fue asesinado ese mismo día. Concha Monrás permaneció encarcelada hasta que, el 23 de agosto de 1936, fue fusilada junto a otras 94 personas en las tapias del cementerio de Uesca. Con ambos asesinatos, la violencia franquista destruyó una familia profundamente comprometida con la cultura, la educación y la justicia social.
Un crimen que el franquismo quiso prolongar
La represión no terminó con los asesinatos. Como ocurrió con miles de personas represaliadas, el franquismo continuó persiguiendo a Ramón Acín y Concha Monrás después de muertos.
El 20 de julio de 1938, casi dos años después de que Ramón Acín fuera fusilado, una sentencia le impuso una sanción económica póstuma de 20.000 pesetas. Aquella multa formaba parte de los mecanismos de persecución material del franquismo y recaía sobre el patrimonio familiar, castigando también a quienes habían sobrevivido. Concha Monrás ya había sido asesinada meses antes y sus hijas, Katia y Sol, quedaron huérfanas mientras la dictadura continuaba persiguiendo judicial y económicamente a la familia.
Aquella maquinaria represiva convirtió el asesinato en una segunda condena, dirigida también contra sus familiares y contra todo aquello que representaban.
En abril de este año, los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción números 4 y 5 de Uesca dictaron sendos autos que declaran la nulidad de pleno derecho de todas las actuaciones administrativas y judiciales impulsadas por el franquismo contra Ramón Acín Aquilué, Concha Monrás y el juez Juan Llidó, asesinados tras el golpe de Estado de 1936.
Las resoluciones, dictadas al amparo de la Ley de Memoria Democrática, suponen una reparación moral y jurídica para las víctimas y sus familias. Además, Ramón Acín, Concha Monrás y Juan Llidó han quedado inscritos en el Registro y Censo Estatal de Víctimas de la Guerra y de la Dictadura, así como en el inventario oficial de incautaciones de bienes y sanciones económicas impuestas por el franquismo.
A esa reparación jurídica podría sumarse próximamente un reconocimiento institucional largamente esperado. El pasado 28 de mayo, el Ayuntamiento de Uesca anunció su intención de nombrar a Ramón Acín hijo predilecto de la ciudad y a Concha Monrás hija adoptiva, una distinción con la que pretende reconocer la dimensión humana, artística y democrática de ambos.
El reconocimiento, pendiente todavía de concretar su fecha y culminar la tramitación municipal, llegaría noventa años después de que fueran asesinados por los golpistas.
La memoria se construye desde abajo

Pero la recuperación de su legado no ha dependido únicamente de las instituciones. Durante los últimos años se han multiplicado las iniciativas impulsadas por asociaciones memorialistas, entidades culturales y movimientos sociales para mantener viva la figura de Ramón Acín y de Concha Monrás.
Cada 6 de agosto vuelven a aparecer las tradicionales pajaritas como símbolo de recuerdo al artista oscense. En los últimos años, el Ateneo Paco Ponzán ha promovido distintos homenajes para reivindicar su legado libertario y recordar que el fascismo no logró borrar su memoria.
Más recientemente, el Centro Social Autogestionado Boira Preta inauguró la Biblioteca Conchita Monrás, un espacio de pensamiento crítico creado para reivindicar la memoria de quien definen como “una figura fundamental de la historia oscense cuya memoria ha permanecido durante décadas en un segundo plano”. Con esta iniciativa, el nombre de Monrás sigue recuperando el lugar que le corresponde dentro de la memoria democrática aragonesa.
Todas estas iniciativas se suman a un movimiento memorialista que, año tras año, ha reivindicado la figura de Ramón Acín no solo como una víctima del fascismo, sino también como uno de los grandes referentes culturales, educativos y libertarios de Aragón.
Y es que Ramón Acín fue mucho más que una víctima del fascismo. Maestro innovador, periodista comprometido, artista de vanguardia, pedagogo libertario y mecenas de Luis Buñuel, defendió durante toda su vida que una sociedad sería más libre con más cultura y con unas condiciones de vida dignas para la clase trabajadora. Junto a él, Concha Monrás compartió ese compromiso con los ideales republicanos y libertarios, pagando con su vida la violencia desencadenada por los golpistas contra quienes defendían una sociedad más justa.
Su legado continúa creciendo. Los tribunales comienzan a desmontar la represión jurídica del franquismo; las instituciones avanzan, aunque lentamente, hacia el reconocimiento que nunca debió demorarse; y la sociedad civil sigue manteniendo vivos los nombres de Ramón Acín y Concha Monrás. Quienes intentaron borrarlos de la historia fracasaron. La memoria de Ramón Acín y Concha Monrás continúa conquistando nuevos espacios en Aragón: en los tribunales, en las instituciones y también en la sociedad. Frente al olvido que el franquismo quiso imponer, su legado permanece vivo.
ARAINFO DdA, XXII/6428
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