Hace bien el firmante en tener una gran preocupación por el contenido de las homilías semanales del prelado Argüello, dado el sesgo ideológico que transmite en sus manifestaciones públicas, que coinciden plenamente con el ideario de la derecha común y de la extrema. La más rancia y cruel institución de la historia trabaja por conseguir votos de los pobres para los ricos, desde los púlpitos, todos los domingos, contribuyendo a la célebre frase de “el que pueda hacer, que haga”. Ahora el ejemplo del presidente de la Conferencia Episcopal les ha dado vía libre para "extremar" sus prédicas.
Manuel Iglesias
Señor Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal de la iglesia católica, apostólica y romana de España, me permito recordarle un par de cosas o tres o cuatro:
Gracias a los acuerdos con la Santa Sede, al inicio de la transición, que supusieron la renovación del Concordato firmado en pleno franquismo, la Iglesia católica sigue gozando de unos privilegios, ventajas y prerrogativas en todos los órdenes de la vida de este laico país. Una situación, a todas luces, incompatible con un estado moderno. Este hecho requeriría un poquito de prudencia y humildad por su parte.
La organización Europa Laica estima que la Iglesia católica recibe cerca de 12.000 millones de euros anuales de financiación pública, dinero que, evidentemente, el Estado detrae de otros fines. Ingresos de dinero público sin control ni transparencia, que, incluso, han levantado sospechas en la Unión Europea.
Una de las mayores partidas que reciben es en el campo de la Educación, donde el poder de la jerarquía eclesiástica se hace más evidente, ganando terreno a la cada vez más maltratada enseñanza pública. El Gobierno de coalición no cuestiona ya los centros concertados, desde donde divulgan sus dogmas e ideología con fondos públicos (5.400 millones, según Europa Laica). En este ámbito se da una situación curiosa, y como poco irregular, como es que el Estado paga al profesorado de la asignatura de Religión Católica, de oferta obligatoria, también en los centros públicos, pero es la jerarquía episcopal quien lo elige. En el resto de áreas, es una oposición la que determina la idoneidad del docente.
Además de los “cepillos”, evidentemente libres de impuestos, que se recogen en cada una de las misas que diariamente se celebran en España y otras exenciones fiscales (IBI, IVA…), la Iglesia católica recibe, según la fuente citada, alrededor de 2.900 millones de euros, para desarrollar fines sociales y asistenciales. Podrán faltar médicos en los hospitales, pero no un cura.
Desde el fin de la Guerra Civil - considerada por la Iglesia Católica como Cruzada Anticomunista- han registrado a su nombre –inmatriculado- más de 100.000 propiedades de todo tipo. Diferentes partidos y organizaciones tratan de exigir la nulidad de estas operaciones al considerar que son bienes que corresponden al Dominio Público. Algo que, salvo raras excepciones, es más difícil que cantar ópera.
Por otra parte, el mantenimiento del patrimonio artístico (iglesias, catedrales, monasterios, etc.) también corre a cargo del Estado (600 millones), aunque es la Iglesia la que hace “caja “con la visita, a un precio que muchos aficionados no pueden pagar, conformándose con contemplar el monumento por fuera. No descarto que la Iglesia esté estudiando como cobrar la visita exterior de esos edificios. Si no, al tiempo.
En otro orden de cosas, también conviene recordar, que la Conferencia Episcopal española es propietaria, entre otras empresas y medios digitales, de la cadena COPE o de 13 TV, desde donde difunde su ideario sectario, influyendo en la opinión pública con ideas claramente derechistas y ultras, muy alejadas de los preceptos cristianos. Hasta el Papa anda preocupao.
En el ámbito judicial es destacable la opacidad de la Iglesia española con los miles de casos de pederastia, de los que la inmensa mayoría o han prescrito o cuando se ha descubierto a alguna oveja descarriada, se la ha cambiado de parroquia y aquí paz y después gloria. No creo que la frase “dejad que los niños se acerquen a mí”, atribuida a vuestro señor Jesucristo, sea de la que se han hecho eco los miles de curas y frailes, sospechosos de infames agresiones a menores. Los abusos y violaciones cometidos por su tropa sobre niñas y niños, a lo largo de los años, NO SON PECADOS, SON DELITOS, por los que deben de pagar sus miembros ante la Justicia. (Esto último es un vano deseo ya que si el clero anda como está, la justicia no pondrá carne en el asador ya que son, mayoritariamente de los suyos).
Por último, tengo una gran preocupación por el contenido de sus homilías semanales, dado el sesgo ideológico que transmiten en sus manifestaciones públicas, que coinciden plenamente con el ideario de la derecha común y de la ultra. La más rancia y cruel institución de la historia trabaja por conseguir votos de los pobres para los ricos, desde los púlpitos, todos los domingos, contribuyendo a la célebre frase de “el que pueda hacer, que haga”.
P.D.: El Nazional-catolicismo sigue entre nosotros, 90 años después de la gloriosa cruzada anti-comunista.
“Dios nos ampare”.
Manolo iglesias de Valladolid, de toda la vida.
DdA, XXII/6406

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