martes, 16 de junio de 2026

LEOPOLDO ALAS "CLARÍN", CRONISTA Y MEDIADOR EN "LA HUELGA DE LA PESETA"

 


Félix Población

Agradezco a mi estimado Luis Miguel Piñera la publicación de este artículo en el diario La Nueva España, cuando se cumplen 125 años de la muerte del protagonista, en el que se nos informa de que lo último que escribió con toda probabilidad Leopoldo Alas "Clarín", autor de La Regenta y de un relato que para algunos de los que formamos parte de mi generación fue decisivo para acercarnos en la infancia a la literatura (Adiós Cordera), fueron cinco crónicas periodísticas publicadas en el mes de febrero de 1901 sobre la primera gran huelga que tuvo lugar en la villa de Gijón y que popularmente fue conocida por La huelga de la peseta. 

Se trata de los últimos textos impresos firmados por Clarín en el citado periódico, cuya labor como crítico literario conocíamos, pero no como cronista de lo que hoy en día sería la sección de Laboral de un diario. Sólo cinco meses más tarde falleció el escritor al que "nacieron" en Zamora en 1852, al ser su padre Genaro García-Alas gobernador ese año de aquella provincia. La esquela se publicó en el diario ovetense El Carbayón, haciendo constar su profesión de catedrático de Derecho de la Universidad de Oviedo, así como los nombres de su esposa Onofre García Argüelles y sus hijos e hija: Leopoldo, Adolfo y Elisa. 

En el artículo de Piñera se habla de la relación que tuvo Clarín con Gijón, en donde asistió a la inauguración del Ateneo Casino Obrero en 1881. También, del día en que Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas, buenos amigos, pasaron la jornada paseando por la villa asturiana un 15 de junio de 1894. Fue con ocasión del estreno de dos obras del escritor canario en el Teatro Jovellanos, La de San Quintín y La loca de la casa

Lo más interesante del artículo escritor por Luis Miguel son esas cinco crónicas que Clarín publicó en el diario El Imparcial sobre La huelga de la peseta, de la que no sólo fue cronista contando sus peculiaridades en la primera página del citado periódico, sino también mediador entre los obreros y la patronal, labor elogiada en el diario El Socialista por Manuel Vigil Montoto, dirigente asturiano del PSOE y director de La Aurora Social. 

"Los obreros del Muelle [puerto interior gijonés] -cuenta Piñera-, nucleados en torno a la sociedad "La Cantábrica", iniciaron una huelga en febrero de 1901 que terminó con cierre patronal y con la paralización de toda la ciudad. No hubo periódicos en Gijón durante todo el mes de febrero (volvieron a estar en la calle el día 1 de marzo) y el día 9 de marzo se levantó el estado de guerra que se había decretado semanas antes. Los trabajadores gijoneses -seguimos leyendo en La Nueva España- pedían una jornada de ocho horas (antes hacían diez horas y media); un aumento de salario hasta llegar a una peseta al día (de ahí el nombre popular que se le dio a la huelga) y una prestación en caso de accidente de trabajo. No atendidas las peticiones y convocada la huelga general en la ciudad, Óscar Olavarría, que era el dirigente de la patronal, reclutó a varios cientos de obreros castellanos para suplir a los gijoneses y, en varias tandas, se incorporaron a los trabajos durante el mes de febrero. Digamos que en no pocos casos esos obreros leoneses terminaron por sumarse al paro y que su llegada a la ciudad era contestada multitudinariamente".

Por si alguien tiene interés en esos últimos escritos de Clarín publicados en El Imparcial, aquí va el primero como muestra, gracias a la amabilidad que ha tenido en procurármelo el cronista oficial de Gijón. Los siguientes se publicaron los días 10,14,16 y 20 de febrero en la primera página y se pueden consultar digitalmente en la Hemeroteca Nacional:


El Imparcial, Madrid, 9 de febrero de 1901

LA CUESTIÓN OBRERA EN GIJÓN

Me encarga El Imparcial que hable a sus lectores, en artículos breves, del conflicto económico de Gijón. Mucho me honra la confianza que en mí se pone; pero es tan difícil el empeño, que casi me pesa de haberlo aceptado. Seguro estoy de mi conciencia, pero no de los medios con que puedo contar para el acierto. Que empiece enseguida el trabajo se me pide; mas como necesito informes seguros, inmediatos, precisos, que sólo puedo adquirir hablando directamente con los que dirigen la acción de la lucha, iré a Gijón y procuraré ver las cosas de cerca, y juzgar por algo mejor que apariencias y rumores. Verdad que los rumores y las apariencias también pueden tener su importancia, en cuestiones como ésta, en que se trata de intereses que tienen un aspecto de vida pública por referirse a la suerte de grandes masas. La opinión, así del público neutral, como de los mismos obreros y patronos que no intervengan en la dirección de los sucesos, como la de las mismas autoridades, puede influir no poco en las vicisitudes de tales conflictos; y esa opinión puede estar fundada en noticias vagas, inexactas.

