Por si lo ignora, debería reparar el gobierno francés, algunos de cuyos ministros reclaman estudiar posible acciones legales ante las palabras racistas de Rajoy en una de sus supuestas crónicas deportivas sobre el Mundial de Fútbol acerca de una selección francesa sin franceses, que este de la foto es quien así se ha expresado y llegó a presidente del Gobierno de este país. Yo, que Esteban Erles, también hubiese incluido "aquellos Aznares o aquellos Fragas", que fue donde empezó todo.
Patricia Esteban Erles
Rajoy nunca me hizo ni puta gracia. Me repugnaba profundamente su sociopatía y la de quienes lo secundaron en la etapa de su aciago gobierno, que aún recuerdo espeluznada. Que nadie olvide lo de la paga sustraída a funcionarios, ni el tirón institucional al subsidio del paro, que se jodan, porque fue robo a mano armada de derechos legítimos, ni mucho menos los recortes en ayuda a la dependencia y el encogimiento de hombros olímpico con el que esta tropa trató los desahucios masivos y los muchos suicidios derivados de la desesperación de tantos ciudadanos. Que nadie deje de reflexionar sobre si aquel rescate bancario y ese tratar a la población como a débiles mentales a quienes se despojaba de lo fundamental mientras se les culpabilizaba de haber respirado por encima de sus posibilidades no fue la primera piedra de una edificación pepera inmune a la humanidad que ha albergado el infame tratamiento a los ancianos en residencias de Madrid o a las víctimas de la Dana valenciana.
Rajoy y su panda dieron muchas clases gratis a sus discípulos, siempre gente torpe y malvada, grosera, clasista, escasamente preparada, negada para el diálogo, alérgica a la brillantez, la decencia y la autocrítica. De aquellos rajoys, estos ayusos, mazones, feijóoes. Ellos les abrieron camino y normalizaron el trato vejatorio a los frágiles, porque el liberalismo no puede explotarlos y dejan de ser interesantes como clientes o simple mano de obra.
No, nunca me hizo gracia y solo le aplaudí la maravillosa tarde en que realizó una desaparición estelar, metamorfoseándose, por pura cobardía, en bolso de Loewe. No me divierte verlo andar como si tuviera caca y no fuera a llegar a tiempo al excusado, ni oírlo hablar como si mascara una sopa de ajos densa a cada palabra. Me indignaban sus anacolutos, los sinsentidos que soltaba por esa boca sin respeto alguno al cargo que ostentaba y el subsiguiente sueldo que percibía.
Que ahora se permita una perla como la del comentario a los futbolistas franceses, cuando en la rojísima selección se le debe tanto a un muchacho de origen guineano y marroquí, deja bien claro su credo ideológico: el español compra patadas goleadoras africanas pero sigue presumiendo de que su orina comparte el ADN de la de Alfonso X.
Qué bochorno de tipo, qué contrafacto de líder político, qué consuelo ver y escuchar a Perro Sánchez y cuánto le agradezco el Bolsogate.
DdA, XXII/6405

No hay comentarios:
Publicar un comentario