Así, por ejemplo, la medida de gobierno, que ya es un hecho, de declarar en estado de guerra (para que haya paz) toda la provincia de Oviedo, obedece, pues buena intención hay que suponerla, a malos informes. Si se hubiera ido a beber en las fuentes a que yo he acudido, ya para este primer artículo, se hubiera adquirido la convicción que yo tengo de que podrá haber chispazos parciales de desorden, pero sin que se deba temer el contagio, que sería el que pudiera justificar esos alardes preventivos, y algo provocativos, de fuerza.

Si público “burgués” y gobernantes estuvieran un poco más enterados de cómo está organizada en España parte de la llamada “clase” obrera, para procurar ir mejorando sus condiciones en su relación con el capital, hubieran podido notar estos días, en la marcha que llevan los sucesos de Gijón, en lo que dependen de los obreros (escuela de “sociología práctica” muy digna de atención), que de las dos grandes tendencias que se disputan el predominio en la dirección de la conducta solidaria de los obreros organizados, ha vencido aquí hasta ahora, y todo indica que seguirá venciendo, el criterio de los prudentes, de los cautos, de los que “se apresuran despacio”. Sus fines no son más anodinos que los de los otros, pero son más pacíficos sus medios “actuales”, y menos favorables a la propagación de los conflictos, y sobre todo, de los desórdenes. Como estos artículos han de ser muy cortos, pero han de ser varios, y no puede decirse todo a la vez, prefiero hoy insistir en este aspecto de la cuestión, que es el que perentoriamente interesa al público en general.

¿Debe temerse que la crisis de Gijón se propague a otros grandes centros obreros, por lo menos a los de la provincia? Creo que no. No hay que confundir la asistencia que a los huelguistas pueden prestar los obreros organizados de otras partes, no sólo de Asturias, sino de toda España, con el contagio de la huelga y menos con una actitud levantisca. Los que hablaron, por ejemplo, del viaje de dos mil obreros de Langreo a Gijón, no debían de estar bien informados.

La organización de “clase” de los obreros de España se divide hoy en las dos grandes tendencias indicadas, que “a grosso modo” podemos denominar socialista y anarquista; pero entendiéndose que ni estas dos tendencias dejan de prestarse auxilio y ofrecer cierta solidaridad cuando se trata de intereses comunes de “clase”, ni de tales asociaciones, en la relación meramente “económica, obrera”, están excluidos los trabajadores neutros en punto a ideal de “partido”. La tendencia que en general puede llamarse socialista, tiene una especie de órgano supremo en la “Unión General de Trabajadores”, cuyo comité está en Madrid; institución organizada en forma que podemos llamar federal. “Federación regional de resistencia” creo que se llama otro gran centro, que, como indica su nombre, tiene, entre otros casos, el fin de organizar la resistencia cuando hay que poner en práctica la solidaridad económica, amparando a los obreros sin trabajo por causas que importan a la acción común, como verbi gracia, las huelgas; es decir, ciertas huelgas. Creo que en este organismo predomina, por lo menos, el elemento anarquista. Por supuesto, que aunque su nombre lo indique, también la “Unión General de Trabajadores” tiene entre sus fines el de la resistencia. Parece ser que hay otras asociaciones de obreros, de cierta importancia, desligadas de las dos anteriores, ni de tendencia socialista ni anarquista, a lo menos dentro de partidos oficiales; y creo que es en Andalucía donde radican, teniendo principalmente por objeto intereses del trabajo agrícola. Se me dice que a pesar de las diferentes tendencias, las dos grandes agrupaciones arriba mencionadas prestan su apoyo material a los obreros que lo necesitan, siendo de los organizados, sin distinguir de partido. Más reacias parece que se muestran en este punto esas otras asociaciones que podemos llamar independientes.

En la huelga general de Gijón han empezado a llegar ya auxilios, para la resistencia, de muchos núcleos de España; pero, según mis informes, hasta ahora casi todas las cantidades recibidas provienen de las sociedades que constituyen la “Unión General de Trabajadores”. La “Federación Regional”, por ahora, ha mandado poco, dicen. También se han recibido socorros, pues así pueden llamarse, de entidades obreras ajenas a todos los organismos citados. Naturalmente, los obreros asociados del resto de Asturias también contribuyen a la resistencia; pero hay que notar que el criterio de la tendencia socialista, la predominante, con mucho, entre los organizados y de partido, es que “no deben vaciarse las cajas”, sino ayudar a los de Gijón, con prudencia, pensando en posibles contingencias futuras. Además, y esto es muy importante, repugna esta tendencia -la mejor dirigida, la más disciplinada, creo- un paro más general, que invada a la provincia. Esta conducta es sistemática. Se funda en dos principales razones, una de oportunidad, de “táctica”; otra de “crédito social”, a que atienden mucho estos disciplinados socialistas. Si se extiende el paro, menos dinero hay para ayudar a los de la huelga actual, menos podrían éstos defenderse; pues no se les podrá mandar recursos y habrá que distraer para los nuevos huelguistas algo de lo que hoy va a los de Gijón. Estas huelgas de contagio, inmotivadas, desacreditan, y a la que hay que atender es a la originaria, a la que “simboliza” ahora la lucha con el patrono. No hay que dividir la atención ni la fuerza.

La otra razón para rechazar el paro por “contagio” (para asustar al “burgués” o para irritar al obrero hambriento y provocar la lucha) es que a la “clase” le conviene que sepa el mundo que ella no provoca conflictos “por qué sí”; si viene el paro, que venga por culpa de los patronos. Pues bueno, este criterio templado, que aleja los temores de desorden y de extensión del conflicto, fue el que los elementos de la tendencia pacífica y prudente hicieron triunfar en Gijón cuando, reunidas las diferentes “juntas” de las asociaciones obreras, prevaleció la idea de no provocar el paro general. Hubo quien lo propuso, quien quería intimidar al patrono y al pueblo neutro, llevando a la masa obrera a una situación desesperada, que la arrojara a la violencia. Pero predominó el sentido de orden. Y el paro general, o poco menos, vino, pero por acción de los patronos. Podrían éstos acaso justificarlo (de eso hablaré otro día), pero vino porque ellos quisieron, no por huelga general.

¿No lo ve el gobierno? En Asturias predomina una acción obrera orgánica, seria, disciplinada, que tal vez obra con “las de Caín” para ciertos intereses, pero que aborrece el desorden, la propagación injustificada de los conflictos. Estos obreros, siguiendo tal camino, podrán dar mucho que pensar a los patronos, como capitalistas, pero no es probable que susciten cuestiones de orden público. Claro que precauciones de policía, nadie las hubiera censurado, ni los mismos obreros “cautos”, los de “las manos en los bolsillos”, como diría Iglesias, pues no se puede responder de incidentes aislados, esporádicos, desagradables; pero de eso a declarar la provincia entera en estado de guerra, hay mucha distancia. Malo fuera que el gobierno, con tal aparato militar, provocara aquí un nuevo ejemplar del “Gran Galeoto”, de Echegaray. ¿Para qué sirve, por ahora, el estado de guerra? Para evitar, o dificultar a lo menos, que se junten los núcleos directivos de patronos y de obreros, que, de llegar a una inteligencia, son los que tienen que deliberar y convenirse. Para concluir por hoy, y con objeto de que se vea que ese criterio pacífico y disciplinado que hasta ahora reina entre los obreros ofrece garantías de fuerza para seguir predominando, presentaré algunos datos de la organización obrera en Asturias.

Hay centros meramente “económicos” en que entran obreros con partido y sin partido, y hay centros que llaman “políticos”, es decir, que son socialistas. También hay centros mixtos, económicos y políticos. En Gijón, Oviedo y Avilés hay asociaciones económicas y políticas (socialistas). En Felguera,  tres, económicas. En Langreo mixtas (con 2.000 asociados). En Mieres igual, con 4.000. Lo mismo que en Oviedo, aunque no faltan anarquistas, predominan socialistas, cuya regla de conducta queda explicada en Mieres, Langreo y Avilés. En mi próximo artículo empezaré tratando de la historia de la huelga actual; y anticipo que, según informes, no tuvo origen en la concesión de las ocho horas hecha por el Ayuntamiento a sus operarios, cuando el viaje de la reina. De otras “ocho horas” se trata. CLARÍN

DdA, XXII/6380

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